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jueves, septiembre 18

Lapa

Jaime Rosales presenta en San Sebastián una película sobre los hechos de Capbreton: el asesinato de dos guardias civiles tras un encuentro fortuito con unos etarras en una cafetería de la región francesa de Las Landas en diciembre de 2007. El material es impoluto y las crónicas de entonces reflejaron como nunca el miedo: los cruces de miradas, las conversaciones en voz alta, la sospecha e incluso el bulto del hierro. Probablemente todo muy aventurado, sostenido por el sedal de la intuición, pero también a veces el periodismo tiene derecho a regodearse en sus excesos, y el lector reclama películas. Rosales ha cogido el material y ha hecho una en 14 días, que es más o menos el plazo que le dio ETA al Gobierno para que entregase las armas (y los días, curiosamente, que tardó el Gobierno en reaccionar). Se llama Un tiro en la cabeza y la segunda parte la rodó en directo, sin montaje previo ni actores contratados, un policía de Bilbao que circuló diez kilómetros con una bomba lapa colocada en los bajos del coche. El simbolismo es agotador: la sociedad viajando con su particular espada de Damocles. Así perdió Eduardo Madina una pierna, pero qué es una pierna hoy en día. Habría que revisar, llegada la hora de la reparación, los nombres de los otros mártires de esta romántica guerrilla: los que viven y aún lo cuentan, pese a que una bala les atravesó la cara o una bomba les reventó las piernas. Rosales, cineasta experimental autor de La soledad, se ha ido al laboratorio de ideas que lleva cociéndose en la sociedad vasca desde hace cuatro décadas para pasear la cámara por el último hito: la muerte improvisada. Rodara lo que rodara, rodó miedo. "Daríamos risa sino diésemos miedo", hizo decir a un etarra en su momento El Roto. Miedo no es conducir con una bomba bajo el coche, porque eso lo puede hacer cualquiera, sino saberlo. A medida que ETA se hace mayor (y ya lo es tanto como Franco) se hace también más sutil. Y como en el cine, a menudo la sugerencia es el arma más eficaz.

2 comentarios:

Diarios de Rayuela dijo...

Qué versalitidad, Manuel. En tres días una isla (la de Ons, la conocí hace tres o cuatro años, desde Portonovo: una auténtica maravilla -y vaya manera de preparar el pulpo-); un alcalde (más que un alcalde, efectivamente, como sucede con el Barça); y una película (ví La Soledad y no me disgustó, me gustaría ver pronto el nuevo trabajo de Rosales). Qué versatilidad, reitero, y qué bien escrito todo.
Un abrazo.

M. dijo...

Pulpo a la caldeirada, especialidad de la isla. Ya ves que tiene que estar uno picando en todas las piedras. Gracias, Diarios, y otro abrazo