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martes, marzo 13

¿Qué sabemos de Madame Bovary?

Una de las grandes discusiones de la historia de la literatura la protagonizaron Marcel Proust y Charles Agustine Sainte-Beuve. Proust rebate los argumentos de Sainte-Beuve cuando éste llevaba muerto medio siglo: le tenía ganas. Sainte-Beuve fue un crítico literario muy particular que defendía una curiosa teoría: hay que conocer la vida de un autor para poder entender las claves de su obra, y toda ella es el leal reflejo de su biografía. Fue un atrevido y un provocador cuyo método fue denostado por otros críticos y encontró casi cincuenta años después su definitivo hundimiento en una suerte de ensayo novelado de Marcel Proust, que tituló su obra de una manera muy críptica: Contra Saint-Beuve. En ella el autor de En busca del tiempo perdido levanta la bandera de la identidad esencialmente artística del escritor, desvinculada por completo de su identidad privada y el universo en el que ella se desenvuelve. “Una cosa es lo que soy y otra lo que escribo”, viene a decir Proust, que pobló las páginas de su gran obra del ambiente de la época con un fuerte componente autobiográfico. Es un debate interesante que, en materia política, tiene hoy en España a Zapatero como pieza ejemplar del método Saint-Beuve: ¿es posible explicar la política de la memoria histórica (además de otros valores ligados al insistente republicanismo cívico de Petit) del líder socialista sin conocer en profundidad su recorrido vital y la influencia, y herencia, de aquel abuelo republicano, capitán Lozano, fusilado por los nacionales? Probablemente en política hubiera encontrado mucha más defensa Saint-Beuve de su método. En literatura, conociendo la afición de tantos escritores por alejarse de sí mismos, es más complicado. Son muchos los autores que se nutren de su vida, y de lo que en ella contemplan, pero no cree uno que a través de su psique social puedan adivinarse las claves de sus obras: son también muchos los que encuentran en el placer de la escritura el mismo placer que en el de la huida, el disfraz, la distracción. El método llevó a Saint-Beuve a practicar un biografismo casi salvaje, pero en cierto modo inútil. De su época ensalzó a autores hoy olvidados y se ensañó con Stendhal y Baudelaire, entre otros. Por qué no acabó loco trazando la biografía del autor de Las flores del mal, y abriendo las puertas de su vida para llegar al fondo de sus poemas, es algo que se nos escapa: quizás haya que indagar en la vida de Saint-Beuve para saber las directrices por las que regía su obra, que era su crítica. Hay discrepancias con Proust, una de ellas sonada (entrevista de Ramón González Férriz a Arcadi Espada en Letras Libres, octubre 2004): “Saint-Beuve ha acabado teniendo razón. Por mucho que Proust dijera que la obra no es hija de un ser social... Eso es pura retórica. El proceso mediante el cual la vida de un escritor, aun para impugnarla, se convierte en materia literaria, es uno de los procesos más fascinantes de la literatura, quizá el que más”. En su Contra Catalunya (evocador título), Espada ya expone su punto de vista sobre el asunto. Pero a mí todavía me fascina el secreto, aún me rinde el misterio: prefiero, incluso, el momento en el que la materia literaria se va transformando, despacio y masticando, en vida, y no me cuesta imaginar el proceso que llevó a Holden Caulfield a encerrarse en una montaña bajo el nombre de J. D. Salinger (“me gustaría ser sordomudo”). Flaubert dijo aquello de que Madame Bovary era él, pero para mí fue siempre una gran puta. No por lo que hace (el adulterio femenino es la manera más elegante de hacer valer la paridad, ¡y estábamos en el siglo XIX!) sino por lo que se cree. Pero esto, como diría Espada, ya es retórica.

6 comentarios:

asdf dijo...

En plena posmodernidad, lo que expuso en su día Saint-Beuve no es asumible como válido. Sí en muchos casos, sobre todo en el pasado aún reciente, pero no actualmente; desde Pessoa en adelante, la biografía literaria es un hecho in-creado o recreado. Arcadi es un anacrónico, en su pensamiento político y más aún fuera de él cuando se va a lo literario. ¿Eso es independencia? Así nos va.

Ch. Werther dijo...

Es difícil defender muchas de las perlas que lanza Arcadi Espada.
Yo creo que nombrarlo es único que no procede en tu magnífico texto.
Pero esto es sólo una opinión personal.
Gracias Jabois por referirte tantas veces a los grandes autores como Proust, yo tuve una época que estaba verdaderamente obsesionada con su vida y su obra.
Saludos.

Portorosa dijo...

A mí Arcadi me cae gordo (que no es lo mismo que tener mal concepto de él, por supuesto), pero ése es otro tema.

Yo no tengo ni idea de psicología, pero a mí me parece (la ignorancia, que es atrevida, ya saben) evidente que la vida del autor se refleja en su obra como mínimo de modo inconsciente. Es decir, la vida hace a la persona, y lo que la persona escribe sale de ella, la refleja a ella; aunque sea Asimov escribiendo "Fundación" o Lovecraft hablando de seres monstruosos.

Pues claro que en su obra se puede ver su vida, claro que escribimos desde nuestra vida.

Vamos, digo yo.

asdf dijo...

A Portorosa, pues creo que a mí comentario se refiere.

En mi trabajo, a veces, me aburro y caigo en el error (demasiado habitual últimamente) de colgar comentario en algún que otro blog (en dos solamente, (éste y otro, (era fácil))).
Tiendo a precipitarme y a no explicarme.
A mí Arcadi me parece un anacrónico y muy parcial. Se le llama independiente porque no sigue a pies puntillas las doctrinas preimpuestas por unas siglas concretas, cosa que, todos sabemos, hacen muchos periodistas; pero su independencia se basa en una opinión extemporánea llena de prejuicios.
Creo yo, vamos.

Que la vida de un autor está presente en su obra, es cierto y no. No pretendía negarlo, sólo quería decir (y no lo hice por lo releído) que no es generalizable.
Es cierto que muchos autores escriben de un modo autobiográfico más directa o indirectamente, pero no siempre es así, y menos en los últimos tiempos. Se podría poner como ya he dicho a Pessoa como primera piedra en el proceso de invención de personalidades. Por supuesto, se pueden buscar aspectos psicológicos, e incluso psiquiátricos en su escritura, pero abrió una brecha. Uno de los rasgos de la posmodernidad es la disolución del sujeto. Algunos hablan del fin de la historia y del presente continuo, el fin de las utopías comienza en esta falsa utopía capitalista que convierte al hombre en un nodo de entrada masiva de información, que se transforma en energía inútil de salida. No hay ya proyectos en los países (no, España no lo es) posinustriales y posmodernos para el hombre, que se diluye entonces en la creación de realidades paralelas a una realidad puesta muy en duda desde todos los campos de conocimiento.
Está claro que se pueden buscar aspectos biográficos que expliquen (y que explican) o que ayuden desentrañar los entresijos de la obra de muchos artistas (literatos artistas, no esos noveladores de Greatest hits, se entienda), pero resulta una tarea más complicada y engañosa, si nos vamos a otro tipo de escritores. No es lo mismo buscar aspectos personales que justifiquen los poemas de Gil de Biedma, que los relatos de Borges. Pienso por ejemplo en Fonollosa e Pablo García Casado de por aquí, y como no en Persona de Bergmann (sí, es cierto que se ha escrito mucho sobre la relación de Bergmann y su padre y la religión, etcétera, etcétera. Esta película está por encima de todo lo que de él se quiera decir, el resto es no entenderlo), y en muchísimos otros.
Sería un esfuerzo vano y que induciría a error.

No sigo más que ya llega y seguro que aburro.

Saludos.

Pd: Ruíz de Samaniego sabe infinitamente más de esto que yo. El otro día fue entrevistado en el Babelia y dijo esto:
“desde el punto de vista de la hermenéutica solamente son posibles las experiencias si se tienen expectativas, por eso una persona de experiencia no es la que ha acumulado más vivencias, sino la que está capacitada para permitírselas”

Portorosa dijo...

Pues no, no iba por su comentario, sino por todo el conjunto, pero bueno, gracias por el interés.

Creo que no me ha entendido en lo de Arcadi. O, mejor dicho, no había gran cosa que entender, pues no contestaba a nadie, sino que daba mi opinión sobre él. En cualquier caso, ahora que he visto su opinión puedo decirle que más o menos la comparto.

En cuanto a lo último, sólo quiero insistir en que me parece que la vida del autor se refleja en su obra, como en todo lo que hacemos. Lo cual no quiere decir que crea que es autobiográfica; no tiene nada que ver.

Un abrazo.

Lulú dijo...

Un poderoso sentimento de culpabilidade porque ninguén alzara unha voz neste recuncho en favor do mestre non me deixaba descansar. "(Arcadi Espada) tiene un problema con la verdad: él cree que el periodismo tiene un compromiso con ella y hay quien cree que no hay que ponerse así. Lo creen especialmente muchos periodistas, que encuentran desmedida la responsabilidad ética que se les quiere atribuir. Son muchos los que no pueden entender ese compromiso, porque en el fondo desprecian profundamente el oficio. Entre ese desprecio y el desprecio que de ese desprecio hace Espada, que tira adelante como si tal cosa con una prosa ambiciosa, impenetrable para los despreciadores, el entendimiento se pone muy difícil". Charo González de Prada