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martes, diciembre 5

El día del gañán

Corría el minuto no sé cuantos de un Real Madrid-Racing de hace unas jornadas, y un tal Garay clavó un golazo en la escuadra de Casillas poniendo el balón a trescientos kilómetros a la hora. Probablemente Juninho Pernambucano soñase algún día con marcar un gol así. O él, o Koeman, al que también le gustaban las cosas de las faltas. Al silencio del Bernabéu le siguió el silencio de la cafetería, hasta que el colega que tenía al lado apuró el mosto y dijo: “¿Tú te fijaste que en todos los partidos contra el Madrid siempre aparece un gañán haciendo algo que no va a volver a hacer en su vida?”. Lo pensamos ambos en silencio, mientras el bar ya masticaba el gol: era verdad. Es un hecho científico incontestable. No es que ya los rivales se crezcan en el Bernábeu y saquen lo mejor de sí mismos y sea un escaparate formidable y todas esas cosas, que también: es que hay un gañán por equipo que se convierte, automáticamente y por obra de un milagro, en un Maradona de noventa minutos. Hay casos inolvidables, pero uno de los más llamativos (por las consecuencias funestas que tuvo para el Madrid) es el de Munitis. Munitis es un jugador tirando a Paco Llorente pero sin llevar la sangre de Gento: o sea, uno del montón. Contra el Madrid montó cada espectáculo verbenero que no hubo más cojones que ficharlo. Ya con la camiseta blanca, Munitis perdió el origen de su talento: enfrentarse al Madrid. Y se diluyó en carreritas sin sentido por el prado madrileño, amagando de vez en cuando con regatear a Salgado, que eso sí lo sabía hacer muy bien, hasta que le dieron puerta. Por supuesto, al año siguiente y de nuevo en el Racing, Munitis jugó el mejor partido de su vida y marcó dos golazos... contra el Madrid. Hay más casos que deberían ser estudiados con profundidad. El último de ellos es el de Carew: un gigante torpón que pasó sin pena ni gloria por el Valencia y que calienta banquillo en Lyon. Salió hace dos semanas a jugar en el Bernabéu y parecía haber bajado de Marte. Destreza, calidad, fuerza, desmarque y puntería. Un Van Basten fusionado con Romario: la locura. Pasó el Madrid y volvió Carew al baúl de la mediocridad, de la gañanería, donde se amontonan las cenicientas incapaces de vivir otro sueño dorado que no sea el de machacar al Madrid.

2 comentarios:

Lulú dijo...

Ti e o teu insufrible madridismo.

Anónimo dijo...

como tienes los santos huevos de decir que munitis es un jugador del montón? pero tú sabes de fútbol? yo creo ke no