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domingo, noviembre 16

La vida inmortal de Manuel y Elisa




Hay en Manuel y Elisa una música de fondo que acompaña la heroica vida de sus protagonistas: el jadeo. Es el jadeo de Elisa haciendo las camas de su casa, yendo a una esquina y otra a meter el dobladillo bajo el colchón: su bufido casi arrullador, constante, apenas perceptible, al sacudir la bajera mientras le cuenta a la cámara que ése es uno de los momentos más trabajosos del día. Es la sencilla tarea del hogar convertida en epopeya de singular belleza en una mujer octogenaria de O Rosal, casada desde hace 53 años con su marido, Manuel, que sale por la mañana a cortar leña, a cavar tierra y a quemar rastrojos viejos.

Esa respiración agitada va atravesando el filme con una lentitud crepuscular que dota a sus vidas de un sentido magnífico y apabullante. Ni siquiera la rendición vigilante de Elisa, ya al final del filme agarrada a una muleta y sentada en una silla dirigiendo esa labor casi artesana de hacer una cama, deja grietas para el pesimismo. Lo dijo el director Manuel Fernández-Valdés (Pontevedra, 1979) al tomar una decisión sobre aquello que tenía en sus manos: "Si ellos me lo permitían, haría un documental en el que contaría la historia de un matrimonio de ancianos campesinos que se levantan por las mañanas como si fueran inmortales".

Sobre esa base ha construido su ópera prima después pasar varias semanas conviviendo con el matrimonio. Su película es una arquitectura sencilla poblada de silencios que acaban adquiriendo, en su simbólico final, una belleza casi imperecedera. Después de todo Fernández-Valdés, fiel a un postulado, rueda una verdad despojada de retórica que ralentiza sin miedo en una búsqueda casi obsesiva por los pliegues de sus vidas. Hay humor, porque ya tras mostrárselo a los protagonistas, éstos calificaron la cinta de "comedia, pero no sabemos si esto le hará más gracia a nadie", y hay memoria: la del rural que jadea, y aquellas generaciones que van muriendo, testigos de un tiempo y pasto de la melancolía. Manuel habla de su mujer enferma sin dramas, y cita la muerte de ella, y acaso la muerte de él, y lo hace secándose el sudor mientras abre la tierra a paladas, cavando.

8 comentarios:

Julio Torres dijo...

Moi boa idea a deste director. Esta xente sí que se merece ser lembrada polo seu intenso traballo. E eles non rotan como os futbolistas. E cobran menos...

Iso si que é digno de ver: como se esforzan para saír adiante. Iso sí que é algo que todos deberiamos ver e non a bazofia de telerrealities e entrevisas basura

Un saúdo, compañeiro e paisano
Carpe Diem

M. dijo...

Jajaja, no, no rotan. Qué bueno! Un abrazo, Julio.

Jesús Miramón dijo...

Oh, estas cosas me interesan mucho mucho. Gracias por descubrírmelo, Manuel. Que se levantan por las mañanas como si fueran inmortales... Sí, eso es.

Un saludo.

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Seguro que conoces "El cielo gira", si no fuese así te la recomiendo encarecidamente.

Reina de Palandria dijo...

Coñezo unha historia semellante, si non igual. Ela chámase Dora e el Fortunato, casaron fai 33 anos e viviron dende entón nunha aldea de Lugo. El ten 73 anos agora e cada maña afanosamente coida dun rebaño de ovellas,acompañado sempre dos seus cans e dos gatos. Ela axuda, vai por leña, cociña e leva os temas económicos. A casa é grande e montaron un dormitorio ainda máis grande, de marqueses, que para iso traballaron toda a vida.
Afortunadamente a vida tamén e isto, facerse vello ao lado de alguén a quen amas, e que te acompañou durante toda a viaxe, e abrir a porta da casa cada mañá e pisar terra firme, escoitar cans ladrar, galos, bater de follas caendo en outono..., paxaros...E vivir para contar o que levamos nas costas, con unha pinga de morriña nos ollos...

M. dijo...

Me suena El cielo gira porque tuvo una excelente acogida el año pasado, Jesús. Acabo de leer la sinopsis y tiene una pinta estupenda. Seguiré tu consejo. En cuanto a Manuel y Elisa, no sé qué recorrido tendrá, pero espero que sea el suficiente como para que llegues a verla y celebrarla.

Conocía a una mujer de una aldea del Salnés, Reina de Palandria, que hacía lo de ella, lo de él y lo de su padre, que debía de tener entonces como 185 años. Y lo más curioso de todo es que se llamaba Escravitude. Si murió, apuesto lo que sea a que lo hizo antes que el padre.

Jano dijo...

Ví el vídeo sin saber quien era el autor, despues leí el articulo. Que grata fue mi sorpresa cuando el autor es un buen amigo personal.
La felicidad se refleja en la vida de estas dos personas; un cúmulo de grandes, únicos e irrepetibles momentos,en dos personas que son mucho más felices que muchos materialistas infelices,con los que solemos relacionarnos a diario.
Un saludo.

M. dijo...

"Ví el vídeo sin saber quien era el autor".

Así, así es como se deberían leer los libros y ver las películas: desconocidos y desprejuiciados. Un saludo, Jano.

Rober dijo...

Que alguien se dedique a hacer de estas historias de vida algo inmortal me parece un acto de responsabilidad. Que nos las perdamos es un pecado, pero que teniéndolas cerca no las queramos ver y valorar es imperdonable.

Me sobrecoge comprobar la fuerza y el sentido común de la sabiduría popular. Son dosis de esta sabiduría la que necesitamos hoy en día para poder sobrevivir a estos tiempos de "crisis".

Manuel, enhorabuena por la entrada, es ESPECTACULAR.