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miércoles, diciembre 10

Capuletos e Montescos odiábanse, si, pero con xeito

No pobo non quedaba case ninguén porque os que non morreran na Guerra morreran na fame ou marcharan camiñando a morrer non se sabe onde. Había unha casa a un lado da estrada e outra en fronte. As dúas familias non se falaban por cousas das terras. Vivían a trinta quilómetros da cidade e pola estrada pasaran seis coches dende había vinte anos. Contábaos o avó Capuleto, que vivía sentado nunha cadeira cunha libreta nas mans. “Un”, apuntou o 13 de novembro de 1988. “Dous”, apuntou o 6 de maio de 1994. Como moito tráfico non había as familias dedicaban o tempo ao odio, e con el enriba sachaban a terra. O día que faltara odio faltaría tamén comida, así que se odiaban a conciencia. Ata a tarde que Nena namorou de Neno, os días era longos e tristes e pola estrada pasaba o vento, ao que o avó xamáis lle puido tomar a matrícula. Nena era Capuleto, filla e neta de labradores, e tiña quince anos. Neno tiña dez máis e era Montesco: aprendía o oficio de enxeñeiro na Universidade e o seu pai, coma Xosé o carpinteiro, sempre foi viúvo. Nena arrimábase ao avó e preguntáballe cantos coches pasaran ese día e Neno viña cara a fiestra e alí pousaba os seus ollos de lúa. Murcha o día e murcha a noite e foron murchando os Capuleto o día no que o sétimo coche saíuse da estrada e levouse por diante ao vello. Foi o 3 de novembro de 2008 e Nena colleu a libretiña entre os ferros e apuntou con coidado: “o sétimo”. Namoraron despaciño, a escuras, nas noites sen luz nas que os dous facían odios desde os seus cuartos. Ningún deles cruzara nunca a estrada. Ningún deles bicara nunca a ningúen. Ninguén da súa familia estudiou para conducir, e sen embargo o Concello puxólles unha estrada aos pés das casas non sabían para qué. Capuletos e Montescos odiábanse, si, pero con xeito. Vinte anos atrás apareceran os homes e as máquinas, e colocaran alí unha tira de asfalto que non se sabía onde levaba. Colleu o avó Capuleto unha cadeira e sentou como vira el que se sentaban os vellos nos pobos con estrada, e mirou alí a vida. As familias traballaban as terras e era o odio o que levantaba os brazos. Neno lembraba que cativo xogaba coa pelota e cando a pelota marchaba cara a estrada Neno non ía detrás, por medo aos coches que non había e por medo aos Capuleto, dos que se dicía que hai anos na Guerra aproveitaran para matar Montescos. Daquela non nacera Nena e daquela tampouco coñecía Neno o amor, porque cando se está á pelota non se está a outra cousa. O oitavo coche non chegou cruzar o pobo. Detívose xunto á casa dos Montescos e baixou un pobre homiño do que Nena, que miraba na fiestra, non sabía como chegaba cos pés aos pedais. Saí Neno a porta, porque o pai andaba na terra, e algo lle dixo o homiño que Neno sentouno no coche e mandouno de volta a non se sabe onde. Sorríu Nena na fiestra e sorríu Neno xunto a cadeira baleira do avó, feita ferros. Foi aquel o primeiro sorriso que Capuletos e Montescos cruzaran en séculos e por un momento pensou Neno en poñer un pé na estrada e logo poñer o outro “e así sucesivamente”, dixo en voz moi baixa. Vía aquela liña discontinua (¡podíanse adiantar!), e ela tamén a vía, e os dous sabían que de amarse tería que ser alí, na fronteira mesma, a ollos das familias e dos mortos que tiveran que deixar o lugar, aquela educada xenreira, expostos como as terneiras das carnicerías a que o noveno coche algún día chegase de non se sabe onde e os levase por diante. Morrer por amor!, pensaban os dous boquexando, condenada vaidade a nosa!

16 comentarios:

yaya dijo...

Eres un respiro, m.

Anónimo dijo...

Escribe muy bien.Debería marcharse de este pueblo, antes de que le devore talento y corazón.

M. dijo...

Uno escribe solo dentro de una habitación. Cuanto más solo esté, más escribe uno. Cuanto más vacía esté la habitación, más escribe uno. Con Internet, que la habitación esté en Shanghai o en Sanxenxo es lo de menos sólo con una excepción: para salir a emborracharse es mejor Sanxenxo, porque al menos allí los camareros saben en qué casa dejarte.

Por lo demás (y yo le agradezco violentamente su comentario) a mí en general lo que me gusta es que me paguen por escribir. Que sea bueno o no me trae un poco sin cuidado. Aunque curiosamente tengo la sensación de que si cobrase más, escribiría mejor. Pero eso le aseguro que es absolutamente incontrolable.

yaya dijo...

Siempre tiene que haber alguien en todos los lugares del mundo que sienta terriblemente desdichado por haber nacido donde nació. Si al final lo que importa es tu habitación y tu mismo (con tu mecanismo) :P

SPQR dijo...

Escriba y escriba, y cuando llegue al final vuelva a empezar. Aunque sea en Madrid.

Si se van los mejores, sólo quedamos el público.

Anónimo dijo...

Le admiran tanto que tienen miedo de que se les muera usted de tedio, pero, si vive a cuerpo de rey ...

Yo, que también le admiro, le quiero cerca, que le disfruta uno mejor en distancias cortas.

Anónimo dijo...

¿Ha pensado en cambiar el nombre de su blog por uno más apropiado? Le sugeriría varios títulos: "Yo me, mi, conmigo", "soy guay", "me molo a mí mismo", "Iglesia de adoradores incontestables de M", "Adúlame otra vez" o, este es mi preferido, "soy tan mediocre que tengo que adular al chico guay para que todos me den palmaditas en la espalda" (este va por sus fans incontestables)... Prefiero echar un vistazo a este blog cuando se tratan temas interesantes, aunque estos siempre me divierten.

M. dijo...

Tiene usted un problema escandaloso de perspectiva. Sobre todo respecto a esa palabra que cita, "mediocre", que produce siempre una cierta sensación extraña. Yo también visito páginas y pienso maliciosamente a veces, y se me ocurren comentarios un poco ásperos, como el de usted, pero normalmente no los escribo porque ya sabe (¡vaya si lo sabe!) que no siempre puede decir uno lo que piensa. Sería sencillo hacerlo con otra firma, o en el anonimato mismo, y seguir por la vida con las manos limpias dando palmaditas en las espalda con esa sonrisa tonta que se le queda a uno cuando comete una pequeña maldad con la garantía de saberse impune. Bien es cierto que a mí eso, por la cosa del pudor o por pura vanidad (que la tengo, y es amplia), siempre me ha parecido un acto muy propio de hombres, cómo le diría yo, un tanto mediocres. Pero no se apure. Aquí se me ha chupado menos la polla de lo que se debería. No ya por las columnas del periódico, que hay días más desafortunados que otros, sino por comentarios como éste: espléndidos, vigorosos, con ese brillo cachondo que tiene uno sólo en ciertos momentos del día que hoy, para su suerte, le he reservado a usted. Para que vea que en el fondo soy, muy a mi pesar, un tipo espléndido.

Anónimo dijo...

E por riba ainda ten humor de contestar; cando se escribe como escribes, a non ser porque che da a gana, xa chega de abondo . Eu ainda teño que facer novas pasadas po la estrada de hoxe, po lo que agradezo a oportunidade de estar viaxando que nos deches .
Son SEito, habitante de estes Blogs do Progreso .O de Anónimo e por preguiza de non apuntarme onde hay que facelo .

Anónimo dijo...

jajaja... buenisimo lo del anónimo, mira q tratar de sugerir q el autor de este blog es un tanto engolado...

SPQR dijo...

Sólo los mediocres no reconocen la inteligencia ajena o el talento en los demás. Sólo los hipócritas no reconocen su propia valía.
Desconfío de aquellos disfrazados de inquisidores, que se explican y confiesan, y que son casi siempre maestros del fingimiento. Sin fuerza testicular, lustrosos bueyes capados, repitiendo lugares comunes, banalidades de blog en blog. ¡A la mierda!

M, le presento mis excusas por el post del otro día. Lo pudo entender usted mal y no era mi intención.

Anónimo dijo...

La mediocridad teme al digno y adora al lacayo.
Entonces, q es usted SPQR?

M. dijo...

SEito, muchas gracias por su lectura.

Amigo SPQR, no tiene que excusarse de nada. Quiero que sepa que le tengo en una gran estima. Y que espero encontrarle personalmente algún día, allá dónde esté el infierno que nos acoja, y así charlar con tiempo. Por cierto, espero que sus hijas (y usted, naturalmente) hayan disfrutado ya de Madagascar. Yo acabo de hacerlo hace un rato y es una pequeña maravilla. Un abrazo.

elotroanonimo dijo...

SPQR ¿sin fuerza testicular?, ups. ¿Es que usted levanta camiones con el atributo en cuestión?, ¿existen gimnasios de entrenamiento oval? Disculpe pero es que de que leí la frase en cuestión no pude reprimir un ataque convulsivo de risa del que aún me estoy recuperando. Entiendo que si lo que quería es poner en cuestión la masculinidad del primer anónimo podría o bien haber aludio al tamaño de los referidos cataplines o bien a la fortaleza y potencia del miembro del que suelen ir acompañados.Pues nada, que la fuerza testicular le acompañe...

SPQR dijo...

Jaja. A mí también, no crea (el ataque de risa, digo). Tiene que reconocer que lo ha entendido, lo otro quedaba un poco zafio. Y buey castrado es una redundancia, no hay que explicarlo todo.
No sé el tipo de gimnasios que frecuenta usted, pero en el mío, la prueba de admisión es levantar una mancuerna con los güevos. Antes nos exigen quitarnos las camisas, también de fuerza.

Anónimo dijo...

Volvín a leer, e sopoño que o farei mais veces .SEito.