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lunes, diciembre 11

Alejandra

A Alejandra le pedí un beso y ella se escandalizó y dijo ‘no’ y dejamos pasar los días. Así nos conocimos. Poco sabía yo que Alejandra pertenecía a una generación robada, a una generación aplastada, sin inocencia ni esperanza. Y que en Viña del Mar se paseaban en su infancia fantasmas con capa y gorra, un punto siniestros, con el bigote recortado manchado de sangre. Alejandra es chilena, hija de la dictadura, y creció a finales de los setenta sabiendo que el hombre del saco merodeaba por allí: el hombre del saco taladraba las manos de Víctor Jara en el Estadio Nacional y ordenaba, sin imaginar que el presidente se suicidaría, arrojar el cuerpo de Salvador Allende en mitad del océano. “Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país... Pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando”, dijo el general, ocurrente. El hombre del saco de las noches de Alejandra era uno en varios cuerpos, invisibles, ingeniosos: entrenaban a perros para que supiesen violar prisioneras. Alejandra se curó viajando y cuando la conocí este verano estaba en San Sebastián cuidando a Matilde, una niña listísima que creía en el planeta de los helados. Alejandra tenía los ojos grandes como nueces y apenas hablaba de Pinochet y del 11 de septiembre de 1973. Y aunque no hablaba, y paseaba en silencio por La Concha sonriéndole al suelo, yo sabía que ella era Chile, y en aquella mirada, en aquella niña de 27 años, viajaba la Historia de su país, fusilada por los escuadrones de la muerte. Luego Alejandra vino a visitarme a Galicia y yo no fui tan encantador, quizás porque uno desprecia aquello que quiere y acaba rompiéndolo todo, como un niño malcriado. Pero todavía la recuerdo e imagino creciendo: la única luz entre las altas sombras de Viña, Valparaíso y Santiago. Una estrella sin capa y bigote. Una paloma entre lobos.
Pontevedra, 14-09-2003

1 comentario:

dana dijo...

un texto bellísimo

qué pasó con alejandra?

“una paloma entre lobos”