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jueves, marzo 29

Alberto Fortes

Conde-Duque me invita en su web a seguir “un memis de esos”. Un ‘meme’ es, en su vertiente científica y según las modernas teorías sobre la transmisión de la cultura a las nuevas generaciones, la unidad mínima de transmisión de la herencia cultural (wikipedia). Bajando el balón al piso diré, en lenguaje parroquial, que un ‘meme’ es una suerte de cadena que puede tener o mayor interés, y que suele buscar el conocimiento más amplio de una persona, o de sus circunstancias, y que se reproduce con rapidez por internet facilitando la conexión entre personas hasta entonces desconocidas mediante una fina aplicación de la teoría de redes. El “memis” que me envía Conde-Duque (que ya ha contestado al que le llegó a él, y gracias al cual conozco la existencia de George Santayana y su libro Personas y lugares. Fragmentos de autobiografía, de la Editorial Trotta) consiste en copiar las cinco primeras líneas del segundo párrafo de la página 139 del primer libro que tenga uno a mano. Estoy en el periódico y tengo junto a mí una maravilla de Alberto Fortes. Fortes es un escritor pontevedrés (con parada en Cela, Bueu) que se estrenó con uno de los títulos más bellos que he tenido la oportunidad de disfrutar (quien me conoce ya sabe que yo sólo leo los títulos de las novelas y a veces sus finales, y me solazo con ellos): Amargas han sido las horas, de Península. Hay dos estudios históricos de él considerados de referencia a quien guste del mar y la literatura: Navegantes, corsarios y piratas: Rías Baixas 1780-1850 (que entusiasmó al marino y académico Pérez Reverte al punto de dedicarle un artículo en El Semanal) y O Corsario. Vida e tempos de Juan Gago de Mendoza (que publicó Xerais hace dos años). Fortes lleva una virtud en los genes, como ya comprobó el jurado del Planeta con su hermana: escribe muy bien, y eso le acerca a quienes consideramos la escritura no sólo un medio, sino también un cierto fin. El libro que tengo aquí en la mesa se titula Memorias de Ravachol, está editado por Paradela, 10 y me lo envió hace unos meses, con la misma generosidad con la que desde hace ya unos años me obsequia sus trabajos nada más publicarlos. Comprenderán que para un pontevedrés de adopción sea estimulante conocer de primera persona las impresiones del loro Ravachol en aquella época dorada de finales del XIX, así que me salté la ley no escrita y leí la obra con la misma satisfacción con la que él, seguro, la escribió. Las primeras cinco líneas del segundo párrafo de la página 139 son éstas: “Todo el mundo sabe lo de su huevo, sí, que lo incubó un señor abnegado en su domicilio de la calle Oliva pero que fue fecundado en el guardarropa del teatro. ¡Pero si es la viva imagen de Virgilio, el avisador! Lo dicho, yo se lo suelto. Después, quién quiera entender que entienda. ¿Que soy un falso? ¿Que soy taimado? ¿Que tengo doblez? No, no y cien veces no. Doblez tiene el lenguaje de estos humanos, que aquí cada uno es muy libre de agarrar el sentido que más convenga a cada situación. Y no hay más cáscaras: todas me las he llevado al buche para triturar los alimentos”. No son las cinco primeras líneas, sino unas pocas más. En 2006 se editaron dos libros que cualquier pontevedrés (o asiduo) que muestre cierta curiosidad por la ciudad, su historia y su difunto más ilustre, debería tener ya en su biblioteca: Pontevedreses, de Arturo Ruibal, y Memorias de Ravachol, de Alberto Fortes. Precisamente en los dos (y yo no soy nada localista: incluso detesto el pontevedresismo egoista e imperante) encontré el pasado año las dos historias más divertidas que he leído en mucho tiempo: divertidas hasta suspender la lectura, apartar un momento el libro y reír con ganas. Un día de éstos, con el permiso de los autores y de Teddy Bautista, las relato. Hasta entonces, intenten leerlos en su formato original.

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El 'meme' requiere una salida: necesita circular. Voy a aprovecharlo para satisfacer una íntima curiosidad: llevo tiempo queriendo leer las cinco primeras líneas del segundo párrafo de la página 139 del libro más cercano de Rabudo, Brétemas y Lara Moreno

8 comentarios:

conde-duque dijo...

¡El loro Ravachol es mítico! (Este verano le hice una foto a su estatua, con la Peregrina al fondo; a ver si la pongo en el blog...)
Mientras esperamos a que escribas un libro sobre "Pontevedreses ilustres y otras historias curiosas", nos conformaremos con esos posts que nos prometes.
No conocía esos dos libros de los que hablas (sólo soy pontevedrés de temporada veraniega y por vía paterna), pero tienen muy buena pinta. Habrá que conseguirlos...
Un saludo, M.

rabudo dijo...

Las cinco primeras líneas del segundo párrafo de la página 139 del libro que tengo más cerca (tengo muchos a la misma distancia, pero el inconsciente me ha mandado a éste) dicen así: "Les separaban cuarenta años, pero vivían en el mismo siglo y, si Terenci Moix estaba enamorado de los faraones del Nilo, no había razón alguna para que Marina no se enamorase de alguien nacido unas quintas más tarde que Tutankamon". Aquí acaba el párrafo, que se entiende mejor con la entradilla que va, en letra diferente, justo encima: "Cuando Marina se casó con él, don Camilo estaba vivo, así que no pueden acusarla de profanación de cadáver".
Efectivamente, Historias del Savoy de José Luis Alvite, editado por Ézaro. El día que se despidió de La Voz, Alvite se confesó incapaz de leer el discurso que nos tenía preparado, así que me pidió a mí que lo leyera, a la vez que me nombraba "su heredero natural". Ya me gustaría llegarle a los callos de los meñiques aunque, en rigor, cogí el testigo de la crónica de sucesos, que todavía no he soltado. Es el Alvite que un día me dijo en el Galo de Ouro -y repitió después en más de una entrevista-: "Sólo creo en las cosas que dejan olor en el retrete".
Un saludo.

M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
M. dijo...

(El suprimido fui yo, con una montaña de erratas)

Joder, Nacho, vas y citas a Alvite. Fue lo primero que yo leí de La Voz de Galicia: lo primero de lo que, al menos, tengo recuerdo. Guardo muchos artículos y unas cuantas entrevistas a Humprey Bogart y personajes del estilo que hizo en una sección memorable. Es una putada que te haya nombrado "heredero natural" y a la vez un honor inmenso: lo primero porque él es único y lo segundo porque una persona de su talla tiene que tener un juicio crítico admirable. No imagino un premio mayor, señor Galicia Comunicaciòn 2006, que el que te dio años ha Josè Luis Alvite: de verdad que no lo imagino. Mi calurosa enhorabuena.

PD: Lo confieso: me has dejado un poco tocado, porque Alvite es un señor al que ya en mi primera juventud imitaba horrorosamente (algunos artículos llegué a publicarlos, tal era mi ausencia de ridículo), y al que seguì leyendo con entusiasmo, admiraciòn y una profunda(y sana, y bonita) envidia. He dicho muchas veces que daría un brazo por firmar un párrafo suyo: nunca exageré. Un saludo.

Querido Conde, te aconsejo esos libros fervientemente (y, desde luego, Historia de Savoy, de Alvite, y todo lo que caces de él: escribió mucho en Diario 16, y trabajó, no sé si aún, con Carlos Herrera en la radio. Ahora escribe en el Faro: lo hizo durante muchísimos años en La Voz. Hace poco le dedicó un artículo a José Luis Gómez, que fue el que lo contrató). La estatua de Ravachol es reciente, de José Luis Penado. Saludos.

PD: Por cierto, tengo una fiesta privada montada en el blog de Mabalot, aprovechando que no está. Hoy ya me retiro, porque mañana madrugo, pero me pasaré de vez en cuando por allí a romper los jarrones y hacer el gamberro. Sòlo se admiten confesiones y chorradas. Hay que superar una tasa mínima de alcohol para entrar,creo.

M. dijo...

Historias del Savoy, no "Historia de Savoy"

Ni suprimiéndome...

Lara dijo...

Me han dicho que tenía un beso y resulta que tengo un encargo circular, así que bien, me incorporo, atuso la almohada, alargo la mano, página 139. Ahí va:

"El 1 de julio Paul embarcó en el buque de vapor Ferncape rumbo a Casablanca. Le acompañaba Gordon Sager, que trabajaba por entonces en el manuscrito de Run Sheep Run:
'El día que teníamos que irnos, por la mañana, Gordon llegó muy pronto, varias horas antes de que tuviéramos que embarcar. En vista de la cantidad de equipaje que yo llevaba, llamé a la agencia de alquiler Cadillac y pedí un coche que nos llevara a la zona de Brooklyn Sur. Almorzamos y empecé a recoger mis cosas. Enseguida me di cuenta de que mi pasaporte se había extraviado. <...> Justo antes de que llegara el coche, lo encontré al fondo de la cómoda, debajo de un ordenado montón de ropa interior de Jane. Era todo un misterio; Jane afirmó que no sabía nada. Pero era la única persona que había estado en el apartamento. La miramos acusadoramente. Se echó a reír: "Sabes que no quiero que te vayas. Así que habré sido yo".'

..."

Estas más de cinco primeras líneas pertenecen a un sitio al que yo aún no había llegado de la biografía de Jane Bowles escrita por Millicent Dillon y publicada por Circe.

Gracias por la invitación al juego, gracias por presentarme al loro Ravachol, gracias por sacarme de la modorra en la que me había dejado una película mala de María Ripoll y gracias en general.

Mañana, después del café, vendré a ver cómo andan vuestros patios. A ver qué leen, y qué beben.

asdf dijo...

Hola! SOy yo!!
Qué tal!!!

Pasaba por aquí y me acordé de Oulipo.

M. dijo...

Coño, gracias Asdf. No sabía nada de Oulipo, hasta ahora.

Para los no iniciados: http://es.wikipedia.org/wiki/OuLiPo