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miércoles, abril 30

No tiene precio

Periodista: ¿Se pagó a los secuestradores?

Presidente: Las cosas se han hecho bien, y espero que todo el mundo lo reconozca.

Periodista: Otro asunto que también preocupa es el aceite de girasol…

Este trozo de entrevista en el programa 59 segundos resume el estado general de las cosas. Así sacado, crudo y en frío, antes de pasarlo por la plancha, antes por tanto de alborotarlo con la sal y la pimienta y depositarlo en el plato sin orden ni concierto, el trozo define una forma de ver la vida (la vida láctea: la vida de ese Adolescente en prácticas al que a veces interpreta Zapatero) y el periodismo engatusado, cosiéndole baberos al poder. Es sintomático que cuando Zapatero le dice a Ana Pastor que espera que "todo el mundo reconozca" que las cosas se han hecho bien, ella sea la primera en hacerlo. Tuvo que haber tensado la cuerda Zapatero:

-Otro asunto es el aceite de girasol...

-Las cosas se han hecho bien, y espero que todo el mundo lo reconozca.

-En cuanto al paro...

-Las cosas se han hecho bien, hostias, y espero...

No es nuevo. Desde muy abajo a los periodistas se nos acostumbra a ver atacar naves en llamas más allá de Orión. Un concejal de Sanxenxo ya retirado solía llamarle a uno después de la entrevista para animarle a titular ("qué te parece si pones..."), cada vez más políticos exigen un guión (o directamente las preguntas exactas, una por una, en férreo orden) y ya son habituales las ruedas de prensa sin preguntas (o sea, sin prensa: ruedas a secas, se supone que de molino). Y si a uno no le piden guión, porque uno no es guionista y si lo fuera estaría en Hollywood, no en las provincias, entonces a uno se le puede ir la mano: es entonces el turno de la quejosa llamada arriba para llorar el marcaje.

No fue la entrevista a Zapatero en TVE nada que no hayamos visto en La Sexta, donde en campaña Mamen Mendizábal le hizo la pedicura al presidente. Lo que más molesta es ese ambiente cómplice que se crea alrededor, en plan "está usted con los suyos", que se manifiesta sobre todo cuando llegan preguntas sobre el PP, poniendo hasta caritas de asco desde la lejanía ("bueno, y esa puta barbaridad que dicen ahora los fach.., digooo el PP, presidente, ¿qué le parece?"). En 59 segundos no le pidieron un autógrafo de milagro, algo sorprendente estando allí Antón Losada, ese gran colérico. Fue una lástima, porque el caso de ese atunero merecía una transparencia proporcional a la sumisión casi sexual ofrecida por España. Las declaraciones posteriores dejan una tristeza rebotada, incluido el momento mastercard del ministro de Exteriores Moratinos: salvar la vida de los españoles, como ir guapísima a la boda de tu ex novio, "no tiene precio". Y depende, que una cosa es secuestrarlos en el País Vasco y otra en Somalia. Sarkozy pagó a sus piratas, y cuando tuvo a la tripulación a salvo dejó unos bombazos de regalo y puso a varios ante la Justicia. España optó por pagar, llevar a los marineros a buen recaudo y hacerle el paseíllo a los secuestradores para que tome nota el Barça: se fue el presupuesto de la operación en el rescate y el confeti.

martes, abril 29

Todos novelistas

Para que no faltase de nada en su discurso de entrada en la Academia, en ese domingo de gloria al que todo intelectual tiene derecho en la vida, a Javier Marías no se le olvidó dejar salir a sus fantasmas. A Andrés Trapiello, sí, y por poco a las procesiones y a las comunidades de vecinos. Que eligiese un escenario de pompa y una hora trascendente no lo eleva a él, sino a su enemigo. “Poco importa que a Don Quijote o a Sherlock Holmes les hayan surgido escritores aprovechados (a Cervantes le sucedió hasta en vida) que hayan intentado prolongar sus aventuras y redibujar sus personalidades”, dijo abriendo la jaula por la que salió Al morir Don Quijote, la trapelliana prolongación de la leyenda. Ya todo es viejo. Me lo escribió ayer el amigo Mabalot: “No creo que el duelo Marías-Trapiello dejé muy bien a cualquiera de los dos, aunque son realmente la cara y la cruz de la literatura española: por generación, por estética y sobre todo porque los dos son insistentes hasta el aburrimiento en sus santorales, tan distintos el uno del otro. Incluso se podría saber si a uno de los dos le gusta un autor sabiendo qué le parece sólo al otro. Uno, que si Benet hasta en la sopa, y el otro Galdós, como si los hubiesen descubierto ellos”. De Benet dejó dicho Trapiello en su diario (que tan buenos enemigos le ha procurado: en el último volumen recuerda con indisimulado aprecio a Juan Cruz y Sánchez-Ostiz) que era un “ingeniero engreído al que comparan con Faulkner”, y de Trapiello vino a decir Marías que era el novelista “más inepto” de España. La guerra se fue luego a otras latitudes, y el hastío de Marías con el aniversario del Quijote tuvo respuesta días después por parte de Trapiello (“acabo de leer esto por ahí, en el artículo de uno”) con un artículo (Quita tus sucias manos de mi Mozart) publicado hace tres años que tituló inspirándose en aquel otro célebre de Manuel Vicent (No pongas tus sucias manos sobre Mozart). Todo bellamente ejecutado, porque las disputas literarias tienen a veces tanta altura estética como cierta y hasta comprensible miseria vanidosa. Claro que en este discurso Marías dijo algo tormentoso: “la ficción es el único medio para no deformar la realidad”, “en el momento en que se aspira a que la palabra reproduzca lo acontecido, lo que se está haciendo es suplantar y falsear esto último”, “cualquiera que se dedique a contar algo cierto será susceptible de ser corregido, enmendado, aumentado o desmentido” y, por tanto, “sólo podemos contar lo que nunca ha sucedido”. Provocadoramente ligero, desde luego, y hasta un punto descorazonador en la parte tocante al periodismo. Contestó ayer Arcadi Espada largamente, avisando: “la puerilidad de algunas de las afirmaciones de Marías es casi sorprendente”. O sea, que no llega a sorprendente: ¿cómo es esa puerilidad? Ay, el burbujeante champán de la lengua.

lunes, abril 28

Fátima

Una de las mejores historias de Manuel Vicent no la relató en su conferencia de la semana pasada en Pontevedra ni en la cena posterior, sino un día después en el refugio ourensano de José Luis Cuerda. Este viernes, en la sobremesa y al calor de un ribeiro que no era el suyo, anunció Cuerda que Vicent era un pozo sin fondo y relató la historia de su amigo. En un viaje a Portugal el guía de Vicent le dijo: acércate a esa anciana y pregúntale si es la Virgen de Fátima. Le costó convencerlo, pero allí fue Vicent a lanzar la insólita pregunta. La mujer desconfió al principio (“¿es usted periodista?”) y se animó después (“no, señora, yo soy muy devoto de la Virgen”). Se llamaba Mary, llegó a Portugal con 17 años casada con un topógrafo portugués y entonces acostumbraba a vestir de blanco con un manto azul sobre los hombros por los valles del interior, en contraste con el oscuro hábito de las portuguesas. Una tarde que rompió a llover Mary corrió a una encina a subirse a unas ramas a protegerse, y aparecieron tres niños que la miraron asombrados. Se cayeron bien, y los citó varios días para jugar en el bosque al escondite hasta que regresó con su marido a Inglaterra. Cuando volvió a Portugal dos meses después aquella encina ya era el centro de peregrinación de miles de personas. Y jamás dijo nada porque al fin y al cabo, sentenció, ella era muy devota de la Virgen de Fátima.

viernes, abril 25

Mentirosos o barcelonistas


El buenismo, en su calurosa vertiente hipócrita (quiere decirse en su peor vertiente), se ha instalado como una áspera bacteria en el madridismo institucional, oséase la respetable oficialidad blanca hinchada de autoridad. Que quieren que el Barcelona, dicen, gane la Champions. Y si ellos no pueden ganar la Liga, pues por lo menos que la gane el Barça, les faltó añadir. Ramón Calderón, en su impostada faceta moderada que perderá el peor día tirándose palco abajo para abrazarse con cualquiera, y Raúl González, reclamando la inclusión en el escudo del Madrid el perfil de su nariz como parte ya de la simbología nacional madridista. Los dos poniendo caras en la prensa: "Nosotros vamos con el Barcelona". Probablemente de todos los madridistas del mundo (no hablo de los ‘me gusta el fútbol, lo veo de vez en cuando y voy con el Madrid: ¿qué tal temporada está haciendo Chendo?’) sólo haya dos que deseen que el Barcelona gane la Champions: el presidente y su capitán. ¿Por qué? Por buen rollito, lo que es una torpeza porque si hay que tener buen rollito con alguien es con el Manchester, por si cuela la oferta por Cristiano Ronaldo. Por quedar bien, no se sabe con quién: en Barcelona se ríen de ellos ("Raúl también es culé") y en Madrid los señalan ("tontos y apaleados"). Luego está el asunto de la mentira, que ni se puede decir piadosa: ¿alguien se imagina a Calderón saltando con un gol -cuando marcan, que parece que les cuesta- del Barça? ¿Y a Laporta abrazándose con su mujer cuando golea Van Nistelrooy? ¿No se dan cuenta de que una temporada sin títulos del Barcelona suena a gloria si tampoco gana el Madrid, y que la Liga del Madrid se va a celebrar de muy mala manera si tienen los culés pendientes la final de la Champions? Señorío, dirán Raúl y Calderón inclinando la cabeza al paso de las mocitas madrileñas. Señorío (¡falso, encima!) con el Barcelona, pero no con la afición.

jueves, abril 24

Mariconadas

Días antes do Festival de Eurovisión unha plataforma serbia avisa de que non quere mariconadas. Refírese aos homosexuais. “Todos os que amosen aquí a súa homosexualidade serán apaleados. Damos a benvida a todos, pero non imos permitir que os homes vaian da man pola rúa. Nas súas casas e nos seus clubs, si. Que os nosos fillos non o vexan”. É gracioso esto último, porque normalmente son os seus fillos os que rexentan os clubs. Enténdese freudianamente que matar o pai vén sendo isto. Xa Eloy de la Iglesia puxo nos oitenta fillos de picoletos a meter chutes co abertzalismo, e non facía falla ir tan lonxe: ao cine, refírome. Os perseguidores de homosexuais teñe hoxe menos futuro que os perseguidores de Gebrselassie. Pero o mesmo día que a plataforma serbia saía aquel Luciano Moggi, capo do Calcio, a dicir que os gays non poden xogar ao fútbol. Logo engadiu: “Non hai un só futbolista gay”. Xa non hai gays en Irán e agora tampouco no fútbol: o tipo máis macho do mundo debe ser o defensa central da selección iraniana. Pensaba un que ante semellante cousa sairía a pelotazos algunha estrela do armario a dicir que non, que no fútbol, como na Igrexa e como no Exército, hai gays, tantos como na vida. Mais aínda non. En Irán xóganse o seu literal pescozo e houbo quen levantou a man. No fútbol deben de xogarse algo máis.

martes, abril 22

Camiño

Hai unha tradición moi española que consiste en prometer facer o Camiño de Santiago cando algo é improbable ou imposible. Lembro hai anos o locutor de radio Alfredo Martínez a conta dun España-Iugoslavia no que Alfonso marcou o gol da vitoria no último segundo. Despois de darlle grazas a Deus por existir, o gran García lembroulle que tiña que facer o Camiño que prometera: “¡Lo hago, lo hago!”, berrou o xornalista fóra de si. Esta semana Luis Aragonés foi máis lonxe: fará o Camiño se España gaña a Eurocopa. Díxoo respondendo á pregunta dunha galega, que o invitou a facelo e propúxose ela para acompañalo. “Irei coa miña esposa”, dixo el, como se a pobre rapaza xa estivese abrindo a blusa. Coñecendo o historial do equipo puido dicir calquera outra cousa. Mesmo que faría o Camiño se a selección gaña a Copa América de vela, tanto ten. O que si garda Aragonés é un carácter que non lle iría mal ao Camiño. Del sabemos por exemplo que non lle cabe no cu un pelo de gamba. Pode ser o primeiro da súa especie en abrazar o Apóstolo. Na TVE fixo méritos: prefire que lle chamen Zapatones a Sabio de Hortaleza. Con sorte fica no Obradoiro co seu colega de alcume, coa vieira no peito e facéndose fotos cos turistas, xa parte do decorado e do espírito, máis pendente dos ionquis que pasan pola Quintana que de Raúl, o que non deixa de ter graza vendo correr a uns e ao outro.

Piratas

Visto en perspectiva había entonces cierto romanticismo en matar a alguien que no era de tu país precisamente por eso, por extranjero. Si eso se llevaba a cabo en alta mar, y de ello se derivaban tesoros varios y un largo recuento de cadáveres tumbados con la espalda al sol, el viejo aire romántico empapaba a los piratas (sólo a los escrupulosamente patriotas: los había promiscuos). Es la sucia percepción de la literatura, pero hasta ahí: esto no es la mafia, y prescribió el delito. Dijo hace poco el escritor Alberto Fortes que no era romántico el mar, pero lo dijo porque lo había vivido y lo había vivido joven. Siempre ha defendido uno que desde la ignorancia es más fácil zanjar / idealizar estas cuestiones. En otros siglos el patriotismo se entrenaba matando y ahora hay que celebrar algún gol suelto de Salinas, cuando Salinas ya ni juega. En su conferencia en Pontevedra Manuel Vicent habló de la patria como efusión del cerebro reptil: la defensa del territorio. Por eso puso ejemplo a un perro, al que descuidadamente llamó Toby. Cuando sale el perro de casa mea en un árbol, en otro y en el de más allá. No por aliviarse, sino por definirse: su patria. Sarkozy, con la arbolada patria a cuestas, envió hace unas fechas sus mejores presentes para sofocar un secuestro infame en aguas somalíes y Zapatero pudo haber pensado ayer en una excursión de catequistas, pero acaba de enviar una fragata a ver qué pasa. España, desde que un mal día se puso el sol, ha sido siempre un país que se debate entre la blandenguería y la estolidez. Cuando hubo que hacer una guerra sucia se metió en un saco a Segundo Marey. Cuando hubo que plantar cara a Bush, nos pasó la mano por el lomo y tiró un hueso que devolvimos entre fogosos ladridos. Sobre los piratas modernos no cae la romántica pátina del pasado sino el estigma de una banda de chikilicuatres en pedaleta con ínfulas marinas. Suelen ser ex militares que cuidan a sus rehenes y que defienden una patria rápida: el dinero. Si hay cierta moral, debe España empalmar en la proa una ancha tabla de madera y empujarlos, con la punta oxidada de un viejo sable del pirata de A Moureira Benito Soto, a los tiburones.

lunes, abril 21

Chicho me toca

No hace mucho leí que una de las grandes contribuciones culturales de Berlusconi fue recortarle la falda por el culo a las azafatas de sus concursos. Ya bamboleantes las robustas cachas de la nación y bien alzadas las copas de sus pechos, Berlusconi inauguró el ‘mamachichismo’, que es un machismo tartamudeante y feliz con el que se alborotaron las tetas en la pantalla. En ataque de vanidad, Zapatero, feminista vocacional y cada vez más rendido al espectáculo, viene de nombrar ministra de Defensa a Carme Chacón. El Ejército sacude siempre las victorias de Zapatero, que lo utiliza como rápida metáfora de su poder. Carme Chacón fue su particular retirada de tropas: el seco aldabonazo con el que poner a andar la nación. Inteligente, el presidente ha obligado a retratarse a todos, incapaces de callar los problemas con tan abultada tripa que tendrá Chacón para meterse en un tanque: esto lo dijo César Vidal, lo que no deja de tener su gracia, porque si el día menos esperado el locutor se pone a parir tenemos que salir todos de España. Desde Italia llegó una señal inquietante: al Cavaliere la imagen de una jovencita embarazada poniendo firme a un batallón le atormentaba. ¿Era necesario el nombramiento?, se preguntan los más tenues ‘arévalos’. Viendo esa ténebre histeria, los cómplices codazos tabernarios y el ‘mamachizado’ sudorcillo sobaquero traidor, hubo hasta que improvisar un Ministerio de Igualdad.

viernes, abril 18

Herencias de Meirás

"Don Benito Pérez Galdós y doña Emilia Pardo Bazán gustaban de juntarse los jueves en el pazo que la señoruca tenía en una aldea. Allí doña Emilia guisaba cocido de garbanzos, que tenía muy buena mano para la cocina. Luego de ponerse tibios de garbanzos, se acostaban juntos en un catre diociochesco y, cubriéndose hasta la coronilla con las sábanas, se pasaban la tarde toda tirándose pedos, a cual más sonoro, en alegre y hedionda pugna conyugal/no conyugal. Esto nos da la clave de bóveda del estilo garbancero de ambos prosistas, cuya escritura estaba transida de ventosidades".

Contaba esto no hace mucho Adrede, uno de los clásicos del Nickjournal, el único foro de internet que repaso minuciosamente antes de emboscarme entre sábanas. Se trata de una deliciosa perversidad sin base alguna, pero que a día de hoy merece ser glosada: pensé por ella ayer en los técnicos de la Xunta que entraron en el Pazo de Meirás, antaño refugio de la Pardo Bazán, que frecuentaba también la botica de Don Perfecto para alegría del loro, rápido en cubrirla más de una vez de insultos, cuando no enteras procacidades.

Desconozco ahora si el ardiente poso de aquellas metafóricas ventosidades permanecieron en los tiernos veranos del Caudillo y contribuyeron a agriarle el gesto. Al menos cuando bajaba al Lérez El Moreno le metía los salmones en el anzuelo, con la destreza con la que Franco metía rojos en la cárcel o en la fosa, dependiendo del humor y del subordinado. Uno dio en su momento la opinión que le merecía el Pazo y sus legatarios, y que no la recuerde no es culpa suya: el olvido, aunque flácido y hasta menesteroso, no es cosa tanto de la edad como de las ganas.

Sería interesante, ya abierto el melón, que entrasen los técnicos de la Xunta vestidos de astronautas con bolsitas de plástico esterilizadas, para entender desde las tripas de la cotidianeidad veraniega, desde los días de pantalones blancos y gorritos de marinero, aquellos maravillosos años con Carmencita ensayando golpes de cintura en el jardín, y rescatar con pinzas para la ciencia, aquí y allá, el polvo que levanta el tiempo y saber más de la estética (el sofá, las pantuflas y sus cuadros) del franquismo, eso tan inequívocamente kistch.

jueves, abril 17

Rabudo

Los cuidados siempre atentos de mi compañero Miguel Álvarez me introdujeron hace más de dos años en el ‘universo rabudo’: el blog del periodista Nacho Mirás Fole, en el que se desgajaba su vida como un pedazo de ficción con el milagro de no serlo, atenta a los devaneos de la memoria y un orgullo severo por la familia y la tierra. Como los grandes guisos, Mirás regó sus textos con el albariño del humor a ratos amargo y a ratos feliz, con un punto desesperado de ternura e inteligencia. Hay en esa obra que vino calcetando laborioso en internet largas piezas dignas de un narrador mayor que se sienta dichoso en la cumbre nevada, rodeada de lumbres y lobos, arropado gozoso por el manto privilegiado del arte de contar heredado de los Fole. A finales de verano de 2006, cuando ya llevaba seis años escribiendo columnas en el Diario, quise valerme de un blog para ir colgando mis artículos: un ejercicio gimnástico de vanidad, como si la Humanidad bramara por la ausencia de mis artículos en internet. Tan inoperante en la Red como en la vida, le escribí con forzada naturalidad a Mirás un correo presentándole mis respetos y pidiéndole que me echase una mano. Le confié las llaves de mi puerta de blogger y él, desprendido, se zambulló artesano con mañosas artes y me dejó una página envidiable hasta que, caprichoso, le pedí meses después que la cambiara a otra plantilla. Ni nos conocíamos ni falta hizo: repitió el favor, y lo tuve al otro lado del correo atendiendo paciente a mis delirantes consultas. Tuvo después el detalle de citarme en una de sus entrevistas de la contra en La Voz a propósito de una boutade mía, y me habló de su estrecha relación con Alvite, que para mí es como que te hablen de tu estrecha relación con un dios. Yo a cambio le chupé la sangre de sus letras, a veces sorprendido y admirado por hacer lo que hacía a mayores de su oficio de escritor de periódicos y periodista de tres cuerpos. Rabudo se ha hecho con algo que he visto en muy pocos blogs o ninguno. Un universo presentado con pasión y delicadeza, que incluye una Vespa, una gata, sus colegas de profesión, una caravana, una bicicleta, Edilberto Alonso, Navarra, Vigo y cosas importantes que me dejo con la excepción de Ane, la criatura que le vino a dar la vuelta a sus días como a un calcetín, y de la que hemos visto sus primeros pasos con la certeza de asistir, privilegiados, al milagro de la vida. Ayer escribió: "Este blog ni ha pretendido ser referente de nada ni de nadie, ni tampoco sentar cátedra ni convertirse en un medio de comunicación alternativo. Lo que está escrito, escrito está y ahí lo dejamos. Yo seguiré siendo rabudo porque el mundo me ha hecho así", y se despidió de los lectores afanoso, señor y distinguido. "El amor es algo muy resistente", dijo citando a Alvite: "se necesitan a dos personas para acabar con él".

martes, abril 15

Chema desvaído

Estos días se ha muerto Chema el panadero: la noticia no ocupó espacio en la prensa pero ha sido la primera consultada en los diarios digitales y ha repercutido en internet con esa melancolía desteñida con el que se trata la muerte no de un hombre, sino de una parte de la infancia. A Juan Ramón Sánchez Guinot se lo llevó un cáncer de pulmón a los 51 años. Flaco, de rubio flequillo ochentero, bailarín y cantor, Chema iba de un lado a otro con su delantal blanco. No recuerdo ahora si tenía amores con Ana, pero en la vida real se casó con la actriz que estaba dentro de Espinete: su particular José Luis Moreno. "Tengo pinchos en la espalda, pero por delante no, para que cuando te abrace no te pinche el corazón...", cantaba el erizo. Si los sabores, los lánguidos mordiscos a la magdalena, nos llevan a la infancia, la agria muerte de Chema ha devuelto un bocadillo de chocolate y un par de mandarinas. No se nos está muriendo la infancia, sino algo peor: dos niños asomando por la puerta de un tren, Espinete desconcertado en la ciudad y Don Pimpón caminando por un bosque, con varios niños detrás, jugando al escondite. Curiosamente envejeció mejor Don Pimpón: su nombre se atribuye siempre a cualquier señor de peso generoso que evoque, por no se sabe qué misterios de la metafísica, la oronda figura de aquel sanote amigo de Espinete (y ahora, con esto de sanote, caigo en otro ‘donpimpón’: el noblote noviete de Carmen Martínez-Bordiú). Después de Barrio Sésamo vino Los mundos de Yupi: no recuerdo si fue un fiasco o dimos el estirón. No hubo más: cuando aprendimos a contar y a escribir con cierta propiedad nos olvidamos de los estrafalarios bailes de Chema en Barrio Sésamo. Hasta que se conoció su muerte y nos obligó, con afectación, a volver otra vez la mirada atrás: laboriosa conjura la del cáncer. A Chema el panadero lo sustituyó Chema el tendero. No hay ningún tránsito que explique mejor la vida y sus pocas vacilaciones: nuestra generación se desplazó del "reportero más dicharachero" de la rana Gustavo al "quien fuera cochino para meterte el hocico en toda la trufa" de Mauricio. Así nosotros y nuestro feliz calvario.

lunes, abril 14

Creador

Recibo con satisfacción noticias del nuevo Gobierno (hay una ministra de 31 años, pero Alejandro conquistó el mundo con 27) y la continuidad de César Antonio Molina, protagonista hace unas semanas en La Opinión de una de las entrevistas más sonrojantes que se hayan leído nunca en democracia: una tasación en bruto. Me llegó por mail, como las viagras y los alargamientos de pene, con la salvedad de que a la entrevista ni le hizo falta un milímetro de extensión: no la toques ya más, que así es la rosa. El titular de campaña es furibundo: "Soy muy conocido y popular y no necesito hacer un gran esfuerzo". El antetítulo primoroso: "Zapatero siempre dice que, además de ser un gran intelectual y un gran gestor, soy más político de lo que creo, que es una manera de decirme que lo iba a hacer igual de bien en el ministerio". Y hay que auscultar bien, sin embargo, para hallar el tesoro del ministro. Está en el texto, sin destacados, agazapado entre la maleza de apocada modestia: "No tengo una actividad deportiva física y el poco tiempo que tengo lo dedico al aspecto creador. Es una rutina que cultivo desde la infancia". La rutina de la creación en mandilón: el niño César Antonio imitando a Lloyd Wright con la plastilina. Estos ministros son buenos para el periodismo y en general para la vida. Del escritor César Vidal se dice si hubiera leído todos los libros que ha escrito sería un hombre cultísimo. Del inmortal creador César Antonio Molina nos quedamos con su currículo. De profesión, sus rutinas.

viernes, abril 11

Amor al primer rostro


Un estudio acaba de sentenciar que por las expresiones del rostro se puede adivinar la promiscuidad, el romanticismo o la brevedad de una noche de sexo. También, con un poco de intuición, al bizco y al cejijunto. No es una campaña de Durex: se han puesto a ello expertos universitarios, y no es la primera vez. La ciencia últimamente elige caminos sensacionales para hacerse un hueco en los periódicos: como no es rebatible, porque es ciencia, se le abre la puerta, aunque permitan que frunza levemente el ceño. Del estudio se infiere que los hombres quieren amores de barra y las mujeres barra libre en el amor. Sabíamos, por el refranero, que la cara es el espejo del alma, pero no sabíamos que también lo era del paquete. El amor se elige a primera vista, aunque a veces haga falta una tercera y hasta una cuarta, e incluso gracias a internet ni eso: un emoticono basta. Las expresiones muy masculinas (un hombre gritando gol o mordiéndose la lengua antes de repartir una hostia) parecen indicar menos grado de compromiso (con la mujer, no con el Real Madrid). La nariz grande y la mandíbula cuadrada en el varón es sinónimo de promiscuidad. En algunas agencias hay un momento del reportaje en el que se usan los términos macho y hembra: una disciplina semántica que a mí personalmente me pone cachondo. Ya se ha dicho que el sexo es una de nuestras más tiernas conexiones irracionales y que el rostro de Marlon Brando encarna, en su más furiosa madurez, lo primitivo y su exquisitez. La mantequilla fue la rueda del siglo XX, aunque todavía ningún estudio haya dado con ello. Ben Jones, de la Universidad de Aberdeen, dice que la gente puede juzgar mucho a una persona por su rostro, como el estado de salud o su personalidad. Los científicos lo dicen ahora, pero los rostros hablan desde tiempos inmemoriales no sólo para ir a la cama sino para ir al poder. Estos días andan paseando su agonía los altos cargos socialistas mirando el teléfono, preocupándose como nunca por la cobertura y la batería. "¿A ti te ha llamado José Luis?", se preguntan entre ellos, sospechosos habituales de las quinielas y del trasiego. Pero a mí me tiene subyugado el rostro de la condesa de Murillo: no invita a la frugalidad. Hallo en ella la impiedad, el desafío y el frío tétrico que antecede al colmillazo de la traición. No se fijó el estudio en Esperanza Aguirre porque utilizó a chavales de veinte años, pero hay en esa insatisfacción de la presidenta la fuerza devastadora que impulsó a Brando en El último tango en París, aunque su logro es más modesto: Aguirre sólo quiere la Moncloa y Brando, poético símbolo universal, buscaba su destrucción.

jueves, abril 10

A veces bebo

Probablemente la noticia hubiera tenido más gancho si fuese Terelu la que dormitase entre cartones al sol de Madrid. Terelu (los fastos de su maquillaje y el culo a cuestas) hubiera traído una conmoción nacional. Sin embargo a Terele ya la hemos visto como Celestina y como sirviente de un cortijo de señoritos avisando de las cacas de su hermano. Y con todo se ha sentido el abandono del Tomate. No sé cómo anda ahora la parrilla, pero seguro que no repitieron cien veces el vídeo de Terele vagabundeando con grandes letras bajo la música del Conde Drácula. Como se perdió la cirugía televisiva, María Eugenia Yagüe revolvió un poco en El Mundo: en el estreno de Los Santos Inocentes se acercó a la cola del cine una harapienta a pedir dinero que era la propia Terele Pávez. Nos ilustró Yagüe sobre el alcoholismo de la actriz y sus episodios paseando por las terrazas buscando una moneda, no tanto por la moneda como por el pedir. Algo se dejó atrás en el debate: la carta al director de El País de Luis Alegre que dijo haber acompañado en sus juergas a Paco Rabal y la propia Terele Pávez. "Sentían debilidad por los vagabundos (...) Les fascinaba esa gente que estaba al margen de todo. Hace siglos que no veo a Terele. Pero la tele infame -qué horror- me ha devuelto una imagen de mi juventud: la gran Terele charlando con un vagabundo después de invitarle a un bocadillo. (...) A mí me ha encantado comprobar, con cierta envidia, que la impresionante actriz mantiene la energía, la alegría y la bohemia de siempre". Ayer salió Terele Pávez a decir misa, con lo bonita que estaba callada. Aprovechando los cartones, a Terele le han sacado el padre que la familia tiene en el armario y una adicción al alcohol que arregló con una frase lapidaria: "Yo a veces bebo, y a veces no". Que remite, por otros caminos, a aquella de un heroinómano volviendo de O Vao con sonrisa segura, caminar firme y planta de ejecutivo: "Yonqui no es el que tiene, sino al que le falta".

martes, abril 8

Esta nariz nuestra

El periódico subió por fin poesía a su portada el sábado. Normalmente la cultura tiene un acceso difícil a la fachada mayor de los quioscos. A veces se nos muere alguien entre los brazos, o hay un premio de renombre, casi fustigador, y la prensa lo recoge con un brío violento que tiene mucho de remordimiento. Pero la poesía 'per se' se arrincona, no se sabe si porque todavía hay cuestiones que no son para todos los públicos. Una cosa es que se anuncien putas y otra que se anuncien poetas: todo tiene un límite.

La literatura del sábado venía oculta en una noticia: un intercambio de bebés en el Provincial. Antes de hacerles las pruebas de la sordera el personal sanitario metió a los niños en las cunas equivocadas. El Destino cruza a veces la esquina: quizás alguien se acordó, con un bebé en brazos, que se había dejado las llaves en casa. Dos parejas de padres susurraron palabras de amor a dos bebés que no eran los suyos. Bien mirado asusta: un hijo es algo muy serio, sobre todo cuando aún anda uno con las presentaciones. No duró mucho esa extraña felicidad, apenas una hora, pero en menos tiempo se han venido abajo estirpes. Los griegos escribieron mucho acerca de amar a quien no debes y a quien crees que debes, y la ficción abusa de ese intercambio que atempera el dolor y la sangre: nueve meses en las entrañas para querer a otro. Al saber de la noticia, pensé en la Literatura: “Dejadlos estar”.

Alguna vez dije, arreglando a Fitzgerald, que nadie debería vivir más allá de los doce años. Quizás me quedé corto: la realidad es que todo se vive mucho antes. De niños, Mark Twain y su mellizo se parecían tanto que para distinguirlos les ataban cintas de colores. Un día que los dejaron solos en la bañera, uno se ahogó y las cintas se habían desatado. “Nunca se supo quién de los dos había muerto, si Bill o yo”, dijo Twain.

Y luego está la historia de Juan Marsé. Se la contó él mismo a Arcadi Espada hace años en El País. La madre de Marsé murió en el parto y su padre, el taxista Domingo Faneca, recogió días después en el hospital a una pareja que había perdido a su hijo recién nacido: un matrimonio formado por Berta Roca y Pep Marsé.
“-¿Fue su madre la que habló?
-Sí, así ha quedado, por tradición oral. Je, je. Le dijo al taxista: ‘¿Por qué no me deja ver a esta criatura?’
-Es increíble.
-Exactamente. Fue increíble”.
Vio a su padre un par de veces: “No era nadie, está claro. Mucho tiempo después, una periodista me dijo que había conocido a Mingo Faneca. Y que lo había visto con el dedo puesto sobre una foto mía que publicaba un periódico. Decía: ‘Éste de aquí es hijo mío”.
Se enteró el niño Marsé de la verdad a los siete años, cuando su abuela lo sentó en una silla: “Nen, tu tens quatre pares”. El entrevistador remató la faena con una pregunta muy apropiada:
"-¿Y esa nariz suya?
-Creo que era de mi madre Rosa”.

domingo, abril 6

Leche y pan

Con el nombramiento de Soraya como nueva Zaplana parlamentaria del PP, portavoz de la cosa y rostro del partido, se ha sabido que la chica fue en años panadera a tiempo parcial en su pueblo. Lo primero que se le mira a un político es su pasado, a ver si está a la altura. Pocos pueden compararse al de Zaplana, a quien se le atribuye en una grabación telefónica una cita devota: “Yo he venido a la política para forrarme”. Soraya no ha ido tan lejos, pero hay una coherencia casi religiosa en que quien haya repartido panes tenga que dedicarse ahora a repartir hostias. A Rajoy le han dejado de temblar las rodillas, y anda apartando los moscones con silencios. Le ha dado la espalda El Mundo, pero nos hubiera gustado saber si también se la hubiera dado Umbral. La oposición del PP entiende Rajoy que ha de hacerse hoy con levadura y masa, y el oficio de Soraya con la harina la ha disparado al estrellato. Los oficios entrañables despiertan la infancia, o sea la ternura, del votante. Hace un mes se descolgó Feijóo con una confesión radiante: su primer amor fue una niña leiteira de su aldea a la que acompañaba de ruta por las casas a repartir botellas. Tenía que haber dicho, zaplanescamente, que él se metió en política para conquistar a una leiteira. Prefirió usar el romance para defenderse de Touriño, que dijo de él que no conocía a las vacas. Al menos hoy sabemos que cuando la gente corría delante de las lecheras, Feijóo corría detrás.

jueves, marzo 27

Sobral en la diana

Hace unas semanas Luciano Sobral se acercó a una redactora de este periódico y le preguntó: "¿Tú qué crees?, ¿cómo va acabar esto?". Mal asunto cuando no es el periodista el que pregunta. Lo que reflejaba Sobral entonces era el aviso del rostro que pasea hoy en prensa: la desolación de un hombre superado por las circunstancias, y donde pone circunstancias pueden poner ustedes con toda tranquilidad racismo, digan lo que digan los jeremías.

Al alcalde de Poio no lo tradujo entonces la redactora, o no con la severidad con que debería. Sobral le pedía hasta consejo, tan desbordado estaba, y se interesaba ya por su salud, por si el periodismo, tan estupendo a veces, estaba al tanto de la catástrofe: "¿Tú qué crees?, ¿me van a romper la cara estos animales o sólo me van a rajar el coche?". De momento le rajaron el coche y le pincharon las ruedas: si se trataba de joder, un mecánico de McLaren hubiera sido más sutil. Uno de los innumerables problemas del conflicto de los realojos gitanos es que hace tiempo que no caben sutilezas, algo frecuente cuando ni siquiera hay sentido común. Así la Xunta promete poblados provisionales para los gitanos pero ni se plantea montar cuadras para encerrar al brioso ganado que asaltó, sin pastor ni concierto, el pleno del martes en Poio.

Desde siempre, desde que la droga es droga y el dinero dinero, el mercado de la coca y el caballo está en Monte Porreiro, en el Vao, en Pontevedra y en la calle de usted, a poco que se fije. Si tres familias en un barrio de siete mil personas convierten el lugar en un pozo de heroína, niños detrás de una gallina, delincuencia y gordos con pescata en sudadera y oro rascando una guitarra entonces a esas familias lo que hay que hacerles es una película. Como no caben sutilezas, y anda la cosa embargada de emociones, vino Quintana a la ciudad a decir que esas familias abandonaron Monte Porreiro por "vontade propia", como si hubiesen flipado con el agua caliente y saliesen corriendo monte arriba después de abrir un grifo. Entre medias circula un iluminado empachado de sí mismo arrendando quinientos gitanos para la defensa del alcalde y un colectivo vecinal irresponsable alimentando una histeria insólita de tiempos olvidados que los está llevando de cabeza a los telediarios. La cuenta de esta grotesca comedia la paga Luciano Sobral, lo que bien mirado es una salvajada digna de tal miseria.

miércoles, marzo 26

Nacionales todos

Hoy que en tantos sitios prolifera lo nacional (premios nacionales ya en Galicia, manifestación nacional de Normalización Lingüística, he leído, y realidades -sobre todo realidades- por doquier) hay que recordar que en España lo único nacional, por obra y gracia de Berlanga y Azcona, es la escopeta. La escopeta entendida como fina metáfora del cotarro nacional: el arribismo, lo esponjoso de los principios, la querencia por la pela, el supersticioso abismo de lo religioso y la carne joven de las mozuelas. Hoy aquí siguen pegando tiros los mismos, del Rey para abajo (o para arriba, según el día), y en ese gazpacho de intereses se hila la cosa del negocio y se recrea, en vibrante escenificación montaraz, lo que luego ha de representarse en la moqueta. Cuando todavía se estilaba aquello del destino en lo universal, con el cadáver tibio del Caudillo reposando en los hogares de bien, Azcona escribió el presente español desmitificándolo sutilmente: una casa de putas. Murió ayer a los 81 años y se puso de luto la cultura. A su altura, en la escena, Fernán Gómez. Y aún vivo, director de ellos, Berlanga. Pude haber pensado en El verdugo, gran obra maestra del siglo, y en las arcadas de Nino Manfredi, que eran las arcadas que Azcona y Berlanga dedicaban a Franco, pero pensé en La escopeta nacional, más liviana y cachonda, más gráfica y aun cruel. En Saza pensé, y de paso en Barbara Rey, joven rubísima, cuando su apellido empezaba a evocar su encopetado destino. De Berlanga, por cierto, contó una mujer que quiso conocerlo y le advirtieron que a veces el maestro hacía cosas impropias porque estaba mayor. Se presentó él "regio y elegante", y mientras a ella le buscaban una silla Berlanga echó mano de su nalga y la mantuvo apretándosela. Fue rápido un amigo a disculparse a la dama, que le dijo que era un honor, y allí estuvo la mano, sosteniendo el culo, hasta que apareció una silla. Si la escena la escribió Azcona, con el guionista se fue el secreto.

martes, marzo 25

Primavera

En un apasionado arranque cursi, en los que de vez en cuando caía el infatigable Neruda, dijo el poeta que podrán cortar las flores pero no detener la primavera. La última vez que leí la frase estaba impresa en Pamplona en un panfleto repartido por los batasunos, un día después del asesinato en Leitza de un concejal de UPN: protestaban contra la dispersión no de la vida, sino de los presos. Como medida de protesta muchos jóvenes dejaron de consumir drogas y el Ayuntamiento suspendió el Ay de mí cuando nunca había de tener el canto mayor sentido. Volvimos a Sanfermines al año siguiente, pero ya no nos acercamos a los toros: los de entonces no éramos los mismos, y tampoco nuestras borracheras. No corría la primavera sino el verano, y además el verano de 2001: el verano de nuestros 23 años. Ahora la primavera lleva varios días detenida en Pontevedra aunque persista, desmayadamente, el blanco florecimiento de los cerezos salvajes en la Verdura. Los azotes del viento, casi sexuales, hacen llover sobre los bancos las hojas como si se celebrasen bodas. Días antes de Semana Santa salió el sol, y bajaba la carretera de Vilagarcía uno de nuestros célebres yonquis al Vao. Me lo crucé yo volviendo de Santiago, en esa lenta caravana de coches que rodea el parque de bomberos. Caminaba al sol el yonqui comiendo un bocadillo y saludando con una enorme sonrisa a los coches. Normalmente la gente va al Vao deshecha, a zancadas sudorosas, y vuelve entera, en su extasiante felicidad ya caducada, por eso ante aquella visión casi mágica a punto estuve de bajar del coche a pegarle un abrazo. Volvía de entrevistar a un científico candidato al Nobel con tratamiento de Sir, y la alegre visión del yonqui, probablemente del único yonqui del mundo que va al Vao más feliz de lo que regresa, me devolvió a la vida: sólo en esos tratamientos de choque, cuando se tocan en el espacio de una hora los dos extremos de la cuerda, descubre uno de qué mundo está más cerca. Por fin uno de estos días me acerqué a Sanxenxo a pasar lista en Festiñanzo: la eterna primavera de la costa. Donde antes había un bosque sembrado de pinos y eucaliptos ahora hay movimientos de tierras porque el Concello está creando un paraje natural accesible al hombre similar al que veníamos de ver en Gijón: monte y césped con vistas extraordinarias y bancos de madera por los que pasear a pocos metros del mar. O eso, o cómo convertir un pueblo en mierda.

domingo, marzo 23

El salto de John Balan

Sin posibilidad de resurrección, en estos días de tambores y capirotes se nos ha ido John Balan. Hace un año me escribió cálidas palabras sobre él un amigo de su parroquia, emigrado y hoy visitante ocasional, por cuestiones de afectos y memoria: "Conozco a Balan desde hace más de cuarenta años y he tenido la suerte de verle interpretar solo, de espaldas a una puerta, en el mejor momento de su carrera, que es cuando actuaba por los bares de Marín y Pontevedra. Su amor por el Oeste americano le llevó a asaltar un tren con dos pistolas de juguete y un sombrero tejano, de forma tan realista que hasta el fogonero y el conductor frenaron en seco y acto seguido levantaron los brazos en señal de rendición. Fue detenido y puesto inmediatamente en libertad porque se demostró que todo era una coña. Vivió en su mente el cuento de Alicia en el país de las maravillas: una Arcadia feliz. No conozco a nadie que le quiera mal ni sé de nadie a quien le haya hecho daño conscientemente". Con su adiós empieza la leyenda que ha de contarse sobre Manuel Outeda, el hombre orquesta de Seixo que recreó en las tascas la esencia del Oeste y sus viejos cowboys. En su obituario de El País sobre José Comas, un periodista excepcional tumbado ayer por el cáncer, Guillermo Altares cita una frase afilada de Simone de Beavouir: "La muerte como tal no me asusta: tengo miedo del salto". Nuestro Balan desenfundó más rápido: la muerte, dijo, es inoxidable.

sábado, marzo 22

Descanse en paz

El gran comentario de Erasmo en este blog sobre Balan:

"Balan es un personaje único, con un don para hacer reír y entretener a la gente como pocos he visto en mi vida. Conozco a Balan desde hace más de cuarenta años y he tenido la suerte de verle interpretar solo, de espaldas a una puerta, en el mejor momento de su carrera, que es cuando actuaba por los bares de Marín y Pontevedra (nació en la parroquia de Seixo). Fue un auténtico hombre orquesta y así se lo reconocieron algunos representantes artísticos, que le contrataron para numerosas galas por toda España. El problema de Balan, o la virtud, que nunca se sabe, es que el dinero y la fama siempre le importaron un carajo y su carrera se fue disolviendo como un azucarillo porque nunca, o muy pocas veces, cumplía sus contratos. Cuando se hartaba cogía el tren y volvía a su casa, dejando con el culo al aire a su representante, empresarios y público. Conoció a muchos artistas y empresarios del espectáculo de su época y si él quisiera podría haber sido un fenómeno de masas. Pero le faltaba carisma y ambición sana. Se apalancó en su terruño y de ahí no había quien le sacara. Su amor por el viejo Oeste americano le llevó a asaltar un tren con dos pistolas de juguete y un sombrero tejano, de forma tan realista que hasta el fogonero y el conductor frenaron en seco y acto seguido levantaron los brazos en señal de rendición. Fue detenido por la guardia civil y puesto inmediatamente en libertad porque se demostró que todo era una coña. Ya por entonces era un personaje muy popular.

Balan se retaba muchas veces a sí mismo en sus años mozos haciendo carreras con el coche de línea entre Seixo y Marín. Ganaba muchas veces. Alguien le regaló un uniforme de la marina mercante y en ocasiones se le podía ver por los bares chapurreando el inglés y emulando a un mariner de la Navy yanqui. En más de una ocasión compartí conversaciones con él en el idioma de Shakespeare y nunca perdió la sonrisa en su cara. Fue y es, porque creo que aún vive (¿me lo pueden confirmar, por favor?), un excelente ser humano. Su única frustración es no haber nacido en los USA y actuar con el legendario John Wayne en alguna película de Ford. Hubiera sido plenamente feliz. Aunque feliz siempre vivió. No conozco a nadie que le quiera mal ni sé de nadie a quien le haya hecho daño conscientemente.

Somos víctimas de una curiosa confusión que nos lleva a pensar que ser grandes tiene algo que ver con ser inteligente. La grandeza es una cualidad indescriptible, pero palpable y muy familiar, referida a la talla de la personalidad, a la lealtad, dotada de un fuerte sabor y de una forma de expresión sencilla y natural. Igual que un gran escritor descuella sobre otro pequeño, el gran estúpido descuella sobre el pequeño. Todos hemos conocido a gente de nuestro propio círculo a la que los intelectuales tildarían de descerebrada, pero cuya presencia es como un fuego ardiente, un estar bien, a gusto, que lo cambia todo. Esos son grandes hombres, hay miles de ellos en el mundo, millones quizás. No deberíamos buscar a los grandes en las, a veces, frías cumbres de la inteligencia, donde las celebridades parecen creerse importantes.

Su debilidad no fue ser anticuado o moderno, sino ser él mismo y no estar a la moda. Yo diría que le faltaba un hervor, pero no me cabe duda de que vivió en su mente el cuento de Alicia en el país de las maravillas o, si quieren, una especie de Arcadia feliz. Si tuviera que compararlo a alguien diría que fue el Quijote pontevedrés. Y eso ya es decir mucho".

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Un artículo excepcional de Julio Santos Pena en Faro de Vigo:

"Le veía llegar descalzo por la calle Secundino Lorenzo y se metía en el bajo de mi propia casa donde mi madre, profesora de corte, enseñaba costura y confección a un no pequeño grupo de jóvenes entre las que John Balan tenía un reconocido amor a quien pretendía deslumbrar con sus cosas. Balan se colocaba en el fondo del taller buscando el vértice del ángulo de visión para todas las chicas presentes e iniciaba su actuación, bolero va, bolero viene, apoyado en la mesa de madera que le servía de precisa batería para sus redobles de dáctil tambor. De repente Manuel se convertía en un triple actor de cine; mudaba el gesto cuando era un peligroso gángster y lo reconvertía cuando, tras darse la vuelta, era la víctima propiciatoria a punto de recibir un par de balas del imaginario revólver de su oponente. En medio, era una mujer desconsolada que trataba de poner paz entre ambos personajes casi siempre sin conseguirlo porque al final, el malo apretaba el gatillo un par de veces y la víctima, el bueno, se desplomaba contra la pared sin remedio. Mi madre se desesperaba porque cada muerte suponía un nuevo desplome del cemento de la salitrosa pared, pero sufría en silencio porque la película siempre resultaba espectacular.

Una tarde entró Balan llorando en el taller y las chavalas dejaron de respirar al ver a aquel mocetón capaz de rendir al bandido más espeluznante con lágrimas en los ojos. Mi madre, que por entonces ya le trataba como alguien propio, quiso saber la razón de aquel desconsuelo y Balan le explicó que se había puesto detrás de la patrulla de militares que andaba por las calles en formación y con correaje, y, pitando como el autobús de línea, descompuso la formación al asustar a los marineros, que pensaban que el falso autobús se les venía encima. El sargento del bigote al uso de los tiempos del franquismo le ordenó ponerse ante él y le atizó la bofetada más humillante que pueda soportar un hombre y con ella se derrumbó el duro gángster y el valiente vaquero de todos los días.

John Balan, genio y figura, llegó lejos con el paso de los años y mucho más lejos podría haber llegado si su espíritu bohemio se lo hubiese permitido o si no se hubiesen aprovechado de él los eternos intermediarios que en el mundo del espectáculo comen la carne y dejan los huesos.

Marín, su parroquia de Seixo, y toda una generación echaremos de menos a Balan. Descanse en paz".

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Más:

Eduardo Chamorro

Lara Varela

Entrevista de Susana Regueira

Anxel Vence

¿Muchachada?

Caderno da lingua

Y mi preferida, con su último comentario incorporado:

Opaco

martes, marzo 18

Drogas

Achego correo de X. dende a primeira liña da fronte. Escoito ata os asubíos das balas. “Ai, os meus caros amigos. Se confiásedes máis na vida, lanzariádesvos menos ao instante. Era así? E eu síntome esgotado desta fuxida. Quen se atreve de nós a dicir que non é dono do seu destino? E quen o é? Non vexo como seguir a este ritmo. Agora que está tan de moda o de ‘sostíbel’, isto non o é. Xa vedes: estou un pouco coma os bascos, pedindo a oportunidade dunha tregua. Ou do fin da violencia, máis ben. Pero somos como somos, ou como fomos, e do mesmo xeito que o tema dos presos é un problemón (que ides facer, poñelos a repartir publicidade?) o tema da nosa reinserción non o é menos. Di Ray Liotta cando declara contra os seus ex camaradas en Un dos nosos, cun desencanto para min memorábel (que tal vez por iso xa vos contei), algo así como ‘durante anos chegabamos nos mellores coches, aparcabamos nas beirarrúas e baixabamos coas mellores mozas. Tódalas portas se abrían e todo o mundo viraba para saudarnos. Eramos como estrelas de cine e non había nada que desexásemos que puidese ao momento ser conseguido. E, todo iso, agora acabouse, e teño que pasar o resto dos meus días coa protección de dous tipos vivindo como un don ninguén’. Se cadra o engano para min empeza onde acaba iso: en crerme algo por facer o que fago, máis ben o que fixen”.

lunes, marzo 17

Intifada

La segunda Intifada en Monte Porreiro tuvo un inicio lujoso. Como ya saben, tres familias gitanas fueron realojadas en el barrio y la presión social las echó. No por gitanos, que los gitanos son muy respetables, sino porque a lo mejor delinquían. Ésa es la mejor razón para no dejar entrar a nadie en una ciudad: incluso para traerlo al mundo. La presión social, que en Monte Porreiro es como aquella policía de Minority Report, los sacó de allí. Fue aquella una Intifada breve y relampagueante, tipo Tormenta del Desierto, pero nada que ver con la segunda. Una vecina estaba de noche asomada a la ventana cuando vio que aparcaban unos coches, se bajaban unos gitanos y se metían en su propia casa. ¡En su propia casa, cuando si por algo son gitanos es porque entran siempre en las de los demás! ¡Y por la puerta, sin hacer un butrón! Esa vecina dio un grito: he aquí la noticia. Un grito terrible, que a los pocos minutos sacó a la calle a 150 personas, algunas en pijama: lo que la kufiya fue a la Intifada palestina, el pijama lo será a la de Monte Porreiro. A los insultos, pataleos y una lógica indignación (porque los gitanos tienen fama de robar gallinas) siguieron manifestaciones y cortes de tráfico en la ciudad. Yo aporto una solución muy gitanilla: ojo por ojo. Si tres familias del Vao perturban Monte Porreiro, que vayan tres familias de Monte Porreiro a perturbar al Vao. Tal y como están los ánimos, a ver quién no deja vivir a quién.

viernes, marzo 14

Un putero de lujo

Como siempre en estos casos tan pudorosos, la mirada ha de dirigirse a la esposa del gobernador de Nueva York que ha gastado unos pocos miles de dólares en putas de lujo, no se sabe si sólo una. Ha de dirigirse con cuidado y un punto de cinismo: no es ninguna mujer coraje, como tampoco lo fue Hillary Clinton. El hogar, y no la opinión pública, es el mejor sitio en el que desplegar los más bajos castigos: no me gustaría estar en la piel de ella, pero mucho menos en la de él. Sólo hay algo peor a ese momento en el que uno desenrolla los billetes del bolsillo antes de sentarse desnudo en el bidé: que lo sepa todo el mundo. De momento la prostituta recauda ya el insólito proceder de la fama: una vida lujosa pagada con quién sabe qué pocos polvos. Agachándose hacia el conductor desde el asiento del copiloto, y por unos veinte dólares, tiñó de oro su vida Divine Brown: hoy es productora de éxito y si quiere sexo, lo paga. Ustedes la recordarán. Vayan al archivo de putas famosas, y en alguna parte después de María Magdalena aparecerá la señorita Brown, que fue pillada por la policía haciéndole una felación a Hugh Grant. Grant estaba casado con Liz Hurley. Habrá quien prefiera las mamadas de la señorita Brown y habrá quien diga, más sensatamente, que Grant estaba borracho y tenía un apuro: hay quien baja del coche a mear y hay quien necesita subir a una chica. Pero vayamos a ese matrimonio, y su cruz. Se ha sabido (la prensa, llevándose las manos a la cabeza) que la mujer dejó su carrera de abogada para apoyar la de su marido como gobernador y putero de lujo. Uno fue pillado entre el jolgorio público, y la otra se encerró con él y sus tres hijas en casa antes de salir, ayer, a dimitir: a dimitir de su cargo como gobernador, no sabemos si también del otro. Como es habitual en los EEUU, sacó enfurecido el látigo de siete colas y fustigó su espalda. Con lo fácil que hubiera sido decir, apretando la mano de su señora y enjuagándose las lágrimas: "A veces me apetece follar, ella está lejos, y yo gano mucho dinero".

jueves, marzo 13

Pecados

Non sei moi ben a que se debe o escándalo producido por eses novos pecados cos que vén de baixar Ratzinger, pisando a bata, do Sinaí: tal e como están a cousas, pecado sería votar a Zapatero. Unha das apaixonantes cuestións que toca a Igrexa é a do diñeiro. Os camiños do diñeiro e da Igrexa son como os de Deus: inescrutables. Desde o Vaticano, esa cova de humildade que inaugurou un pescador, din que é pecado enriquecerse ata límites obscenos. Parece unha provocación ("¡pecade se podedes!"), pero déixase a Igrexa algo importante: ¿cal é o límite da obscenidade? Ou mellor, ¿estaremos ante o caso, tan universal, da palla no ollo alleo? A lista, en fin, inclúe un apartado moi elitista. Por exemplo, non farás manipulacións xenéticas. ¿Cal será o seguinte: non mexes na Estación Espacial Internacional? Imaxinen un paisano que se achega ao seu cura de sempre e lle diga, este domingo a máis tardar: “Non llo dixen ata o de agora, pero no meu tempo libre, ademais de roubarlle as ovellas ao meu veciño, fago transferencias de ADN dun organismo a outro”. O que se confirma coa nova lista de pecados é o que se soubo sempre, desde que se anulou a voda de Rocíito: na Igrexa tamén hai clases. Tantas, que agora ata hai pecados que están só ao alcance duns poucos privilexiados.

martes, marzo 11

Impre(ci)siones (y II)

1) En vista de que el 9-M se avecinaba una debacle, puse la Cope. Fue un reencuentro sentido. Desde Supergarcía hasta el domingo, la vida de los obispos y la mía ha transcurrido por caminos muy semejantes pero paralelos. Como las hienas, en cuanto olí la sangre volví a ellos. No estaban tirando cohetes. Había un ambiente como de retirada de feria, cuando los gitanos desmontan las atracciones después de Santa Rosalía. Pero vino el optimismo antropológico. Quedaba por escrutar Madrid, y el PP estaba remontando algún escaño. Uno de ellos, precisamente, era el de Cayetana Álvarez de Toledo. Apareció en antena y, a pesar de que el total llevaba más del 70% escrutado y el PSOE había anunciado su victoria (nada de euforia: pura ciencia), dijo ella que estaba todo por decidir: que era posible el triunfo. Cierto es que lo apuntó con una sonrisita nerviosa, pero hasta a Losantos aquella pornografía le pareció excesiva: casi la manda a tomar viento.

2) UPyD, un partido que nace como respuesta a los chalaneos socialistas con los nacionalistas, contestando a su política antiterrorista y marcando distancias con la moral puritana del PP, sacó un escaño. Tiene el mérito que tuvo Ciutadans en su momento: el de partirse la cara con el Periodismo sin resultado alguno. Tampoco había razones objetivas por las que un partido sin representación tuviera su cuota de mercado en las mejores páginas. Pero el Periodismo debería estar más atento a la noticia que a la cuota: Rosa Díez es la exiliada más famosa del PSOE y Fernando Savater uno de los intelectuales más influyentes de España. Lamenté, por ella y por la injusticia histórica de IU, la ley electoral que debería darle a UPyD seis diputados: los mismos que sacó el PNV, pero con un puñadito menos de votos que el partido de Rosa Díez. Graciosamente simbólico.

3) Me parece una buena noticia que el BNG saque dos diputados, y aún alguno más. Tal y como está concebida la política nacional, y tal y como la entienden PSOE y PP, resulta muy conveniente tener representación nacionalista en Madrid. Galicia obtuvo 10 millones de euros para los museos gallegos y más inversiones porque el BNG pactó con el PSOE no reprobar a Magdalena Álvarez. Gracias a los nacionalistas gallegos, no fue reprobada. Para los que todavía creen que en el Congreso se debate con las convicciones, aquello fue un baño de pragmatismo.

4) Me conmueve la tierna desbandada en aquellos hornos de la Derecha que el propio Ansón denunció conspirativos en el 96. De cada tres páginas, cuatro de El Mundo pide la dimisión de Rajoy. En los micrófonos de la Cope reclaman su cabeza y hasta le reprocha Losantos (¡precisamente ayer, dolorido!) que Gallardón no retirase la denuncia contra él. Y los analistas que más lo protegieron (a veces hasta paternalmente, de un modo puramente grimoso) hoy le patean el culo sin pudor. Muy entrañable esa lealtad y muy firmes esos principios. Sobre todo cuando Rajoy anunció ayer que quiere seguir al frente del partido. Qué bonito es el amor, más que nunca en primavera.

lunes, marzo 10

Impre(ci)siones

1) La estrella de la campaña fue la niña de Rajoy y del día de las elecciones, su mujer. Me gustó verla apoyando en él su cabeza. Una belleza muy de mi gusto: por momentos, encajando la amargura de la derrota, un bellezón. Entre la política y las mujeres (entre España, incluso, y sus mujeres) yo siempre estaré donde las mujeres, así que ayer dediqué mi tiempo a zapear entre ellas: Soraya, Chacón, incluso Sonsoles. La mujer de Zapatero guarda unos rasgos masculinos que le van muy bien a mi heterosexualidad asimétrica, pero me quedé con mi vecina Elvira: los perdedores asumen una melancolía que pocas veces se da en la victoria, y en secreto se ha construido Viri una belleza muy sui generis que aplaudo. Verla en ese triste balcón tan cerca del estólido jeto de Acebes sólo la hacía más grande. Ella, su inesperada aparición, fue la gran triunfadora del 9-M.

2) Una de las noticias con las que más disfruté fue con la caída de Esquerra Republicana. Del nacionalismo me interesa la defensa de sus esencias, esa palabra tan franquista, y la construcción pacífica de una realidad en la que se cree. El nacionalismo que se construye contra algo, porque no encuentra otra razón de ser, ya me produce cierta incómoda risa. Esquerra es uno de los más sabrosones representantes de esa idea que tanto daño hace a los más razonables independentistas. Esquerra es un partido que crece en la fobia, que se alimenta de la fobia: es un partido político fóbico. Por eso subió cinco diputados con Aznar y los bajó con Zapatero.

3) Me apena el bajón de IU, como un amor descarriado al que le metías mano en el instituto y ahora deambula pidiéndote un euro cuando cree reconocerte. Probablemente de aquellos votantes de su edad de oro se hayan ido todos los que no perdonan las bajezas de Madrazo en el País Vasco. El terrorismo es algo más sensible de lo que cree Ezker Batúa. Por lo demás, y sin querer ser crueles en el luto, su campaña ha sido una sucesión de disparates, cuando no directamente estupideces.

4) Me parece muy bien que Zapatero haya ganado las elecciones declarándose de izquierdas. Siempre estuvo ahí el mito del centro: todos lo quieren y tal. La normalidad no pudo ser completa porque Rajoy no se declaró de derechas: probablemente no lo sea del todo. Pero sí lo es el PP, y suele renegar de ello: son el centro, son liberales, son seres humanos normales. Esa vergüenza..., ¿es que no hay derecha en España? A sus líderes les da cierto apuro reconocerlo. Pero hay una derecha muy preparada, lejos de la superchería de la Iglesia y sus santurrones, que no predica que la homosexualidad no se puede elegir, como la cojera o la ceguera. Gente normal: ésta sí. Y están orgullosos de ser de derechas. No va contra los derechos humanos serlo. Esto último también debería de empezar a saberlo Federico Luppi.

5) Entre medias, con el festín electoral y en una jornada de perfil bajo, el Barça perdió en el Nou Camp. No hay interpretación política (aunque mirando al palco, pudiera) pero yo le dí un valor trascendental e informé de ello a cuantos culés me encontraba. ¿Por qué? Por joder.

domingo, marzo 9

Ajedrez

"Varios prominentes jugadores de ajedrez padecieron realmente profundos conflictos psiquiátricos durante o al final de sus carreras. El maestro alemán Curt von Bardeleben se suicidó en 1924 arrojándose por una ventana, el mismo método que utiliza Luzhin en el libro de Nabokov. El primer campeón del mundo oficial, Wilhelm Steintz, pasó sus últimos años luchando contra la enfermedad mental. Uno de los jugadores de mayor éxito del primer cuarto del siglo XX, Akiba Rubistein, poco a poco fue víctima de una timidez patológica. Tras realizar un movimiento, se escondía en un rincón de la sala a esperar la réplica de su adversario”.

Gary Kasparov
Como la vida imita al ajedrez

jueves, marzo 6

La convicción moral

La ecuación no es fortuita y exige un sensible caldo de cultivo. Ese caldo lo agitan los violentos, ocupando las universidades para boicotear la democracia (la democracia de los otros, con el fin de implantar la suya, en la que no caben discrepancias: quiere decirse la democracia ejemplar) y luego el trabajo se lo reparten los tontos y los cobardes. Si cumplen, ha merecido la pena. Casi la merece, por ejemplo, los gritos de fascista con los que fue recibida hace unos días Rosa Díez en la Complutense. Para evitar otro escándalo, el rector de la Universidad quiso impedir ayer un acto de la candidata de UPyD. No pasó el decano de Derecho por la censura, y se dio la charla. Los motivos, eso sí, eran muy higiénicos: "una cuestión de seguridad". En el nombre de la seguridad siempre se han cometido los más escabrosos delitos, pero algunos hasta pringan ya en el papel antes que en el suelo. Siempre resulta más conveniente sacrificar a la víctima que a los culpables. Es un atajo muy hábil para evitar el conflicto: de la misma manera que no hay blanco sin negro, tampoco hay culpables sin víctima. Rosa Díez al sótano, y la Universidad tranquila. Ya lo dijeron aquellos mozos que atacaron a María San Gil: cuando vuelva, ya sabe lo que le espera. No lo decían por ellos, pues no está en su mano impedirlo, sino por los tontos y por los cobardes que les hacen el trabajo limpio.

En Barcelona se dio ayer el mayor baño de la campaña Zapatero: 40.000 personas abarrotaron el Palau Sant Jordi. A él, a Felipe González, a Montilla. Y a Rosa María Sardá. Fue, no me digan más, la maestra de ceremonias. Hay quien nace para actriz y hay quien nace para maestra de ceremonias. Rosa María Sardá hubiera sido una mujer de flaca fama, que no prestigio profesional, sino fuera por las ceremonias. Ayer estuvo ingeniosa, que es para lo que le pagan: "soy de izquierdas, actriz, catalana y socialista: lo peor de cada casa". Muchos dieron segura la victoria de Zapatero en 2004 cuando, en un acto temerario, convocó un mitin en la plaza de toros... y la llenó: sólo González en el 82 se había atrevido a tal proeza. Llenar en Cataluña no tiene tanto mérito, pero es una exhibición que hace flaquear las piernas a muchos. Sobre todo a Esquerra: tras beneficiarse de los votos cultivados por Aznar, la mano de Zapatero se extiende traidora, como en el Estatuto, por su lomo. Hay caricias que uno no sabe cómo evitar.

Francisco José Alcaraz deja el cargo de la AVT con una frase ("Tengo la convicción moral de que el PSOE seguirá negociando con ETA") que recuerda a otra, más ilustre, dicha hace casi exactamente cuatro años. Las convicciones morales, desde aquella del 13-M, quedaron muy maltrechas en la derecha.

Pijos

A conta desa declaración de Ana Mato (“os nenos andaluces son prácticamente analfabetos”) da que unha amiga profesora de Sevilla di que entende o escándalo porque sobroulle o de “prácticamente”, coñezo por outro amigo unha confesión estupenda. Ana Mato, polo visto, é a autora da frase máis pija da Historia de España. Foi feita hai uns anos, cando á pregunta de cal era o seu momento preferido do día, ela respondeu: “El mejor momento es por la mañana, cuando veo cómo visten a mis niños”. Sobre os pijos eu sempre lembrarei aquilo que contou unha vez Francisco Umbral. Estaba o escritor falando nun salón con Adolfo Suárez, e baixou as escaleiras da casa o seu fillo Adolfito vestido de tal maneira, tan tremendamente pijo, que o pai púxose colorado e mandouno arriba a cambiarse. Agora Aznar, por exemplo, anda facendo campaña cun xersey rosa de pico que lle queda formidable coa meleniña que deixou en homenaxe e Baudelaire. Pero a gran xeración pija hai que buscala na camada de Julio Iglesias. Aínda lembro a xogada que un guionista da Sexta lle fixo a Julio José Iglesias Preysler a conta dun concurso de monólogos. Moi metido no papel, saíu ao escenario Julio José, estendeu os brazos e dixo, nese típico inicio monologuista: “¿Conocéis vosotros a alguien no haya tenido problemas para encontrar un piso?”.