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martes, julio 8

¡Vamos, Rafa!


Ya fue popularizado el ‘vamos’ por Arancha en aquellos mediodías de la infancia en los que la heroína peleona birlaba Roland Garros a Steffi Graf. Siempre fue algo muy tenístico, que sólo necesitaba de alguien que lo llevase a la televisión. Desconoce uno si también era el grito de guerra de Santana, Orantes y Gimeno, pero bien cierto que no sólo es español: a Mirka Vavrinek, la desesperada novia de Federer, se le escapaba sus 'come on' en el palco. Decidido a romper la Historia, también Nadal arrasa la simbología: se extiende como el aceite el 'vamos Rafa', convertido en unánime grito de guerra que recorre el mundo desde Shangai hasta Nueva York, desde Londres hasta Melbourne. Banesto olió el negocio y le puso un anuncio con un tipo cargado de palomitas que le sigue allá donde va, hay web y los aficionados la han hecho suya. Lo contó hace dos años Manel Serras en El País: el niño Nadal creció en un mundo de magia bajo la protección de su tío Toni, que le hizo creer que ganó cinco Tours, que tenía poderes y que había sido una estrella del calcio llamado Nadali ("Hombre, Nadali, ¿sigues jugando?", le saludó un día Txiki Begiristain delante del crío). Un día nublado jugó a los siete años un partido contra un chaval mayor y le dijo su tío: "Si te va mal no te preocupes, que haré llover". Con 3-2 perdiendo empezó a llover, y en el vestuario Rafa se acercó a su tío y le dijo: "‘Para ya la lluvia porque creo que le puedo ganar". El Nadal de los primeros Garros era un Arancho peleón y pesado que prometía más que lo que daba. Hubo cambios incluso de empuñadura aprovechando el estirón de la naturaleza y la explosión de su demoledora genética: sigue teniendo la misma mente de acero pero ahora ataca con la potencia de un jaguar, martilleando hasta la extenuación el talón de Aquiles de su rival. Despliega un tenis hostil, violento y racial: un estallido espectacular de golpes que nada que ver tiene con la seda de Federer, ese Zidane ‘basileo’ que ha elevado el tenis a la categoría de las bellas artes. En Wimbledon regalaron los dos un partido eterno. Inútil el esfuerzo del juez de silla en prohibir los flashes: hubo un momento del partido, allá por el tie break del cuarto set, en el que el público entendió estar frente a frente con la Historia. Como si no hubiesen pasado los años, allí estaban el niño, el tío y la lluvia en la central de Wimbledon derrocando al último dios. Pura magia.

5 comentarios:

yaya dijo...

Precioso. Casi consigues que me encandile con Nadal. Hicieron un partido impresionante el domingo, y la verdad es que Nadal mereció ganar. Pero yo, pese al insistente "Podemos" (o a lo mejor por eso) soy pro-Federer. Es arte en sí mismo. Ni se despeina, ni suda, ni chilla... Ya lo diría Risto: Nadal está en el andamio. Y Federer...

En fin, que felicidades a los "nadalistas"

M. dijo...

Yo también soy muy 'federero', pero con la cosa de la Eurocopa ando de un españolazo que te cagas.

En fin: modas.

Diarios de Rayuela dijo...

Una hermosa crónica para un partido memorable. Me confieso igualmente "federero", incluso aún más después de la humillación de París y de su digna derrota última. Si hasta Nadal reivindica al suizo cada vez que lo gana. Eso casi le redime de los constantes tironcitos en la tela del calzón que se le mete por la regaña. Como decía Leonard Cohen, antes de estudiar magia conviene saber etiqueta. (Y a pesar de todo, yo iba con Rafa.)
Un abrazo.

yaya dijo...

Yo otra vez. Es que acabo de ver lo que escribiste hace tiempo sobre Federer (soy vaga para los links) y me ha encantado. El tenis es uno de los pocos deportes (por no decir el único) que me engancha y me apasiona. Leyendo los comentarios a tu articulo de Federer sé que no voy a ser original, pero me arriesgo: yo también fui tenista (pero muy frustrada xD) Hacía mucho que no lo recordaba.

M. dijo...

Gracias Diarios y Yaya (impetuosa foto la que pusiste en el blog). Qué buena la frase de Cohen. Abrazos.