lunes, abril 14
Creador
domingo, abril 6
Leche y pan
jueves, febrero 28
Cuando seamos reyes
Animado por la frustración del Barcelona en el Camp Nou y la corbata de Núñez Feijoo, a caballo entre el Milán y el Barça, zapeé con gusto entre Alfonso Hermida y JJ hasta el gol del Valencia. Ahí se acabó el debate y empezó lo bueno, que duró hasta que se cansó el árbitro. Del acontecimiento realizado con brío por la TVG constaté varias ideas. Para ser un buen orador, por ejemplo, es imprescindible hablar bien no en general, sino en el idioma que uno decide utilizar. Se le critica con razón a Rajoy su alergia al gallego (esta campaña se presenta con carteles en este idioma, y el efecto es el mismo que el de mi abuela dirigiéndose a mí en ruso), pero habría que hacer algo para que, después de tantos años, socialistas como Touriño y Louro, con tantas tablas y cicatrices de tantas guerras, se esfuerzen por limpiar expresiones como "verdá" o "tranquilidá" de su gallego, sin ir más lejos. Una manera, muy sutil y poco agradecida, por cierto, de pasar de Zapatero y la espabilada zeta con la que blinda su programa.
Quintana, bien. Quintana (porque yo he asistido a todos sus mítines en Pontevedra desde que Quin es Quin y yo su cronista) es muy buen orador y se presta mucho a la cosa de la imagen, algo que Beiras detestaba. E incluso, con ambos aún en el poder, contrató en 2003 una jornada de puesta en escena para los candidatos a las principales alcaldías a espaldas del histórico líder. Allá fueron todos, algunos con reticencias, a que les modularan la voz, les vigilaran la barba y les manosearan la campaña. Campaña como la de la candidata nacionalista por Ferrol, que quería centrarla en la normalización lingüística, algo que como todo el mundo sabe es más un proyecto de país que de un municipio, sea Ferrol todo lo Ferrol que sea.
Con Núñez Feijóo, que matizó que el sexo de los hijos de Rajoy es macho, por lo que lo de la niña es una metáfora ("todos vimos o debate", matizó Touriño, apuntalándose las gafas), los líderes ofrecieron un debate que tuvo marchamo histórico, y así insistieron en subrayarlo los medios. También hubo, por supuesto, quienes escrutaron a los candidatos en términos de evaluación. Anxo Lugilde, probablemente tras Barreiro Rivas el analista más lúcido de la política gallega, le puso ayer en este periódico una nota histórica a Quintana: 6,1. Ni una décima más. Para que luego digan que no se siguió con pasión el debate.
miércoles, febrero 27
El debate (y II): la niña de mi vida
Dentro del análisis que ha provocado la ñoñería (a veces tan profundo que resulta ridículo) llama la atención, por su lucidez, el que hace Jesús García en el digital La Voz de Salamanca: "Ayer, en su alocución final, Mariano Rajoy nos recreó la imagen de la niñita que nacerá bajo su futuro mandato. Una imagen romántica, tierna y paternal de la personificación femenina de España. A muchos esa imagen nos recordó a aquella famosa foto en la que Stalin sostenía entre sus brazos de hierro a una delicada niña soviética, la encarnación de la nueva época". En otros lares, alguien daba una interpretación más optimista: "Esa niña, recibiendo una educación sana dentro de una familia equilibrada donde impera el sano juicio y el amor, es la niña que dará a luz a españoles sanos, justos y nobles, no la que pagará dos mil euros a una clínica de asesinos para organizar un aborto inmediato, o la que desorientada por la falta de una educación (...) se echará a las drogas o al botellón y al sexo con desconocidos y no estará capacitada para criar hijos sanos".
La niña, a la que nadie pone cara, se ha hecho de repente con la campaña electoral: pónganle unas siglas y legalícenla. Uno de los argumentos del PP para restar su descarnada influencia es que Rajoy no escribiría jamás algo así. Pero en el perfil que José Luis Barbería publicó en El País se vendían sus expresiones casi decimonónicas ("ni hablar del peluquín", por ejemplo) como rasgo identitario de su carácter, y en ese perfil, aunque no fuese él el autor, encaja bien la metáfora escolar de una España encarnada en una niñita que crece, española y feliz, bajo el cálido manto de un país renacido.
domingo, febrero 10
Contrato
jueves, febrero 7
É por iso que...
martes, enero 29
Nunca nos tiraremos a Carla Bruni

Acabaron el debate en Santiago (tiempo les dio a hacer el Camino), y allí hubo secretas confesiones de carácter más íntimo. Surgió, por ejemplo, Carla Bruni, y eso que se empezó aceptando Sangenjo como lugar de veraneo. Fue para que Rajoy nos sacara de dudas: dice Sangenjo por “esa manía de cambiarle los nombres a los sitios”, que curiosamente es la misma razón por la que, en realidad, hay que decir Sanxenxo. Sin embargo, apartada la hojarasca de la política e incluso su delicioso factor humano, Pedro J. le habló a Rajoy de mujeres. Probablemente a esas alturas las preguntas ya las estaba realizando la americana. Por eso la marea trajo algo aún más desconcertante: ¿haría él en el amor, Mariano Rajoy, registrador de la propiedad con plaza en Santa Pola, lo que Sarkozy? “Tenga en cuenta que soy de Pontevedra”, contestó el candidato sin inmutarse. “Allí no hay modelos-cantantes: o son modelos, o son cantantes”, tuvo que seguir.
La frase parece una variante formal de aquella dicha por Carmina Ordóñez para sacarse las preguntas de encima: “A mí plín / soy una Ordóñez Dominguín”. Rajoy, en cambio, prefiere apelar a su origen para negar futuro de donjuán, como si nadie en Pontevedra se hubiese divorciado alguna vez y se emparejase luego, respetando o no el luto, con una gachí más joven. O viene muy poco Rajoy o no le informan bien. Una de las gozosas obligaciones para con nuestros emigrantes es informar de los cuernos, los abandonos y las separaciones que se producen, para escándalo y sonrojo, en la querida sociedad local: son esos felices chascarrillos, muchas veces exagerados por el acervo popular, con los que no suele atreverse Clara Aldán, y mejor para ella (y peor para el Diario). Otra cosa diferente es que Rajoy, con su frase, quisiese subrayar sus escasas probabilidades de éxito: “¿Carla Bruni? Oiga, pero si yo soy de Pontevedra. Después de las pirámides, a dónde la llevo yo: ¿a los petroglifos?”.
Poco importaba: se había evaporado Bruni, y con ella el bravo perfume de su pasión. Quedó el ya famoso “yo soy de Pontevedra”, que con su éxito se postula a comodín de cualquier cosa, desde impuestos a terrorismo: será el particular “no tengo el chocho para farolillos” del PP. Claro que era el titular de la entrevista (¡de la campaña!), pero Pedro J. no lo vio muy claro. En lugar de eso, le regaló a Rajoy un cupón de los ciegos, agradeciéndole la entrevista y deseándole suerte, y le dejó torero la chaquetilla para que Rajoy se explayase con ella mientras él fue a estirar sus largas, poderosas piernas sin dar explicaciones. Al fin y al cabo, es de Logroño.
jueves, enero 17
Sarkozy guillotinado

domingo, enero 13
Parados
viernes, enero 11
Salvar a la familia
lunes, diciembre 17
Empate a cero
sábado, noviembre 24
El viaje a ninguna parte
jueves, noviembre 22
Un lugar incómodo
El pasado domingo Suso de Toro se presentó con un artículo en El País sobre la tragedia del Prestige. Había por allí un alto contenido dramático, fruto de los tiempos por los que pasa un escritor sobre el que está abierta la veda. Pero uno nunca puede bajar la guardia ante la poesía: en el texto hay que prestar una singular atención a esa libreta impregnada de chapapote sobre la que se fue cimentando la heroica literatura que exigió el Prestige. "Me juré que iba a contar aquello y un juramento tiene sus formas así que mojé la pasta del cuaderno en el chapapote", dice el autor ya sin aliento. Algo después añade que nunca "escribí tan bien", lo que me llevó a recordar a esa pareja de voluntarios que se enamoró en las playas gallegas y que hace poco dieron un hijo. A ver si cinco años después, pensé desolado, fue a merecer la pena el Prestige.
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Hace sólo una semana Suso de Toro fue entrevistado en el mismo diario a propósito de su libro Madera de Zapatero, que ha supuesto un duro desafío para su ojo crítico e independiente. Las disecciones entomológicas del libro en internet se han sucedido desde el primer día, y hasta en el propio periódico en el que colabora el autor gallego no han tenido mucha paciencia con él. Ya Suso de Toro avisó antes que nadie: el libro es una alfombra roja que él extiende sobre el presidente. Ayer mismo en un foro con internatutas se le instó a decir (¡por favor, por favor!) algún "defectillo" de Zapatero: "Sus defectos más que por defecto son por exceso. Tiene grandes virtudes: un carácter fuerte, es decidido, arrojado, confiado en sí mismo y sus defectos pueden ser el exceso de esas virtudes". El titular de aquella entrevista, por lo tanto, es antológico: "Sempre me sitúo nun lugar no que son incómodo para o poder".
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domingo, noviembre 11
Por qué no te callas
El Rey lo que ha hecho fue llevar al extremo ese graciosete dicho de que es muy campechano y que pasa mucho del protocolo: le faltó un lapo ejecutor después de la frase y una pedorreta antes de pirarse a cazar osos. Consta que lo fabricó, el lapo, y lo bajó a galerías, pero finalmente lo debió de engullir: una lástima.
Por lo demás, quedémonos con la trascendencia del momento. Por primera vez en muchos años España recibe una frase a la altura de las que forjaron, no sin mérito, el imaginario popular. Tras “se sienten, coño” y el célebre “Andreíta, cómete el pollo”, llega a los politonos el “por qué no te callas”, del que se espera una versión remix para amenizar las pistas de baile. El destino natural de las sentencias históricas es su comercialización: vulgar, pero rentable.
Eso sí, el PP ha reprochado a Zapatero su tibieza. Se le riñe por no haberle pegado dos tiros a Chávez. Y subrayan su ridículo porque el Rey sí defendió la patria, encarnada insólitamente en Aznar. Pero miren, pudo ser peor: pudo aparecer Sarkoman volando con el último azafato del Chad agarrado en una mano y cosiéndole la boca a Chávez con la otra antes de tomar rumbo a París. Vive la France!