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martes, octubre 16

Planetario

El Planeta es un premio que interesa mucho más por lo que sugiere que por lo que acaba siendo. Quiere decirse que seduce más el cásting que recorre los medios en los días anteriores que la traca de la elección final, chisporroteante y efectista, lacaya de la exigencia mediática y comercial de los grandes almacenes: el Noche de Fiesta del late night literario. A menudo la literatura se lo pone fácil a Lara: suele trabajarse una prosa El Corte Inglés bajo un rostro familiar y cercano, y acaban todos los ejemplares envueltos en papel de regalo debajo de un abeto. No sé si ha sido el caso. Los nombres lanzados por la propaganda prometían combinaciones felices: ahí estaban Antonio Gómez Rufo, Boris Izaguirre, Juan José Millás y Fernando Savater saltando de un lado a otro en el bombo de la suerte. Soñábamos con una noche mágica de Champions: Izaguirre levantando el Planeta y Savater finalista. El triunfo absoluto de la Ficción: la megalómana respuesta editorial a los desafíos de la vida. Y ahí queda la gira promocional que no pudo ser: Boris zapateando sobre las mesas enseñando la bragueta mientras Savater se coloca las gafas con una sonrisa flácida y rellena boletos del hipódromo. Lara no anduvo fino: no vio el negocio. O eso, o Savater está para otras cosas, seguro menos importantes que el Planeta. Una agencia de noticias incluyó también a Javier Marías, y aquello fue el delirio: Marías, finalizada su trilogía de mil y pico páginas hace tres semanas, ganador del Planeta. Marías escribiendo el último volumen de Tu rostro mañana, donde evoca a amigos cercanos y muertos e incluso a su padre, también muerto, con ese rigor envolvente de la que dice su mejor obra, y fabricando de paso un Planeta a mano cambiada para sacar una tajada. Luego en algunos diarios leí que el que sonaba era Fernando Marías: sería eso. El premio se lo dieron a Millás por El Mundo, una biografía novelada de la infancia de Pedro J. Ramírez. Hace ya algunos años que no sigo a Millás en prensa. Lo dejé con Aznar y hace poco volví a leerlo y tuve que mirar la fecha de la cabecera: seguía con Aznar. Millás fue una época feliz y de sus columnas mamé con delicada fruición. Eran los años de Aznar, efectivamente, y todos andábamos un poco con aquello. Luego Aznar se fue y Millás le dio paso también a Rajoy y sus héroes del 11-M, que venía a ser lo mismo. Pero ya no estaban en el poder, ni el uno ni el otro, y sus artículos caducaron repentinamente: dejaron de tener sentido, como el propio PP. Siempre me costó comulgar con ruedas de molinos, incluso de aquellos a quienes imitaba sin empacho, caso del propio Millás. No digo yo que no haya que criticar al PP, pero hacer de eso una forma de vida es algo verdaderamente muy extraño, como diría el propio Millás. La soledad era esto, Tonto, muerto, bastardo e invisible y El orden alfabético son novelas que a mí me gustaron mucho, especialmente la primera. No dudo del Millás literario, así que a lo mejor estas Navidades me compro un abeto. A Boris Izaguirre lo dejaron finalista por dos razones: por ser Boris Izaguirre (ya podía haber escrito la Ilíada, que no ganaba: bueno, con la Ilíada el Planeta no lo gana nadie) y porque en El Corte Inglés lo conocen todos.

8 comentarios:

erasmo dijo...

Está usted muy acertado últimamente. Lo mejor:"...bueno, con la Ilíada el Planeta no lo gana nadie". Es un comentario brillante y acertado, en mi opinión. No recuerdo haber leído nunca un premio Planeta. Y me alegro porque no tengo la sensación de haber perdido nada.

Ah!, y no se compre un abeto, hombre de Dios que eso es muy americano. De montar algo atrévase a montar el belén y cuéntenoslo de paso.

Enhorabuena por el artículo.

Saludos, E.

J. A. Montano dijo...

En efecto: está usted cuajando como un gran articulista. Enhorabuena.

M. dijo...

Montano, siempre cuento con orgullo que el mayor halago que recibí nunca fue éste:

"(61) Ignacio dijo...
Sin mirar el link me juego el Möet Chandon que me ha sobrado a que el autor del comentario de ahí arriba, firmado M, es el Atleta Sexual. No hay ningún columnista en España que escriba mejor".

Su comentario es bienvenido: mucho. Gracias.

PD: Le debo un correo, que espero escribirle pronto. Tiene que ver con ese poema que usted tanto cita, La bella pelirroja, y unas cuantas influencias más que fui heredando con su lectura.

Erasmo, yo sí leí algún Planeta, y recuerdo con (discreto) agrado uno especial: La muchacha de las bragas de oro, de Marsé. Tenía quince años y no lo abrí por Marsé, sino por pajillero. Luego la vida me trató un poco mejor y en casa compraron un vídeo. Desde entonces no he vuelto a abrir un libro.

Por cierto, leí sus envíos. Y muy curioso el comentario de la entrada anterior. Miraré de buscarle algo en la construcción, no se preocupe. Ya sabe que yo aquí muevo el cotarro.

Saludos.

Alba dijo...

Lo único bueno de no tener tiempo para visitarle durante un par de semanas... es que al volver las historias nunca terminan.

Besazos niño!

M. dijo...

Hay un error (por omisión) en la columna: la novela de Millás que realmente me gusta es El desorden de tu nombre.

Alba, besiños.

Mabalot dijo...

Ostias, se me pasó el turno...
Es cierto que todos los planetas son para el abeto; pero esa compenetración que tú ves Planeta-El Corte Inglés me parece un poco de conspiración judeomasónica o danbrowniana.
Ni una ni otra son oenegés; Planeta vende libros y El Corte Inglés vende a su madre si hace falta, y entre eso van saliendo también muchos libros.
Y, hombre, algo más que Izaguirre conocen y leen, creo.
Con dios.

Portorosa dijo...

Brillante, todo brillante. Ni que hubiese pasado la RAE por aquí haciendo su trabajo...

Un abrazo.

M. dijo...

Jeje, Mabalot, sabía que me ibas a entrar: desde el mismito momento en que me ví escribiéndolo. Tienes razón, cómo no te la voy a dar. Pero a veces uno necesita de esas licencias para escenificar un planteamiento. A ver si ahora resulta que la buena literatura sólo se encuentra en pequeñas librerías escondidas al alcance de privilegiados. Por supuesto que no. Y buena parte de mi (pequeña, discretita) biblioteca procede de sitios tan poco glamurosos como Carrefour o El Corte Inglés. Y no son libros de César Vidal. Un abrazo.

Gracias, Porto. A por el sillón M.