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martes, abril 29

Todos novelistas

Para que no faltase de nada en su discurso de entrada en la Academia, en ese domingo de gloria al que todo intelectual tiene derecho en la vida, a Javier Marías no se le olvidó dejar salir a sus fantasmas. A Andrés Trapiello, sí, y por poco a las procesiones y a las comunidades de vecinos. Que eligiese un escenario de pompa y una hora trascendente no lo eleva a él, sino a su enemigo. “Poco importa que a Don Quijote o a Sherlock Holmes les hayan surgido escritores aprovechados (a Cervantes le sucedió hasta en vida) que hayan intentado prolongar sus aventuras y redibujar sus personalidades”, dijo abriendo la jaula por la que salió Al morir Don Quijote, la trapelliana prolongación de la leyenda. Ya todo es viejo. Me lo escribió ayer el amigo Mabalot: “No creo que el duelo Marías-Trapiello dejé muy bien a cualquiera de los dos, aunque son realmente la cara y la cruz de la literatura española: por generación, por estética y sobre todo porque los dos son insistentes hasta el aburrimiento en sus santorales, tan distintos el uno del otro. Incluso se podría saber si a uno de los dos le gusta un autor sabiendo qué le parece sólo al otro. Uno, que si Benet hasta en la sopa, y el otro Galdós, como si los hubiesen descubierto ellos”. De Benet dejó dicho Trapiello en su diario (que tan buenos enemigos le ha procurado: en el último volumen recuerda con indisimulado aprecio a Juan Cruz y Sánchez-Ostiz) que era un “ingeniero engreído al que comparan con Faulkner”, y de Trapiello vino a decir Marías que era el novelista “más inepto” de España. La guerra se fue luego a otras latitudes, y el hastío de Marías con el aniversario del Quijote tuvo respuesta días después por parte de Trapiello (“acabo de leer esto por ahí, en el artículo de uno”) con un artículo (Quita tus sucias manos de mi Mozart) publicado hace tres años que tituló inspirándose en aquel otro célebre de Manuel Vicent (No pongas tus sucias manos sobre Mozart). Todo bellamente ejecutado, porque las disputas literarias tienen a veces tanta altura estética como cierta y hasta comprensible miseria vanidosa. Claro que en este discurso Marías dijo algo tormentoso: “la ficción es el único medio para no deformar la realidad”, “en el momento en que se aspira a que la palabra reproduzca lo acontecido, lo que se está haciendo es suplantar y falsear esto último”, “cualquiera que se dedique a contar algo cierto será susceptible de ser corregido, enmendado, aumentado o desmentido” y, por tanto, “sólo podemos contar lo que nunca ha sucedido”. Provocadoramente ligero, desde luego, y hasta un punto descorazonador en la parte tocante al periodismo. Contestó ayer Arcadi Espada largamente, avisando: “la puerilidad de algunas de las afirmaciones de Marías es casi sorprendente”. O sea, que no llega a sorprendente: ¿cómo es esa puerilidad? Ay, el burbujeante champán de la lengua.

8 comentarios:

Mabalot dijo...

Guerra, guerra... No pocas veces pienso que todas esas disputas son de patio de colegio. Las mismas cosas, en otro tema, que cuando teníamos doce años o menos y el mundo se reducía a lo que dice pepito de mí y lo que yo le contesto. Quiero decir, que vuelo intelectual, poco.
Claro que los dos viven de lo que escriben, y eso dará para afinar el colmillo con más ánimo.

A Trapiello, que es a quién más leo, mucho más, le recriminaría su estricto santoral, sus contados dioses, repetidos una y otra vez. Bien; heredó de Baroja esa impermeabilidad, a veces, cerril, en lo literario.

Lo curioso es que Trapiello casi suscribiría una por una las afirmaciones de Marías en su discurso. En eso comparten planteamientos.

The sea, the sky, the dust dijo...

Todos novelistas, me encanta acerca de sus opiniones y discrepancias y vanidades. Saludos

Portorosa dijo...

Es que no entiendo cómo te puede gustar A. Espada, Manuel. ¡Me parece un tío tan cretino, tan gilipollas! Ay, Dios, qué engreimiento tan ridículo, sentando cátedra sobre todo y enmendándole la plana a todos desde esa prepotencia, siempre a dos palmos del sucio suelo... En fin, me callo que me pierdo.

Un saludo.

M. dijo...

Jejeje...

Levanta pasiones Espada. Como escribe todos los días, algunos días me gusta mucho, otros no tanto y algunos está, definitivamente, aborrecible.

Pero vamos, que sí: que lo leo siempre. Ahora, como tú piensa mucha gente. O sea que algo lleva el agua cuando la bendicen.

Un abrazo, y gracias por tus comentarios.

Portorosa dijo...

Sin ánimo de dedicarle mucho tiempo: fíjate en lo que dice de las frases de Marías (y que conste que a mí Marías me da igual), que si son infantiles, que si en realidad lo que cree todo el mundo (que lo sabe él, claro) es lo contrario... En fin, que Marías está hablando de literatura y haciendo literatura (guste o no cómo la hace), y viene el otro y se pone a hablar de otra cosa, prácticamente de política, y a interpretar cada frase literalmente y con cara de malas pulgas. Yo lo he leído poco, pero no me lo imagino leyendo poesía sin analizarla con una condescendiente sonrisa de medio lado. Que es que creo que debe de estar siempre de mala leche, no sé. A mí me parece una caricatura. Sin contar con que, políticamente, me parece lo que te decía ayer, que está a dos palmos del suelo, que su realidad es verdaderamente selectiva, elitista.

Y, además, sus putos "oxímoron": siempre dice "oxímoron", siempre tiene un hueco para él. ¿Y por qué dice quiá?, ¿pero quién coño usa esa expresión?, ¿la tiene que utilizar todos los días...?

:)
Un abrazo, Manuel.

M. dijo...

Esa impresión tuya no es certera, pero se le acerca. Creo que escribe con una sonrisa de medio lado, achicando los ojos, bañado en soberbia. A veces la deja traslucir tanto que tengo la impresión de que se parodia.

Más hostia que a Marías fue a Ruiz Zafón, no sé si lo leíste. Y en cuanto a los oxímorom y sus quiá, ya es identidad genética: su personal librillo de estilo. Por lo demás, brillante análisis aunque yo lo interprete desde la distancia que me da cierta cercanía (cercanía de puntos de vista, quiero decir) con él.

Un abrazo querido Porto.

M. dijo...

Que la impresión tuya no es certera lo pienso yo, claro: al volver a leer el comentario parece mía la palabra de Dios.

:)

Portorosa dijo...

Ya, no te preocupes, que así lo había entendido.
No, no leí lo que dices; de hecho, es que casi nunca le leo nada, y ése es el primer pero que debe hacérsele a mi "análisis".

Un abrazo, Manuel.