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jueves, octubre 30

¿De qué planeta viniste?


A aquellos niños del 86 nos despertaron nuestros padres a primera hora para contarnos que Butragueño, en la ardiente tarde de Querétaro, había reventado la defensa de Dinamarca con cuatro goles. Nos recordamos sacándonos las legañas con una ilusión violenta y yendo a correr a las televisiones a ver aquel sueño con nuestros propios ojos. Tres días después miles de papeletas eran anuladas en las Generales porque ponían: "Oa, oa, oa / El Buitre a la Moncloa". Querétaro ya era nuestro Macondo, nuestra Arcadia interminable, aquella hora mexicana en la que Butragueño desplegó las alas silenciosas y ejecutó a la dinamita roja. Y sin embargo la dimensión histórica de México 86 fue del pelotero que portaba el 10 de Argentina, y que llevó como nadie había llevado hasta entonces a una selección a una Copa del Mundo. El primer recuerdo que tiene de la infancia Pablo Aimar es el de su padre rompiendo a chillar de forma histérica en el salón, dando luego saltos por el pasillo aporreando las paredes y tumbarse en cama boca abajo para romper a llorar en medio de una crisis nerviosa: Maradona había cogido la pelota con un quiebro fenomenal en el medio del campo zafándose de dos rivales y empezó a derribar jugadores ingleses con una mezcla explosiva de agilidad, técnica y potencia en la mejor jugada de todos los tiempos. La carrera fue de una plasticidad paralizante, y Peter Shilton cayó sin remedio en la portería porque la Historia había sido escrita diez segundos antes. Lo que siguió después fue inenarrable: se elevó Maradona a la altura de un Rembrandt, de un Mahler, y hoy es Iglesia en Argentina; estalló el país presa de un estado de nervios cuatro años después del orgullo perdido en las Malvinas y salieron millones a la calle mientras aún resonaba en los derribados muros de la patria mía el glorioso eco de Víctor Hugo Morales empapado en llanto: "¿De qué planeta viniste para tumbar en el camino a tanto inglés?".

He aquí un alcalde modelo

En el siglo XIX La Vanguardia tenía una sardónica sección de textos fugaces en la mejor tradición quevedesca. En muchos aparece Pontevedra y sus circunstancias. Por ejemplo el que da cuenta de una familia de Cambados a la que llaman, con intención, conservadora. "No desempeña más que los siguientes cargos", dice el periódico. Y enumera: alcalde (Antonio Caamaño), secretario (un cuñado del alcalde), escribiente (el hijo de secretario), administrador de Correos (el suegro del secretario) y llavero de la cárcel (un sobrino del alcalde). Claro que nada comparable a este fabuloso suelto: "El alcalde de Pontevedra se ocupa actualmente de visitar las tabernas para analizar los vinos que en ella se expenden. He aquí un alcalde modelo. Porque lo general es que visiten las tabernas para pedir el voto al tabernero". Y la visita del duque de la Torre: "En Lourizán ha sido muy agasajado y en Pontevedra se le obsequió con un baile. Nos gustaría ver al Duque bailando. A bien que debe ser maestro en el oficio, pues en toda su vida no ha hecho otra cosa". Un día de 1912, el corresponsal de La Vanguardia en Pontevedra "entregó en la Depositaría municipal 500 pesetas que le remitió un admirador del insigne violinista pontevedrés Manolo Quiroga para la suscripción abierta a fin de regalarle a éste un Stradivarius". Por cierto que ese día, "disputaron" Juan Fontán y Eugenio Otero en Sanxenxo: la riña acabó cuando el primero le abrió la cabeza al segundo con un palo y huyó perseguido por la Guardia Civil. El siglo anterior hubo asamblea en O Rosal: "Más de mil mujeres armadas con palos, hoces y azadas se reunieron (¡se reunieron!) para pedir que la recaudación de consumos de esta población no fuese adjudicada por subasta". Y el 31 de agosto de 1900 llegaron los Reyes (la regente María Cristina y su hijo Alfonso XII) a Pontevedra. Miles de personas recibieron a los monarcas en los muelles y el fervor (banderas en las calles, pañuelos, autoridades y alharacas) continuó en todas las calles a lo largo del día. Hubo dos misas, y al pasar la comitiva por la posesión de Lourizán, la familia del señor Montero Ríos "se encontraba a la puerta, y montó en un carruaje acompañando a los Reyes". Para acabar este repaso histórico en La Vanguardia, deja uno recuerdo de un artículo de homenaje que el periódico barcelonés hizo en los sesenta a Diario de Pontevedra tras cerrar éste (para reemprender su actividad meses después). Después de citar firmas históricas (Valle, Camba, Muruais, Said Armesto, Sánchez Cantón o Filgueira Valverde), recuerda el periódico catalán que fue Andrés Landín el fundador del Diario, y que su hijo Prudencio ("abogado famoso, político y escritor") escribió para La Vanguardia varios artículos pontevedreses. Acaba el columnista: "A mí me agrada leer mañanero los diarios de los pueblos y cuando vaya a Pontevedra no tendré esa satisfacción. Dirán algunos que soy un ejemplar de paletismo, pero entiendo que el primer contacto con las pequeñas ciudades debe hacerse con la lectura de su periódico".

martes, octubre 28

Pontevedra 1936: la vida en directo

La Vanguardia acaba de concluir un trabajo inmenso y feliz. Es el espectáculo de la Historia narrada en tiempo real porque La Vanguardia ha digitalizado todo su archivo: 127 años contados desde 1881 hasta hoy. Basta escribir las palabras claves y el buscador las rastrea hasta el siglo XIX, ofreciendo el destino de personajes ilustres en su momento decisivo. El domingo 13 de septiembre de 1936 éstas son, por ejemplo, las noticias de la página 10: "Se encargó de la base aérea de Marín el capitán de aviación, retirado, Aguirre. Los aviones facciosos volaban sobre los refugios de los leales, bombardeándolos. En Pontevedra el Ayuntamiento se sostuvo largo rato, defendiéndose con armas cogidas a los rebeldes. Entre los detenidos en el Ayuntamiento de Pontevedra figuran el diputado socialista Pampín y el líder galleguista Alejandro Bóveda. (...) Se cree que Alonso Ríos está herido. El diputado socialista Seoane está detenido en Vigo, lo mismo que el señor Poza, de Unión Republicana". Tres días después se da cuenta del destino del alcalde de Vilagarcía, Elpidio Villaverde: su huida a Portugal y su llegada a Madrid, donde "pedirá armas para ir a defender y salvar la República". Acabaría en el exilio de Buenos Aires, acompañando a Castelao, Suárez Picallo y Alonso Ríos en la fundación del Consello de Galiza. Repasar los años de la Guerra Civil a través de un periódico es como seguirla en directo: es el ténebre placer de la actualidad contada con la tensión del periodismo, sin el sonajero de los soldados de Salamina y verbosas novelas al respecto. En agosto de 1938 Maruja Mallo escribe un artículo que titula ‘Relato veraz de la realidad de Galicia’. En él se cuenta el saqueo de dinero -Bustelo Bustelo, médico de Vigo (ejecutado), y Víctor Lif, director de Prisiones de Pontevedra (encarcelado)-, a presos republicanos a los que hacían creer condenados a muerte para que entregasen todas sus posesiones. También escribe Mallo sobre ciertos rifirrafes: "Núñez, fascista, cuya propiedad reside cerca de Pontevedra, había emplazado una ametralladora en la azotea de su casa, y desde allí ametrallaba a los trabajadores el día de la rebelión. Los trabajadores incendiaron el hogar particular de Núñez, pereciendo éste. Su hijo, falangista, juró vengar la muerte de su padre. Llegó a matar a sesenta". Y el jueves 15 de diciembre de 1938, en la muy noble página tres, La Vanguardia anuncia en una columna: ‘Un médico septuagenario muere en la cárcel de Pontevedra’, con el subtítulo: ‘Antes habían sido fusilados un hijo del mártir y su yerno’. Era Celestino Poza. "Los facciosos le encarcelaron al producirse la sublevación y a pesar de su edad avanzada, unos 70 años, lo tuvieron preso en el lazareto de San Simón (...)". Estaba emparentado con los Adrio, víctimas Germán y José de los fusilamientos del 12-N. Las referencias a la Pontevedra del siglo XIX son muchas, más alegres y se contarán mañana: de aquí eran Montero Ríos o Portela Valladares, grandes personajes de la época, y los Reyes (María Cristina y su adolescente hijo Alfonso XIII) visitaron la ciudad, y escucharon misa en Santa María, el 30 de agosto de 1900.

lunes, octubre 27

Minibar

Lo extraño no es que una diputada del PP anunciase que Anxo Quintana tiene en su coche un minibar, porque la oposición tiende a dramatizarlo todo, sino que Quintana no le haya contestado a la patriótica manera: “¿Pero vostede cre que éstas son horas?”. El poder ha despojado al nacionalismo de la retranca, que era el bálsamo al que siempre nos agarrábamos los escépticos. A la acusación Quintana contestó ofendido, que era algo que nunca haría Beiras, un señor que expresaba su cólera descalzándose. Montó el vicepresidente una procesión de periodistas y les abrió el maletero de su coche en un gesto tan valiente como heroico: uno nunca sabe dónde va a aparecer Joe Pesci. Pero allí había paraguas, una botella de agua y una nevera de playa que la Política valoró en quince euros y que la Realidad puso en noventa: no olvidemos en su descargo que el alcalde de Ortigueira pagaba las copas en Ibiza con billetes de quinientos como si fuesen de cinco. La que no bajó al maletero a echar un vistazo fue la diputada del PP, que prefirió quedarse en el Parlamento hablando de la siembra de fresones en la aldea de los pitufos. No hay pruebas de que se pusiese colorada, porque esta gente está muy entrenada, pero seguro que no le hubiera dicho que no a un buen Chivas.

martes, octubre 21

Sexy Money

Ando estos días enganchado a Donald Sutherland, que es la manera más fina que he encontrado para decir que estoy enganchado a Sexy Money, la serie de Antena 3 que retrata el alboroto de la riquísima familia Darling. Perra vida ésta. Se va uno de Esperanza Sur a los desayunos con diamantes de Nueva York sin cambiar el pantalón del pijama y sin detener a tiempo los churretones de aceite que caen bocadillo de calamares abajo. En fin: los Darling, qué gran familia. Y el share, qué noria del destino. O como dijo hace poco un amigo: "Las tetas, qué curioso accidente geográfico".

La serie llegó campaneándose hace poco a la parrilla. Un argumento revolucionario: una familia con pasta que se tira el rollo durante capítulos enteros por culpa del sexo, los negocios y el pasado. Que con la que está cayendo se enganche uno a Sexy Money no deja de ser una truculenta ironía. Pero ahí está el viejo Tripp (inconmensurable Sutherland) reclinado en su sofá, departiendo con Nick, el abogado de la familia (el típico buen chico que acaba poniendo nerviosa a la audiencia, tan huérfana desde Michael Mancini y tan aburrida desde Richard Channing). Y Karen, la divorciada de ojazos marinos que ayer, en un muy estudiado descuido, dejó ver una barriguita sensual, imperfecta y deliciosa, a la exacta manera de aquella barriguita que María de Medeiros quería para poner cachondo a Bruce Willis en Pulp Fiction. Ahí están los dos jóvenes pijazos (Jeremy y la rubiales atontada sobre la que los guionistas han querido descargar hieles dirigidas a Paris Hilton y su linda troupe de niñas descaradas), y el cura que escribe sermones sin saber aplicarlos, follarín y más pecador que el diablo: llega a sobornar (In God We Trust) para quedarse la custodia de su hijo.

Y luego, en fin, está el héroe moderno que aspira a presidir los EE UU sin saber presidir aún su sexualidad: William Baldwin en la grasilla de Patrick Darling. Le pasa algo curioso a Baldwin: a medida que su cara ha ido engordado se han achicado sus ojillos de furioso azul océano. No es su hermano Alec, pero ya está en disposición de engullir la mitad de calorías que él. Mal rollito teniendo en cuenta que era en esa limpia mirada donde se asentaba, desordenado y caótico, su magnetismo sexual: se le escapó la Stone echando pestes y se le escaparán más, siempre que no atranque él mismo la puerta. Patrick encarna a la esperanza de los Darling, visto el indecente currículum que el genial Tripp fue diseminando después. Pero a su familia (esposa e hija) le sobra alguien, y no es una tercera (aunque tampoco un tercero). Así que Patrick lleva media serie sin saber para dónde tirar y a quién creer, con la mirada extraviada en algún punto intermedio entre su paquete y el de su novia

lunes, octubre 20

Que lo lean


Vilagarcía de Arousa acoge estos días la última guerra sentimental que le quedaba por librar al funcionariado: acogerse a su derecho moral de pasarse por el forro el horario de trabajo. La noticia es conmovedora y exige una lectura muy atenta. Los funcionarios del Concello llevaban treinta años trabajando de ocho y media a dos y media por una especie de tradición de origen inca, o algo así, cuando deberían hacerlo de ocho a tres. Y el Gobierno local tomó en septiembre una medida revolucionaria que pilló a todo el mundo por sorpresa: acogerse a la Ley. La reacción del personal no defraudó a nadie. No es para menos: harían falta plantaciones enteras de Colombia para abastecer de café los bares de Vilagarcía una hora más. En una de las cartas de protesta se pide “una reparación por los daños causados a mi imagen y dignidad pública como funcionario”. Quieren mil euros como compensación económica. Para pagarles el psicólogo, se supone. A los funcionarios los dibujó una vez Forges en un Seminario de Palos al Agua. Salía uno estrellando el palo en un cubo y el supervisor le decía: “Con más poderío, señor Peralejos”. Pero mi preferido siempre fue el del tipo que se acerca a otro y le dice: “Coño, no sabía yo que había media hora diaria de tute”, y aquella tierna y demoledora respuesta: “Pues léase el convenio”.

jueves, octubre 16

Los mismos malditos imbéciles

En su autobiografía, Mark Twain relata una anécdota que he empezado a contar feliz a la menor ocasión, estos días en los que se está poniendo de moda que la gente sepa lo que uno piensa gracias a los micrófonos abiertos. El libro, por cierto, es buenísimo. De Twain llegó a decir Hemingway algo conmovedor: “Es el mejor escritor que ha dado Estados Unidos”. No lo desmiente su autobiografía. Allí aparece en majestuosa armonía la infancia de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, la memoria que se recupera desde el primer aliento con una fortaleza envidiable y un sentido del humor prodigioso. Lo hace todo con el estilo de quien ha sobrevivido al estilo, llanamente, sin sonajeros, con la pretensión última de contar una historia. Por ejemplo, la anécdota referida a su amigo Tom Nash. Las épocas en las que se helaba el Mississipi salían él y Tom por la noche a patinar, probablemente sin permiso. “No acierto a ver por qué tuvimos que ir a patinar de noche, a no ser que fuera por eso, porque no teníamos permiso; porque no había ninguna diversión extraordinaria en patinar de noche si nadie iba a poner ninguna objeción”. En mitad de la aventura se escuchó un siniestro ruido sordo, “como de algo que se trituraba”: el hielo del río se estaba rompiendo. Después de una hora de sufrimiento llegaron a una orilla con el hielo partiéndose a sus espaldas. Antes, en uno de los últimos saltos, Tom cayó al agua. Se dio un baño muy desagradable, pero en un par de brazadas llegó a tierra. “Habíamos llegado a estar empapados de sudor, y el baño de Tom fue un desastre para él. Sufrió una procesión de enfermedades. Lo que cerró el lote fue la escarlatina, y salió de ella sordo como una tapia. También se quedó sin habla, pero le enseñaron después a hablar de nuevo, de una forma que nadie entendía lo que de verdad trataba de decir. Naturalmente que no podía modular su voz, puesto que le era imposible oírse a sí mismo cuando hablaba. Cuando él creía que estaba hablando en voz baja y de forma confidencial, se le podía oír en Illinois”. Más de cincuenta años después, el adolescente Samuel Clemens volvió a Missouri convertido en la celebridad Mark Twain a recibir un doctorado honoris causa. Aprovechó para visitar Hannibal, que había sido su pueblo, y en la estación de ferrocarril se encontró a una multitud que quería ver a su ciudadano más ilustre. “Vi a Tom Nash que se me aproximaba y yo me dirigí también hacia él, puesto que lo había reconocido al instante. Estaba viejo y con el pelo blanco, pero aún era visible en él el muchacho aquel de los quince años. Llegó hasta mí, hizo una trompeta con sus manos en mi oído, movió la cabeza hacia los ciudadanos y me dijo confidencialmente, con un grito como el de una sirena de barco en la niebla:

-Los mismos malditos imbéciles, Sam”.

martes, octubre 14

domingo, octubre 12

Carámbanos

Esta semana, al cruzarse con Gallardón por los pasillos de la Cope, Mariano Rajoy dijo una frase absolutamente escandalosa: “¡Carámbanos, Alberto, este es el único lugar en el que no esperaba encontrarte nunca!”. Ahora observen detenidamente ese “carámbanos”, desmenúcenlo con cuidado, como sorteando las espinas del pescado, y pónganlo en Google: 15.500 entradas. Pongan “carallo”: 124.000. Y “carajo”: casi tres millones. Hay que desempolvar muchos diccionarios para encontrarse ese “carámbanos”: se dice que hasta Gonzalo de Berceo lo descartó en su momento por obsoleto. Pero Rajoy dirige el PP con un lema apabullante: “Éste es un partido normal”, dijo hace un año, y una expresión renovadora y vanguardista que debió escuchar este verano en algún botellón de raperos en Nueva York: “Ni hablar del peluquín”. Cualquier día sale de casa para ir a un estreno de los hermanos Lumière. Ayer se le escuchó decir que el desfile militar era “un coñazo”, en íntimo homenaje a Brassens. Teniendo en cuenta que el año pasado dirigió un mensaje televisado a la nación en el que sólo le faltó el bombo, no deja de tener su desliz cierta justicia poética. “Córcholis”, se habrá dicho Don Pantuflo estrellando un sifón contra el suelo, “a ver quién desface ahora este entuerto”.

sábado, octubre 11

México lindo

Las alegrías de tener un blog, y los inescrutables caminos del Señor que traen a la gente a él.

jueves, octubre 9

Mexan por nós

O mesmo día en que o presentador Jesús Álvarez definía como unha mala xornada para os equipos españois a derrota do Atlético e o empate do Madrid contra Barcelona e Espanyol, xurdía en Cataluña a máis brava expresión de igualdade que se ten feito na Historia e unha das fronteiras que quedaban por derrubar para acabar co machismo: a mobilización das mulleres polo seu dereito a mexar na rúa. O lema impón: “Nosotras también vamos por la calle y podemos hacerlo”. Trátase dunha maneira, din, de contribuír á loita feminista centrada nas formas cotiás de sexismo. Quere dicirse que o feito de que un home pare na rúa a mexar é sexismo, xa que é algo que (ata onte) non se podía permitir unha muller. O que non saben moitas feministas é que cada vez aos homes nos gusta máis mexar sentados (na casa, preferentemente, e aínda máis: no váter). Ten máis que ver coa preguiza que co feminismo, pero xa se sabe que na vida, como no xornalismo, o de menos é o why. Polo demais, a psicose das mulleres sen baño e dos nacionalistas que aplaudiron ao presentador Álvarez ten diagnóstico: demasiada sensibilidade. Andamos todos pola casa coa punta dos pés e as luvas postas, non vaia caer algún floreiro. E conviña desensibilizarse un pouco, máis que nada polas feministas que defenden o mexo furtivo. Non vaian a empezar a xuntarse por miles en manifestacións.

martes, octubre 7

Qué lástima pero adiós

Me despido de ti y me voy.

El paraíso eran las vacas

Cuando Borges escribió que no hay más paraísos que los paraísos perdidos desconocía los secos aldabonazos de las religiones, esas ideologías de la fe. O las conocía muy bien, porque de Borges se filtró en su momento que era un señor que lo sabía completamente todo, y lo que hizo fue utilizar paraíso en el sentido exacto que la palabra merece, y que no es otro que el de una brillante frivolidad. A falta de que la Iglesia católica concretice la oferta de su solar en el cielo y su valor real en Bolsa, el fanatismo islamista promete algo bastante más prosaico: vírgenes. Hace meses circuló por los correos una secuencia de Postal, la película de un director al que la crítica considera más grande que Scorsese, y en ella los dos terroristas que se dirigen a las Torres Gemelas dicen:

"Nos esperan 99 vírgenes perfectas que nos adorarán... ¡eternamente!".

"¿Qué dices? Pensaba que eran cien".

A Idílico, el toro que indultó José Tomás hace unas semanas, le esperan cuarenta vacas y vida de semental: lo llevaba en el nombre. El animal tuvo suerte. Otros indultados no superan la ansiedad y el estrés de tan artística faena y mueren a los pocos días. Pero curados los tajos de veinte centímetros de profundidad repartidos por los lomos y con ochenta kilos menos que con los que partió a la plaza, regresa al toro a la vida. Tendrá cuatrocientos hijos, que son más o menos los que dicen que tiene Bin Laden. No se descarta que Tomás los indulte a todos en una tarde mágica.

Cierta idea del paraíso ya está en la Tierra y los caminos para llegar a él no exigen la vida: basta con salir a la arena a embestir con garbo para que luego a uno le concedan, graciosamente, el indulto y cuarenta vacas. Otros prefieren sin embargo el camino de carretas de la muerte. El de la foto, por ejemplo, es Omar Bakri Mohammed, y sus posiciones como clérigo de la comunidad musulmán (la depravación y la moral degenerada de unos países condenados a la destrucción y a la muerte) le llevaron a ser expulsado del Reino Unido. Hizo las maletas y marchó, pero olvidó algo: su hija. La niña tiene hoy 26 años y es bailarina de striptease: salió al padre, pero del revés. No parece consternada porque Occidente es lo que tiene.

lunes, octubre 6

Sementales

El volumen, la movilidad de los espermatozoides y su concentración fueron los tres ejes sobre los que se asentó esta semana una de las victorias más decisivas que este país ha logrado en su fértil (¡fertilísima!) Historia. Los gallegos tenemos, según un estudio, el mejor semen de España: ¡y qué callados estábamos todos! Para un país que arrastra un retraso histórico tan formidable que hasta el BNG pidió, por favor, que el reloj se atrasara también una hora para ir pillando el ritmo, el dato es demoledor. Un pueblo deficitario en comunicaciones, puestos de trabajo y sueldos, pero puntero en marisco, albariño, cocaína y semen. No somos una nación: somos una orgía. En perspectiva turística el target es poderoso, inquietante, casi poético. No digamos cuando lleguen a Babilonia en procesión, como ardientes cayucos, los legendarios autobuses de solteras de poblachones manchegos que circulan sin rumbo por las carreteras de Castilla. Urge, por lo demás, enterrar ritos semisatánicos como éste de las nueve olas de A Lanzada, a donde mujeres desnudas acuden el último fin de semana de agosto para quedarse después embarazadas, y reclamar de la Xunta (¡y Rei Zentolo!) un poco de cintura: presumir con orgullo de lo nuestro (sea lo nuestro lo que sea) y gestionarlo con sentido para evitar derroches como el volcado de los ganaderos estos días en nuestras carreteras.

jueves, octubre 2

Sé lo que hicisteis en la última caverna

Como se preveía hace ya muchos años, casi desde que la revista Qué Leer lo presentara a mediados de los 90 como un monje benedictino de las letras de holgado capuchón, en violenta face-to-face con los salvajes Loriga y Mañas, Juan Manuel de Prada ha escrito en un dominical el artículo que lo depositará ruidosamente en la posteridad. Sospecha en él de la evolución, algo que debe de ser probable en algunos hombres más que en otros, defiende el creacionismo con rigor literario (que en ciencia es el rigor mortis) y larga alborozado, sacándose el hábito en despelote feroz, un final espléndido, imagina uno que a la altura de todos los finales espléndidos de las novelas a los que sus lectores nunca tuvieron la paciencia de llegar. "El creacionista no es ese friqui fanático que se aferra a la literalidad del primer capítulo del Génesis; es, pura y simplemente, la persona que se niega a comulgar con las ruedas de molino del pienso ideológico con el que nos pretenden abducir y se pregunta: ‘¿Qué ocurrió en las cavernas para que un ser rudo y primitivo se pusiera a pintar?". Qué ocurrió, se pregunta De Prada delante de las cuartillas agarrándose los cabellos. ¡Qué ocurrió!, grita tirando las gafas al suelo, sofocado, mientras garrapatea en la esquina de un folio el teléfono de Telepizza. ¡Qué ocurrió! No ocurrió nada. Qué iba a ocurrir. Un ser rudo montó a otro y luego, en vez de fumar un pitillo, se puso a pintar la mona, de ahí la expresión. La comunidad científica se ha echado encima de él sin tener el coraje de no hacerlo, que era lo difícil. Juan Manuel de Prada es un escritor que trabaja con palabras (demasiadas) y que vive la vida literaria que tanto ha admirado en otros tiempos. Ha tenido jaleos muy sonados con Trapiello y un destete ingrato con Umbral, que lo amamantó en su flácido pecho. Está en la pomada, que se dice, y a veces cuesta. Es como una famosa de la que se deja de hablar un tiempo: necesita ir a la tele a decir que se ha follado a un delantero. De Prada también se trabaja de cuando en vez golpes sonoros, como preguntarse enrabietado qué pasó hace miles de años dentro de una caverna para que allí dentro se dibujasen bisontes o exigirle a la ciencia que demuestre que no existe Dios y, de paso, el Ratoncito Pérez. Juan Manuel de Prada es escritor y más aún: literato. De los cargantes, por eso el ornamento, los floripondios, los latinajos y esa jabonosa prosa casi intraducible, de lo coñazo, en sus comienzos. No se alboroten los científicos y no se pongan cachondos los que aún esperan a los Reyes Magos. A De Prada le importan un pito Darwin y el creacionismo: él sólo quería un sitio con mucha luz en el que ir amontonando sus adjetivos.

Franquistein

Un día despois de que o científico Anxo Carracedo dera unha lección maxistral en Pontevedra sobre o xenoma e as súas vibrantes consecuencias, o deputado Aymerich (BNG) vén de dar outra no Parlamento: o PP ten "un código xenético conservador e reaccionario". Non sabemos que dirá Carracedo disto e, peor, non sabemos que dirá o alcalde Fernández Lores, sentado en primeira fila da conferencia e encantado coa clase. A xenética en mans da política é un valor intraducible, por iso que o PP respondera falando de cromosomas X e Y foi como se de súpeto empezase a tocar o bombo o coelliño aquel de Duracel. Algo si chamou a atención: o aviso de Aymerich de que os do PP "veñen do franquismo". De onde vén Aymerich: do republicanismo cívico de Pettit, da Idade do Xeo, do carlismo, da revolta irmandiña? Se hoxe se fala do franquismo, axitado como un ser vivo con retallos de cemiterios, é polo que é antifranquismo teórico, véxase Aymerich, ou práctico naqueles anos, véxase Pío Moa. Cando a socialista Villarino lle nega a palabra ao deputado, el di: "A presidenta do Parlamento é do PP". Mais había que traducir ao acusica. Contou un bo día Fernando Savater que lle suaba a idea de España, Ferlosio que leva odiando España desde sempre e onte Garci, orgulloso da súa xenética, soltou que a traxedia (revertiana, suponse) de España é "inextinguible". Se de algo pode presumir o nacionalismo é da súa concisión, o seu acougo e a súa lucidez histórica. O deputado Aymerich, mirando a Dolores Villarino e sinalándoa con certo medo, quixo resumir o estado xeral das cousas: "España es ti". Tamén Carracedo, nun momento xenial da súa lección, revelou ao público que calquera, na súa casa, pode coñecer o ADN do chícharo.

miércoles, octubre 1

O derradeiro acto de Valle-Inclán


("Presumía de faquir, no sólo porque apenas comía, sino porque fumaba has-chis", dixo del Ramón Gómez de la Serna. No seu enterro tremeu o chan pola treboada, fíxose noite de súpeto e os centos de obreiros que acompañaban o seu corpo quedaron nos bares. Chegaron poucos ao cemiterio de Boisaca, e con eles un grupo da Falanxe que matou alí un can e leváronno sobre uns paus en procesión para enterralo xunto a el. Case a hostias polo crucifixo do cadaleito, ao final houbo quen se tirou sobre a caixa do difunto xa na tumba. Xenio e figura, din, ata na sepultura, os derradeiros días de Valle-Inclán foron en Santiago, e non se coñece visita á súa vella Pontevedra).

Un mozo levaba tempo indo a unha das tertulias que Valle-Inclán tiña en Madrid. Pasaron dous anos antes de que puidese ler un poema seu, e unha tarde Valle autorizouno. O rapaz colleu aire, mirou ao tendido e lanzouse. Non lle deu tempo a moito, porque no terceiro verso escoitou, morto de vergoña, un tremendo orneo. “¿Quién..., quién fue?”, preguntou. “Habrá sido el eco”, respostou, cun sorriso malvado, Valle. ¿Certo ou non? De Valle, advirte o seu neto Javier del Valle-Inclán Alsina, cóntanse historias populares como se contaban de Quevedo: lendas que circulan nun círculo ademáis tan sensible a elas, como o literario. Da súa estadía en Santiago de Compostela, a derradeira estación da vida do escritor de Vilanova, publica estes días Javier del Valle-Inclán, Carlos G. Reigosa e José Monleón ‘La muerte de Valle-Inclán. El último esperpento’, editado por Ézaro.

Chegou Valle a Santiago en marzo de 1935 e ingresou no sanatorio Villar Iglesias, onde acabou morrendo de cancro o 5 de xaneiro de 1936, negándose a recibir o auxilio relixioso. Por este “príncipe de las letras castellanas”, que dixo o alcalde de Santiago nun bando (“Valle-Inclán reposa para siempre entre nosotros, fundido en la historia de la ciudad como un aureo blasón, como un diamantino broche”), sucedéronse artigos e reaccións por toda España, tamén na súa Galicia. En A Nosa Terra, dixo o Partido Galeguista: “Tense discutido moito a prol de si a obra de Valle Inclán era ou non obra galega. Nós coidamos que si. Galega pol-a forma e galega polo esprito que a animou. (...) Valle-Inclán veu morrer á súa terra. No Sant-Iago das súas primeiras novelas repousa xa para sempre o seu corpo”. Castelao, dise no libro ‘La muerte de Valle-Inclán’, foi máis breve, pero tamén contundente: “Jamás he visto un cadáver que me infundiera más respeto. (...) Toda Galicia está en su cuerpo”. Valle-Inclán Alsina xa documentara os derradeiros días en Santiago cun traballo editado polo Concello. Nel se di que a última homenaxe a Valle antes da Guerra Civil foi en Pontevedra, onde se levantou un busto dos alumnos do Instituto de Tui, entre eles Álvaro Álvarez Blázquez. O acto foi o domingo 21 de xuño, e alí estaban entre outros Osorio-Tafall, Iglesias Vilarelle ou Manuel Cabanillas. Tamén un mozo que, cita Valle-Inclán Alsina, “anos despois acadaría sona como poeta e editor”: o pontevedrés Sabino Torres.

Nun traballo feito por Francisco J. Pérez Blanco, do departamento de Medicina da Universidad de Granada, relátase con precisión as penurias físicas de Valle. Titulado ‘La hematuria de Valle-Inclán’, o autor fala do uso de cannabis e alucinóxenos non para evitar o dolor, senón como maneira de evadirse. Deixa escrito ademais a idea que había por Santiago de facer unha recolecta para regalarlle un pazo, ao que resposta: “¿Un pazo? Es tarde. Más bien un arreglo en la fosa común”. Nas súas memorias Cela di que Valle morre na cama escribindo un poema que empeza: “Caballeros, ¡Salud y buena suerte! / Da sus últimas luces mi candil / Ha colgado la mano de la muerte / papeles en la torre de marfil”. La Voz escribe que dixo esta frase: “No quiero en mi entierro ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo”. Aos xornalistas que tanto inventaran sobre el, déixalles: “Te dejo mi cadáver, reportero. El día que me lleven a enterrar fumarás a mi costa un buen veguero, te darás en La Rumba un buen yantar”. Feo, católico e sentimental, morreu como dixo Umbral que vivira: con señorío, sinceridade e insolencia.

25-05-08

domingo, septiembre 28

Vela

Edna St Vincent Millet, mujer de vida extraordinaria, escribió su epitafio implacable y sin sombras: “Mi vela arde por los dos extremos: no durará toda la noche pero produce una luz extraordinaria”. “Se puede ser joven sin tener dinero, pero no se puede ser viejo sin él”, le dice Elizabeth Taylor a Paul Newman en La gata sobre el tejado de zinc. “Tener talento no es suficiente: también es una cuestión de carácter”, le suelta George C. Scott a Paul Newman en El buscavidas. En su arrebatada vejez, el dulce pájaro de juventud hizo las maletas en el hospital para irse a su casa a morir, que es algo que todo el mundo debería tener aprendido de niño. Había rodado Butch Cassidy and the Sundance Kid y tuvo una mujer durante cincuenta años: fue suficiente, aunque nunca lo es. Su muerte se anunció en junio, se hicieron entonces grandes y llorosos homenajes y en agosto salió de cuentas. Fue escandalosamente guapo y escandalosamente sexy, y en un momento de su vida subió en bicicleta a Katharine Ross bajo las notas de ‘Raindrops Keep Falling On my Head’. Lo dirigió Sam Mendes en su último gran papel: el de un viejo padrino irlandés del crimen organizado. Allí dice: “Esta es la vida que elegimos. Y una cosa está clara: ninguno veremos el cielo”. Paul Newman fue piloto de coches, empresario de productos alimenticios y leyenda del cine. Ardió por los dos extremos, y duró toda la noche.

jueves, septiembre 25

Paisaxe

Mariano Rajoy, un home de espírito decimonónico que utiliza a miúdo expresións como “ni hablar del peluquín”, dixo hai uns días algo fabuloso: a imaxe é irrelevante nunhas eleccións. Rajoy é un home de paisaxe retórico máis que estético tamén porque lle convén. Unha das grandes marabillas da xenética é que aínda non se deixa deitar polo poder, sobre todo polo poder omnívoro de quen todo o desexa: a Berlusconi, un home de espírito posmodernista, a vida lle deu poder, diñeiro e carisma, pero púxolle na conta os centímetros e mais o pelo. A nós, guapísimos xornalistas de provincias, enternécenos saber das taras berlusconianas, e entendemos certa xusticia poética no traballo dos pequenos deuses que nos atenden. Que Bono gardase a penas amargas bágoas no funeral pola víctima etarra é natural e ata podería pensarse que é mostra de alivio, pero imaxinen que o atentado fose o mesmo día no que Bono, autoridade do Estado, estrease cabeleira: imaxinen, si, imaxinen velo chegar co pelaso novo ao funeral, saudando os militares, bicando a viúva, dándolle unha aperta ao orfo e poñéndose en primeira liña xunto a un Zapatero que pensa: “Volveuse tolo”. A política é unha arte puritana na que se amontoan, como en todo puritanismo, fermosos pecados, entre eles a vaidade, a máis sinxela e desculpable debilidade humana.

miércoles, septiembre 24

Poniendo a punto el 'asquímetro'

La izquierda española se recogió hace un año en una metáfora deliciosa que sirvió en caliente su prensa, y todo ello a propósito de una guerra de candidaturas de IU: "La desconfianza ha sido total hasta el último minuto: las sacas con los votos han estado guardadas en una caja fuerte de un despacho de la sede del partido. Una candidatura tenía la llave de la caja fuerte, y la otra candidatura, la del despacho. Así, ninguna podía por sí misma hacerse con las sacas y alterar la votación". El propio Zapatero, además de decirle a su mujer al acostarse eso de "no te imaginas, Sonsoles, la cantidad de españoles que podrían gobernar", anunció la primera regla de su hija en la cafetería del Congreso con una frase a la altura de la legislatura, una mezcla insana de furor, optimismo y cursilería: "La mayor, de trece años, ya sabe que está convidada a la vida". Quiere decirse que tampoco hay que leer más allá para saber cuál es el estado general de las cosas. El domingo pasado el nieto de una víctima republicana abría luz sobre el pasado: "A nuestra familia no nos queda ni el consuelo de que fuera ejecutado por Franco". Siempre hay fronteras que uno puede derribar con el tiempo, y el País Vasco es terreno abonado para hitos. Si hace treinta años la prensa informaba de que la gente moría (no era asesinada y si lo era, no se decía por quién), hoy el lehendakari Ibarretxe se acerca a los micrófonos después del asesinato de Luis Conde y dice: "Los atentados me dan cada vez más asco". Habría que ver en profundidad el ‘asquímetro’ de Ibarretxe, en qué punto estaba en Lizarra o qué grado bajo cero alcanza cuando necesita de ANV, que prefiere reservar el asco a las detenciones y no a los asesinatos. Habría que saber, entonces, cuándo empezó el asco, en qué momento se empezó a desarrollar, cuándo se diagnosticó, a qué altura se encuentra ahora y si aún es posible un último estirón, un acto de fe: una huelga, póngase por caso, de recogida de nueces, o un tímido perdón, no por iluso, que nunca lo fue, sino por lo contrario.

martes, septiembre 23

Parto

A Ramón Rozas. Y a sus muchachas

Saturno comenzó a devorar a sus hijos por miedo a que alguno le arrebatara el poder. Todos tuvieron el destino atroz que le habían guardado los dioses menos uno: Rea, su madre, lo evitó entregando una piedra envuelta en mantos que Saturno engulló inconsciente. Aquel niño era Zeus, fue criado por ninfas y en la hora de la venganza hizo beber a su padre una pócima con la que vomitara a todos los hijos tragados hasta entonces y desatar una guerra feroz de diez años. Atenea, diosa de la sabiduría y la guerra justa, nació de la frente de Zeus, su padre. Hefesto abrió la cabeza del dios con su hacha minoica de doble hoja y Atenea saltó de allí completamente adulta "y llamó al ancho cielo con su claro grito de guerra. Y Urano tembló al oírlo, y la Madre Gea...". En la antigua Grecia, cuando nacía un hijo se colocaba una corona de olivo en la puerta de casa si se quería un guerrero o una corona de laurel si el deseo era que fuese deportista: en el caso de naciese niña, se colgaba una madeja de lana en representación de sus labores domésticas. Luego el padre tenía la última palabra de su destino: aceptarlo o rechazarlo. Si lo rechazaba se exponía en un lugar público para el que quisiera tenerlo: en Esparta al niño se le subía a un monte a dejarlo morir. Al saber Layo, rey de Tebas, que el destino de su hijo era matar al padre y casarse con la madre, ordenó deshacerse de él nada más nacer. Un soldado lo subió a un monte en el que le agujereó los pies y luego lo colgó de un tronco cabeza abajo para que las bestias lo devorasen. Fue un pastor el que le salvó la vida y lo entregó a una reina estéril, que lo adoptó y lo llamó Edipo, que significa "pies hinchados". Que el pezón y la aureola del seno de la madre crezcan durante el embarazo se interpreta como un signo claro para que el bebé se aferre con facilidad a él, como un ciego que ve apenas una luz sobre la que sostener su equilibrio. Las estimulaciones nerviosas del pezón envían señales al cerebro ordenando liberar dos hormonas: prolactina y oxitacina. A causa de la función primordial del cerebro, es común que la bajada de la leche al seno se produzca incluso cuando la madre escuche el llanto de otro bebé. De la misma manera que hay milagros para los que la Historia no tiene respuesta, tampoco la ciencia tiene por qué auscultar en su grandeza el secreto de la emoción humana, aquella más lejana que uno sólo puede compartir consigo en momentos de especial alegría o extraordinario dolor. Hace unos meses alguien escuchó en las calles de Madrid a un padre preguntarle a su hijo de cinco años en qué pensaba cuando aún no podía hablar. "Que te quería mucho y que no podía decírtelo". La vida empieza a ser algo lejano en el momento en que uno abandona el pecho de una madre. Esa separación empieza antes de que el crío sepa andar y son sus padres los que sostienen sus primeros pasos entre la ilusión, la nostalgia y la certeza. Ya en el parto (del verbo partir, marchar) se confunde el dolor y la alegría. Así siempre lo han querido los dioses.

domingo, septiembre 21

Son mis amigos

Que Toñi Vicente no era Jack el Destripador es algo que más o menos todos ya veníamos intuyendo: no era necesaria una tamborrada. Pero son sus amigos y en la calle pasábamos las horas: Toñi Vicente, han dicho las élites del buen yantar, ha sido víctima de una "agresión". Ahí la explosiva semántica de la amistad y sus vibrantes consecuencias. Fue un desagravio íntimamente patético, que era lo mínimo que se debía de exigir a una tragedia que empezó con una chef de prestigio comprando vieiras contaminadas y acabó con uno de los primeros intelectuales del país acusando a la prensa de informar. La Justicia ha tocado algo sagrado en Galicia: la papadela. Pero qué mejor excusa que ir en procesión a restaurar la herida dignidad de una cocinera alrededor de un salmón marinado: cómo se nota que son intelectuales. La pitanza sirvió para desatar el espíritu solidario: al juntarse para la foto parecía que de un momento a otro iban a romper a cantar ‘Todos contra el fuego’. Mientras llenaban el bandullo (ser amigo todo el rato da hambre) el dueño del Marlima de Sanxenxo le dijo a la periodista del Diario: "Compramos vieiras contaminadas y metimos la pata". Se fue a la barra a posar para la foto, salió en portada al día siguiente su lacónico mea culpa y luego subió la verja del negocio y de la vida. Debería intentarlo Toñi Vicente. No pareció muy difícil. Claro que a él no le agredieron mucho. Por eso allí no fue a abrazarle ni un triste poeta local.

jueves, septiembre 18

Lapa

Jaime Rosales presenta en San Sebastián una película sobre los hechos de Capbreton: el asesinato de dos guardias civiles tras un encuentro fortuito con unos etarras en una cafetería de la región francesa de Las Landas en diciembre de 2007. El material es impoluto y las crónicas de entonces reflejaron como nunca el miedo: los cruces de miradas, las conversaciones en voz alta, la sospecha e incluso el bulto del hierro. Probablemente todo muy aventurado, sostenido por el sedal de la intuición, pero también a veces el periodismo tiene derecho a regodearse en sus excesos, y el lector reclama películas. Rosales ha cogido el material y ha hecho una en 14 días, que es más o menos el plazo que le dio ETA al Gobierno para que entregase las armas (y los días, curiosamente, que tardó el Gobierno en reaccionar). Se llama Un tiro en la cabeza y la segunda parte la rodó en directo, sin montaje previo ni actores contratados, un policía de Bilbao que circuló diez kilómetros con una bomba lapa colocada en los bajos del coche. El simbolismo es agotador: la sociedad viajando con su particular espada de Damocles. Así perdió Eduardo Madina una pierna, pero qué es una pierna hoy en día. Habría que revisar, llegada la hora de la reparación, los nombres de los otros mártires de esta romántica guerrilla: los que viven y aún lo cuentan, pese a que una bala les atravesó la cara o una bomba les reventó las piernas. Rosales, cineasta experimental autor de La soledad, se ha ido al laboratorio de ideas que lleva cociéndose en la sociedad vasca desde hace cuatro décadas para pasear la cámara por el último hito: la muerte improvisada. Rodara lo que rodara, rodó miedo. "Daríamos risa sino diésemos miedo", hizo decir a un etarra en su momento El Roto. Miedo no es conducir con una bomba bajo el coche, porque eso lo puede hacer cualquiera, sino saberlo. A medida que ETA se hace mayor (y ya lo es tanto como Franco) se hace también más sutil. Y como en el cine, a menudo la sugerencia es el arma más eficaz.

miércoles, septiembre 17

Más que un club

En su estelar aparición televisiva del lunes (a estas alturas ya es tan difícil que Rajoy gane unas elecciones generales como que Gallardón las pierda), el alcalde de Madrid dejó varias lecturas, ninguna de ellas metafórica. Por ejemplo, que en el programa Tengo una pregunta para usted han pasado líderes nacionales tan dispares como Carod Rovira y Luis Aragonés, pero ningún alcalde: Gallardón, como el Barça, es algo más que un club. Tampoco ha perdido esa burguesa afición de emocionarse en público, aunque en esta ocasión no fuera para derramar lágrimas amargas. Una ciudadana le informó que había leído el libro de José Utrera Molina (ex secretario general del Movimiento y padre de Mar Utrera, esposa de Gallardón) y que le había admirado, pese a su natural condición de vencedor y falangista, su coherencia. el título del libro es Sin cambiar de bandera. Gallardón dijo entonces que lo más importante en la vida era la coherencia y la lealtad. Lo situó por encima de amor, en una consideración que aprecio porque Neruda, en un poema que canto mucho y con mucho ardor, dijo que el amor puede ser eterno y puede ser fugaz ("amor que quiere libertarse para volver a amar"). Hablaba Gallardón de lealtad (lealtad incluso a la venganza, se supone) y al final dijo que se alegraba mucho de que el libro hubiera gustado a su lectora, y le tembló la voz. Correoso, disciplinado y dictador de una imagen, la suya, a la que somete a imperiales exhibiciones (ni un nombre se dejó atrás, ni un dedo -dijo El Mundo- fue a ajustar la montura de sus gafas), Gallardón se enfrentó a todo, incluso a la ignorancia, el malestar y el desánimo, dos enemigos que en un tipo de planta intelectual e hiperactiva podrían abatirle. Un chico fue franco con él, tanto que hasta le tocó detrás de los halagos a Utrera. "No tengo ni idea de política ni de la Historia de España. Sé que esto es la derecha", dijo mirando a la izquierda, "y esto la izquierda", dijo poniendo los ojos en blanco. Pero el joven decidió acudir a la llamada del programa, así que su deber era hacer una pregunta. "¿Tiene un cigarrito?". Gallardón, naturalmente, no fuma, siguiendo el primer mandamiento de Vizinczey. Ya se dijo aquí que es el primer aficionado a sí mismo: su hincha más fiel. Y que cultiva con descaro la imagen de centrista apercebado: selecto, enjundioso y de tronío. Entonces, hace nueve meses, el llanto de Gallardón por la dura derrota frente a Aguirre para no ir en las listas del PP protagonizaba portadas y la pataleta la resolvió con discretas amenazas con dejar la política, que en su boca es tanto como esperar que Martín Villa se compre un coche. Dijo uno que si entonces tragaba el veneno inoculado encontraría luego dónde expulsarlo, y en TVE se relamió sin reparo porque se sabe en la llama, tiene callo y no olvida, que es una virtud casi candorosa en el PP.

martes, septiembre 16

Ons

La leyenda dice que por el Burato do Inferno se oyen los lamentos de las almas condenadas en su eterno estertor pagando por sus pecados, y que en días de grandes tempestades el mar llega hasta allí batiendo las rocas y los aullidos son entonces interminables. A las dos de la mañana se corta la luz en Ons y bajo esa penumbra casi feroz adopta uno como ciertas las creencias, aunque sea con esfuerzo meláncolico. La isla va despidiendo el verano y en los últimos barcos del domingo sonaban gaitas, palmas y panderetas: sonaba la vida, en extraña ejecución. Algunas noches una procesión de almas en pena anuncia la muerte entrando a la isla por Punta Centolo desde Noalla a dejar el aviso y desaparecer evaporándose en el cementerio. No vimos a la Santa Compaña ni tampoco hubo entre nosotros testigos del amanecer pese al tierno empeño. A las doce de la mañana ya había gente en las terrazas de Checho y Acuña derribando cervezas y pocas horas después sonaban las voces y las guitarras. El sábado echó a rodar como una pelota de trapo: feliz, endémico, trasnochado. Como en cualquier isla hubo alcohol en exceso volcado en actitudes libres y complacientes: la estética irrenunciable de una vida en suspense. Hoy no son más de 70 las personas que viven todo el año en Ons aunque cientos aprovechan para acampar allí o alquilar una casa y balancear, también a su modo, el tiempo detenido. Pocas veces los esqueletos de los diablos del Burato do Inferno emergen a tierra y casi nunca ha podido ver alguien el desfile de las almas en pena. Pero el suministro de luz y agua es escaso y el generador de la isla abre a las siete de la tarde y cierra a las dos, así que las costumbres se ejercitan: también las hippies. Hubo luna llena y ese rastro de luz fue todo lo que iluminó el camino de vuelta a casa a las cinco de la mañana: una luna soberbia y grandiosa descolgándose allí mismo como un muñeco. A nuestra derecha subían más sombras y debajo, en el pueblo, se clausuraba el verano. Alguien trajo más botellas a la terraza y se decidió, pasada una hora, cerrar como fuera el Burato do Inferno y hacer desaparecer el espanto de aquellos lamentos condenados al fuego eterno.

lunes, septiembre 15

Finezza

Hace años, cuando un amigo acordó vender un piso cobrando una parte en negro, le preguntaron si ese dinero lo quería en un cheque. Negó con la cabeza y dijo, frotando el pulgar con el índice: “As pesetiñas”. Es una filosofía que aprecio porque también a mí me gusta tocar y soy de los que cree que el papel se restringe al baño y a la lectura. Cocteau dijo que en la audacia el tacto es saber hasta dónde se puede ir demasiado lejos y Valery que la sintaxis era una cuestión moral. En una carta dirigida a Ánxela Bugallo, David Cal arrasó Francia entera y descargó su ira con dos violentas palabras: “Querida Ánxela”. Los derechos de explotación política de Cal son de la Deputación de Pontevedra por un principio de supervivencia: las pesetiñas. No presta su imagen por ser de derechas porque es palista, ideología de repercusión exacta al comunismo. Su carta, naturalmente, ha sido escrita con el remo: tutea a una persona con la que dice no haber tenido relación y ríe a cuenta de los mojitos de Cuba, como si aquellos días en los que estuvimos sin intelectuales a merced de los ‘steiners’ fuesen una broma. Le faltó finezza, que es lo que le sobraba a aquel paisano suyo al que reprocharon casarse con una mujer que se había acostado con medio Cangas. “Medio Cangas, medio Cangas... ¡Ni que Cangas fuera Nueva York!”.

sábado, septiembre 13

"¡Váyanse todos a hacer puñetas!"


La Saeta, ese avión del madridismo de andrajosa estética cuyo único parecido con Di Stéfano acaso sea la edad, ha llevado militares a zonas de guerra y deportado inmigrantes a sus países de origen en condiciones de "poca salubridad", que es el término vanguardista que utiliza el As en su exclusiva. De los vuelos de Guántamo no ha salido nada, pero algo publicará el Sport. La noticia es tremenda por cuanto aproxima, con deliberada ternura, lo más exquisito del Primer Mundo con los oscuros sótanos del Tercero: el asiento que comparte el culo de cualquier Abderramám con el culo hinchado que se le está poniendo a Mijatovic. Quiso un avión el club y le dieron una patera. Son negocios, se dirá: pero muy emblemáticos. Aquí se ha pasado de querer al mejor jugador del mundo a vender al mejor de la plantilla, y en vertiginosa degradación a meter soldados e inmigrantes en un avión que dijeron símbolo universal. Les queda a los africanos el consuelo de rozar con la yema de los dedos la leyenda, que diría Florentino (¡dónde está Florentino!), y a los soldados el guerrero himno de las mocitas madrileñas y la furia guarra con la que atacaba Juanito a los adversarios. Del Santiago y cierra España al Hala Madrid, en épico trayecto. Esta vocación solidaria no es nueva: se estrenó con Robinho, dando el paso miserable que convierte a un club grande y tiburón en una medianía deseosa de dinero y vendedora de promesas: ¡en un Recreativo! "Robinho no puede vestir esta camiseta ni un segundo más", dijo la prensa. Y contesta Hughes, el nick blanco más brillante de la blogosfera. "Ya están fomentando el infantilismo en la grada asnal. ¡Pero hombre de Dios, alma de cántaro, si todos nuestros jugadores han traicionado para venir el amor de sus hinchadas! ¡Si llevamos medio siglo seduciendo con dinero, fama y mujeres! ¿Qué diferencia a Robinho de otros que decidieron hacer el viaje en sentido inverso! La camiseta del Madrid no es distinta de las demás. No hay nada metafísico que distinga este club de otros. Lo diferente eran las personas que han estado al frente, en una proporción alta gente extraordinaria. El Madrid es lo que es por Bernabéu, Saporta y Florentino, no por una gravitación espiritual a cierta altura de Castellana. ¡Váyanse todos a hacer puñetas!".

viernes, septiembre 12

El efecto Lombao

A finales de 2003 entrevisté en Pontevedra a Bernardino Lombao, un deportista de Lugo que practicó atletismo, balonmano y pádel. Tengo delante su foto: un tipo en estado de revista con un bigote de infantería. Ya entonces arrastraba fama: un año antes hizo el pino en El Escorial en aquella boda de Ana Aznar, epítome trascendental del Imperio. Lombao es el entrenador de Aznar que dijo: "Cuando lo cogí estaba hecho una pena". Era 1996 y el nuevo presidente del Gobierno arrastraba el déficit de inspector de Hacienda acolchado y teledirigido a criar nalgas en alguna oficina de La Rioja. También Rajoy sacó plaza en Santa Pola como registrador: son oficios que van dejando kilos en el bolsillo y en el culo. El estrés de Madrid y una agenda escrita desde el poder, o su aspiración, lo cambia todo. Hoy pocos españoles que no sean actores porno tienen la tableta de Aznar, exigido en su retirada como un gladiador empapado en aceite y pescata al viento en la costa de Cerdeña. El mérito es de Lombao, del que dijo entonces Millás que era salir en un periódico y escribir un libro. El libro lo escribió, y fue un poco lo que le trajo a Pontevedra. Le hice una entrevista, con perdón, estupenda. No salvo columnas de entonces ni de hace un año, si me apuran, pero ciertas entrevistas han envejecido bien: misterios del oficio. Ésta me gusta desde los cuernos ("Aznar me hace mucho caso: con Rajoy hemos acertado") hasta el rabo ("Hago un trabajo muy serio, no sólo esa mariconada del pádel"). Habló Lombao también de las llamadas inoportunas: "Mientras nosotros estamos entrenando ya nos han matado a tres. Te dicen ‘A las ocho en Zarautz han matado a uno...’. Seguimos un poco y él me dice: ‘No puedo, no puedo". Entonces Aznar, como un Aquiles a quien rajan el talón, bajaba revoluciones y se retiraba a sus cuarteles. Las cosas hoy han cambiado y, aunque el poder no exprime, sigue creciendo el efecto Spacey. El entrenador lucense dejó esta semana una exclusiva mundial: Aznar hace al día 2.000 abdominales. En la intimidad, como es costumbre de la casa.

jueves, septiembre 11

Outono

Sobrevivir sen vieiras ou, peor, sen Toñi Vicente: calafríos ao pedir un chourizo quente servido en prata, e poñer zapatos grandes e negros, como os que lle vexo aos ionquis na cola do comedor de San Francisco. Ver o fútbol de novo con certa resignación, recollido nunha intimidade case familiar, e poñer bufanda na casa aprendendo a coser: mercar ducias de gatos. A Praza da Verdura murcha coas cerdeiras desfloradas, como vermes de seda, e á tardiña as castañas quentes da Ferrería envoltas en papeis do xornal de hoxe. Propoñer sexo duro a mulleres de moral distraída, e ao chegar á casa bicarlles a meixela e invitalas a té para falarlles da miña paixón por Sherlock Holmes: e que non treman. Ao chegar o outono mirar polo meu corpo e pola miña saúde, e recoñecelos como meus cunha desas apertas que lles dan as noivas dos soldados cando voltan da guerra. Comprobar se o Che de Soderbergh é o mesmo que o de Jon Lee Anderson, e seguir a imaxinar o Che de Losantos. Facer reportaxes no xornal que non falen doutra cosa que de min, e ocultalo aos lectores: por exemplo, as consecuencias da conduta Duchovny. Lembrar o gran fracaso dos trinta: máis da metade da vida bebendo. Mercar máis gatos, coser máis deprisa. Calar sempre, escribir sempre. Non ter medo á noite nin ao espello. Bonasera, Bonasera, que carallo ves facer na voda da miña filla.

miércoles, septiembre 10

Los pensamientos impuros


Richard Dawkins, teórico evolutivo, se niega a acudir a debates con creacionistas: se trata, dice, de no concederles respetabilidad. A ciertos animales hay que mantenerlos incluso lejos de las cuadras, por más que cierto buenismo exija darle la palabra a todo el mundo y tantas veces se comience un reproche con el nauseabundo "yo respeto a todo el mundo". Claro que la televisión tiene derecho a dar palabra y millones a cualquiera: es un medio eximido de moral. Por eso fue a Tele 5 Violeta Santander, la mujer a la que defendió Jesús Neira: lo hizo para ofrecer la opinión que ya se conocía, pero en prime-time y delante de María Antonia Iglesias y Pilar Rahola. Más grave que lo que decía la chica Santander ("no me pegó, me caí por vértigos" y "Neira se confundió, no debió atacar verbalmente a mi novio: estaba bajo los efectos de la cocaína" -eso es lo primero que hay que preguntarle a alguien antes de dirigirle la palabra) era lo que tenía ella delante: una ex directora de Informativos de TVE y una conocida política dándole cierta credibilidad. Lo primero que mucha gente pregunta cuando alguien le ofrece un trabajo no es la nómina, sino la compañía, pero a Iglesias y Rahola debió apetecerles el trago. Después de todo lo que está haciendo Violeta Santander es algo tan antiguo como la Humanidad. Defender a los suyos e incluso algo más: a su macho. Raro sería que no lo hiciese: la dependencia del amor ya se sabe. Pudo haber sido el primer cachete o el último, pero por allí pasaba alguien con su hijo de la mano que no lo toleró. Hizo lo que tantos padres prohíben a sus hijos: meterse en donde supuestamente no le llaman, aunque sí le llamen. En lo primero que pensé al saber la noticia fue en el chico sentado en su vagón mientras era agredida una sudamericana a patadas por un enajenado, y en la conclusión apresurada de aquellos días: "Hay que ir a él cagándose en la mala suerte que tuviste por estar sentado ahí". Y ahora, viendo a la enamorada Santander, pienso también en cuanta gente verá a un hombre pegando a una mujer y siga su camino diciendo: "Ésta va a ser otra zorra que se merece lo que le pase y no voy a ocupar yo la cama de hospital que le corresponde a ella".