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martes, noviembre 7

París

Los gatos se desperezaban como un tren de lana que arranca al mediodía, y un sol de luz pálida se filtraba por la persiana de aquel otoño, cuando el frío se deslizaba como una anguila por el techo húmedo de la buhardilla. Era un París cruel y adorable, irrepetible, de tipos con sangre en blanco y negro que rastreaban su futuro por las calles en esqueleto. Los sablazos de la memoria me devuelven aquel París empapado de lluvia y recuerdos. A mi amigo Ramón Rozas le recuerda a Monet: a mí me recuerda que hay que escribir de los lugares que aún no se han visitado, de la gente que todavía no se ha conocido y de las mujeres que están por amar. Y me recuerda a Hemingway. Y a mí mismo leyéndolo con pasión diez años atrás. Al joven Ernest le despertaban los gatos en su rincón abuhardillado, tenía frío en las manos al escribir y se dormía cada noche junto a su primer amor. Todo en Hemingway era puro: desde él mismo hasta su talento, sus relatos desprovistos de lírica, sencillos a la manera de Gertrude Stein, que bautizó a los chicos como Generation Perdue ("Eso es lo que son ustedes. Todos los jóvenes que sirvieron en la guerra. Una generación perdida"). Hemingway retrató el proceso de maduración de un escritor con una frase envidiable, a la altura de sí mismo. Fue tras recorrer de un vistazo duro y nostálgico aquellos años de París, las correrías con Ezra Pound, Fitzgerald o Ford Maddox Ford, tras escribir cuentos y tras acabar (fue la última línea de ese libro) París era una fiesta, antes de que, corrompido y atrapado por la desesperación, se descerrajase dos plomazos en la boca y su última mujer encontrase la tapa de sus sesos goteando en el techo. "Cuando éramos más jóvenes y más felices", había escrito el viejo capitán recordando al joven.

2 comentarios:

nerea (bilbo) dijo...

nunca volveremos a ser tan jóvenes como hoy

Anónimo dijo...

Que pena que la bronquitis cronica, a causa del dioxido de carbono provocado por los cientos de miles de automoviles que circulan por la ciudad, acabe con las miticas escenas de Godard y companhia.
Pero vayamos al refranero cinematografico (tan sabio e idealista por otra parte): Siempre nos quedara... Madrid? (jejeje)
Serafin Alonso