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martes, noviembre 20

Luz de Federer


Yo he hecho muy pocas cosas bien en la vida, pero tenía una buena derecha. Quiero decir que de niño le pegaba muy duro. Llevaba la raqueta atrás, flexionaba las piernas y elevaba el cuerpo pegándole a la pelota mientras subía. Era un golpe plano y ganador que aproximaba a las líneas. La bola andaba deprisa y yo me metía dentro de la pista para buscarla y no dejarla bajar. Aquel ejercicio gimnástico me dio muchas alegrías a nivel doméstico y llenó mi habitacion de trofeos que colocaba a uno y otro lado de los pósters de Marta Sánchez y Samantha Fox: en perfecta armonía la raqueta y la teta.

Con el tiempo, de la misma forma que otros dejan de crecer o les empieza a caer el pelo, mi derecha mudó a un golpe en exceso liftado que seguía aproximando a la línea, pero de fondo. Ya no había dureza, más que para envolver la bola con furia y que ésta botase lo más alto posible manteniendo al rival junto a la verja: un golpe formidable de peloteo y defensa, pero sin la contundencia ganadora del golpe plano. Nunca fui un deportista de excelencias, y dejé de competir cuando me di cuenta de que, ante un rival más débil, sentía más su derrota que mi victoria. El tenis es uno de esos deportes en los que la cabeza tiene que funcionar mejor que las piernas, y yo me estaba convirtiendo en una Amelie patética.

Pensaba en ello el domingo, calentándome las manos con leche hirviendo a las ocho y media de la mañana. Me había despertado media hora antes, estaban repasadas ya las portadas del día y Federer y Ferrer debían de estar estirando en los vestuarios de Shangai. De las entrevistas y reportajes anteriores sobre el español se desprendía una idea cercana: Ferrer se quiere lo justo, se tiene poco en cuenta y atribuye a los milagros sus victorias. Pasto para el crédulo ganado. Ferrer entra en la pista con un martillo y se deja en el bolsa, junto a los efectos personales, el cargo de conciencia. Los dos juegan de modo natural: Ferrer como un herrero y Federer como Nureyev. En ese matiz no sólo está la diferencia de Federer con el resto del mundo, sino del propio deporte concebido no como espectáculo, sino como arte.

Cada golpe de Roger Federer es una celebración, pero es la sucesión de todos ellos la que convierte su juego en algo distinto, sólo apreciable ya bajo las luces de la Historia. Ayer mismo lo dijo él, sin quererlo: “Podría jugar de forma más entretenida y hacer más golpes geniales, pero estaría jugando para el público y no para ganar”. La naturalidad de Federer, esa exquisitez genial que traslada el tenis a un estado superior, no es infrecuente a otros niveles. Miguel Casal lleva nueve años ganando el campeonato gallego de tenis sin renunciar a unas señas muy concretas: despojar a su tenis de artificios, a la manera que un escritor poda su hojarasca, y explotar su físico en la pista moviéndolo casi dulcemente, incorporando los golpes a esa coreografía majestuosa. Así era cuando me ganaba a mí y así debe de seguir siéndolo.

Cuando Federer sale a la pista la luz de la Historia lo ilumina desapasionadamente, con la furia con la que Zeus obsequiaba a Ulises en su retorno a Ítaca. Pero viéndolo correr con la raqueta levantada para ejecutar una derecha ya sabe uno que está delante de algo diferente. Sólo conduciendo la pelota por el campo el cuerpo de Zidane obedecía a una danza casi invisible que reducía voluntades: no era mejor que Maradona, pero era otra cosa. La clase siempre ha estado más cerca de la emoción íntima que del espectáculo de masas. Y si Federer es ya un mito bañado en oro es porque ha sabido colocarse los laureles de todos los tiempos dándole al público un tenis no demoledor ni sacrificado: un tenis diferente y de una pureza extrema que aún quemará cuando alguien lo toque después de muchas décadas.

9 comentarios:

DR dijo...

Qué alegría leerte esta entrada. Uno, que juega al tenis también, aunque muy en plan dominguero, tiene a ese tipo suizo en un altar. Sobre todo por elegante. Le pierde un poco de cerca esa cara algo rancia que se le pone cuando sonríe. Y esa novia sargentona que lo controla todo no con la tensión de quien quiere, sino de quien dirige. Pero una vez en la pista te desarma ese revés displicente, la sincronía de los golpes, la carrera nunca desesperada y sin embargo suficiente para llegar a tanta bola esquinada. La manera incluso en como viste, un poco antiguo y sobrio. Y me alegra también que sea así, que los diseñadores julandrones de su marca tengan que joderse y tragar, dejarse de manfloritadas y hacerle al tipo una camiseta y unos pantalones como Dios manda. Y me da que ese saber estar en la pista lo tiene fuera. Debería ser así al menos. Siempre se juega como se es. A mí, no hace mucho, un rival me dijo después de ganarme bien que mi problema era la impaciencia. Supongo que por eso me he puesto a escribir como un poseso al verte la foto del Federer en la entrada.
Un abrazo.

M. dijo...

(Disculpa la ausencia de tildes: tengo un virus hijodeputa dentro del ordenador y me salen as´´i: si alguien sabe algo, adelante)

Me alegra que compartamos la aficion, Diarios. Yo no cojo una raqueta desde hace ocho años : ha pasado tanto tiempo que prefiero quedarme con la ultima luz de lo que fui de pequeño. Hago el ridiculo ahora con el paddle, y me estoy empezando a dejar bigote.

Es curioso, pero la elegancia en tenis tiene mucho que ver con el reves simple, a una mano. De hecho, tiene muchisima mas clase y da una cierta idea del tenista que eres. Sobre el comportamiento de Federer fuera de la pista, tengo para mi que se sabe perfectamente en un momento central de la Historia: conoce la leyenda en torno a el, y esa responsabilidad le obliga a hacer un papel. Fuera de la pista, insisto. Creo con 18 y 19 años salia a la pista con pelo teñido, la camiseta por fuera y a pegarle a la bola como un cabestro. Imagino que todo genio necesita quemar esa etapa antisistema, por llamarla de alguna manera. Agassi debuto con vaqueros y mechas y acabo calvo y blanquito inmaculado ganando Wimbledon. Si, el tenis es un deporte que exige muchisima clase: yo creo que hasta en el modo de vestir. Siempre que pienso en Federer no lo veo jugando, sino entrando en la central de Wimbledon de blanco y oro. Parece un dios.

"Siempre se juega como se es". Mmmhhh. Hay quien aprovecha el tenis para convertirse en otra persona dentro de la pista. La competicion cambia a mucha gente. Y hasta el mas humilde y cabizbajo se transforma en un ganador soberbio y altanero dentro: supongo que esa mutacion es absolutamente necesaria para llegar a algo, despues de todo. Dentro de la pista, salvo el robo de bolas, todo se perdona. Una de las cosas mas fascinantes que yo recuerdo es la lucha psicologica: arañar tiempo en los cambios, acercarte a la linea en el segundo saque del rival, ¡incluso sacar de cuchara, como Michael Chang en aquella final de Roland Garros, en el quinto set contra Lendl! Aqui lo tienes, por si no lo recuerdas. Menudos huevos, y despues de cuatro horas de partido: con eso le destrozas los nervios al contrario.

http://www.youtube.com/watch?v=ANFHy-VeJxI

Bueno, te dejo con una seleccion de Federer. Es un poco larga, asi que si quieres saltate los cuatro primeros. No te pierdas a Roddick cruzando al pista para felicitarle. Y la cara de tonto que se le queda a Agassi con el punto que le acaba de hacer.

http://www.youtube.com/watch?v=zZRQEtAyiTM

Un abrazo.

Sir John More dijo...

Líbreme Iván Lendl de poner el más mínimo pero a vuestras palabras, porque este muchacho juega al tenis como debe jugarse, con seguridad, en el Olimpo. Sólo querría hacer un comentario leve, como un susurro, para recordar a ese David Ferrer que, si bien no tiene la elegancia y genialidad del amigo suizo, tiene una fuerza y un resto y unas ganas y... En el tenis, el saque a veces resulta determinante. No creo que lo haya sido ahora, pero me encantaría ver jugar a Ferrer (con un saque más depurado -¿cuándo, por dios bendito, va a salir un español con un saque de veras poderoso?- y con cinco centímetros más de altura) un partidito con el dios Federer. Sería muchísimo más interesante, aunque no apostaría la cabeza por Ferrer, claro...

Por cierto, ¡qué gustazo el público de Shangai después de tanto francés antiespañol y envidioso!

Abrazos listados.

M. dijo...

Estoy de acuerdo contigo. De hecho, Ferrer fue un martillo en Shangai. Hubo momentos en los fue absolutamente perfecto. Me recordó al Nalbandián de Paris: imparable. Pero Federer acabó jugando como un ángel. Yo me creo lo que dicen los rivales: a los dos minutos debes de tener el optimismo por los suelos.

Por eso el mérito de Nadal: tiene la mejor cabeza del circuito, y eso que es jovencísimo. Yo una vez, a Nadal, lo llamé Arancho. Era cuando corría demasiado para mi gusto. Pero está cambiando el juego. Es interesante. Y física y mentalmente es un fenómeno mundial.

En cuanto a Ferrer, siendo como es una máquina, a mí su forma de dar los golpes (en especial la derecha) me horroriza. Pero ojo: el estilo no da puntos. Y la bola le corre como una bestia.

(Se acabó el virus de las tildes: vuelvo a ser ortográficamente humano)

Diarios de Rayuela dijo...

Manuel, claro que recordaba a Chang haciendo la cuchara. Pero ha sido una gozada poder verlo de nuevo. Y las top ten de Federer las estoy viendo con mi hijo. Faltaría rematarlas con la imagen del suizo vestidito de blanco recogiendo la ensaladera.
Gracias y un apretón de la mano por encima de la red.

santymosky dijo...

Lo que me destroza moralmente de Federer es la sencillez de sus movimientos, de sus golpes, de sus gestos... HAce facilísimo lo casi imposible, y eso mata... Es muy bueno, sí, de los mejores de todos los tiempos, pero yo me sigo quedando con Ivan Lendl y Bjön Borg. Cuestión de gustos!

M. dijo...

Santy, bienvenido por aqui, hombre.

Diarios, me alegro de que disfrutes los videos, mas aun si es en compañia de tu familia.

(Volvi´´o el virus: fue un espejismo. Ortograficamente vuelvo a estar muerto)

Portorosa dijo...

También yo jugaba al tenis. No fui bueno, pero es el único deporte al que puedo decir que he sabido jugar.
El revés a una mano, desde luego, está a años-luz del otro, tan efectivo y seguro como tosco siempre.

También a mí me gusta la ropa de Federer, al contrario que todas esas camisetas horrorosas que son frecuentes. Por cierto (supongo que habéis visto el vídeo de las imitaciones de Djokovic), ¿no podría Nadal cambiar de putos pantalones y usar unos que le fuesen mínimamente cómodos y algo más holgaditos...?

Saludos.

M. dijo...

Tienes razon, Portorosa: es algo rarisimo lo de Nadal... Es como cuando veo a un futbolista llevarse una y otra vez el pelo detras de las orejas: ¿no es incomodo, joder? Creo que debe de formar parte de la rutina. Nadal se ha hecho ya a sacarse el pantalon del culo, y en eso va su concentracion: su parte (terrible) de liturgia. De acuerdo con lo del reves a una mano, seguro. Un abrazo.