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miércoles, agosto 22

Amores salvadores

Documentos TV emitió ayer un reportaje sobre el amor. Lo presentó como una contradicción habitual de las líneas maestras que marca la cultura y la sociedad. También como contradicción del propio amor, pero eso ya no se dijo. Lo empecé a ver sin ánimo, consumido por una dieta infame de cigarros y abstinencia. Esperaba algo más relacionado con la química, pero se abordaron testimonios: esperaba que se hablase de la oxitocina, pero salió José Luis Sampedro proclamando su salvación agarrado a una mujer treinta años más joven que él. "Eso es una salvación", pensé, "y no la de los cristianos". Cuando se quedó viudo, Sampedro pensó algo muy lógico: dejarse morir. "Viví cuarenta años con esa mujer. Era mi interlocutor, la mitad de mi vida", cuenta mientras compra el diario (el diario El País, por cierto: TVE lo enfoca con euforia). Tras la tristeza, la redención: en la Alhama de Granada conoce a Olga. Los dos relatan con cariño en el sofá de su casa el encuentro, y el documental cae ahí en un pozo infame: la reconstrucción de los hechos. La ficción-realidad, e incluso con los mismos actores de la vida. Se acerca Olga con un vestido azul y un sombrero muy mono del mismo color, y Sampedro se levanta y le da dos besos. Luego comienzan a charlar, y ella dice algo así como "estoy un poco nerviosa, es que estar aquí con usted, con José Luis Sampedro...". Ahí empecé a desfallecer. No podía dejar de pensar en la reconstrucción del crimen de los marqueses de Urquijo o en la de aquellas golfas apandadoras que asaltaban a un pobre señor que juraba haber sido drogado con el colacao. Me di cuenta además de que por allí rondaba el amor, incluso en la cabeza del pobre Escobedo: los crímenes, las 'prespiputas', la feliz salvación de Sampedro. Y ayer despabilé la cabeza leyendo aquí y allá aquello que alguna vez me había contado Punset. El cerebro suelta las sustancias, y el resto se va cocinando solo: incluso los asesinatos, aunque el CIS diga que a los españoles nos preocupa más ETA que el amor. Desde oxitacina (sexo) hasta la epinefrina (superación), pasando por la dopamina (ternura: la mujer que va a parir genera una cantidad ingente), la finilananina (entusiasmo) y la endorfina (energía y plenitud). Quiere decirse que si le practicasen la autopsia, los forenses hubiesen hecho de Romeo el Sid Vicius de la época. Todas esas drogas extasiantes y producidas de forma natural se diluyen al cabo de dos o tres años: se deshace el hechizo, del que nadie dijo que fuera eterno, y comienza el amor de la vida real. El mono, y después la metadona. Por supuesto, engordamos como globos y surge de vez en cuando algo insólito, el mal rollito: el deterioro del amor es muy visible en los gorrillas. Tampoco a esto se ciñe el documental, que a cambio nos muestra dos amores sorprendentes: el de dos primos y el de una mujer de cierto retraso con un hombre que no besó a nadie hasta los cincuenta y dos años. En estos casos sí conviene prestar atención al tono y apartar la biología. En los dos casos hubo oposición familiar. La oposición familiar es la principal causa de producción de epinefrina y oxitacina: a mayor oposición, mayores orgasmos. Dejé de ver el documental casi sin darme cuenta, como una abuela chocha que deja de calcetar pero sigue con las agujas en la mano. Rescato sin embargo el testimonio de Olga, la novia (simpática y guapa, por cierto) de Sampedro: "Tiene todas las cosas que yo nunca deseé en un hombre. Es escritor, y yo no quería nada con los escritores. Yo nunca pensé en un académico, y él es de la Real Academia de Española. No quería un político, y fue senador por designación real. Y es mucho mayor que yo, algo que yo no deseaba". Pensé, en mi desaliento, que ya es mala suerte no haber querido nunca amores con un académico, que deben ser 40 en España, y enamorarte de uno.

6 comentarios:

Portorosa dijo...

Muy bueno.

Lo que me deja a cuadros es que haya alguien que cuando piensa en su pareja pierda el tiempo pensando cosas como si quiere que sea escritor (!), político (!!) , o ¡¡académico!!
¡Pero esa mujer está chalada, hombre!
¿Quién coño puede pensar si le gustaría o no que su pareja fuese académico?

Un abrazo.

M. dijo...

Eso me hizo gracia. Dijo algo así, sí, pero es justificable. Están las cámaras, los nervios. A mí me pareció una mujer muy maja, muy natural. Un abrazo, querido Porto.

manolotel dijo...

Personalmente y con alguna experiencia en parejas desiguales, yo creo que lo de Sampedro es algo que despierta incomprensión y envidia a partes iguales. Poco de química y mucho de ilusión (en el amplio sentido de la palabra).
Respecto al reportaje; siempre he pensado que cualquier historia real pierde mucho cuando se la analiza con la lupa de la cámara que, de ilusión no tiene nada más que el maquillaje.

El amor (no voy a entrar en esto. Es simple retórica para colocar una frase que me parece ocurrente) es un gesto interpretado para un público espectante.

Saludos

Portorosa dijo...

Ya, si seguro que era una gran mujer. E inteligentísima, supongo.

Pero resultaba gracioso, ¿no?

Un abrazo.

Miranda dijo...

Genial. Cómo escribes, jodío!

Respecto a la pareja del Sampedro decir que me produce la misma sensación que otras muchas que en el mundo son.
(todo desde el ángulo visual ese que yo tengo; nada objetivo)

Lo cuento. Me parece que los hombres maduros son muy interesantes cuando lo son. Por ejemplo Connery y algunos de su estilo, viejunos bien educados con pinta de tener sentido del humor y de saber ser discretos.
Ahora bien, los viejacos estos como el Borjes, o el Sampedro y similares, con pinta de ser además de pelmas de bellota (en la convivencia, me refiero) unos pedorros "sic" halitósicos, pues me dan ascazo físico y no hay feromona que me haga superar eso a la hora del amor físico...a no ser...

A no ser que no te guste follar.
Que es lo que les pasa a un alto porcentaje de mujeres.(viviendo con un viejaco la cosa tiene que ser relajoide)

O que sean gorrinazas, que por ejemplo la Marina Mercante tiene que haberlo sido hasta decir basta.

aj aj aj!!!!

M. dijo...

Jopetas, Miranda, como vienes... Yo creo que a ciertas edades se empieza a follar con el cerebro. Y puede ser igual de estimulante. Bueno, no igual... Pero sí bastante. En fin: la (puta) química. Ya digo que a mí me pareció una pareja muy tierna y enamorada. Saludos, compañeros.