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lunes, abril 23

Baja extracción

“Cuando yo tenía catorce años
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa,
me cogía la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón”

Después de veinte años, Antonio Gamoneda



Al día siguiente de cumplir catorce años el niño estaba a las cinco de la madrugada cargando carbón en la caldera del Banco Mercantil mientras su madre, a kilómetros de distancia, inclinaba la cabeza sobre una máquina Singer. El muchacho se convirtió en un tipo “alto, feo y delgado”, evocador del legendario “feo, católico y sentimental” que años atrás se atribuyó tan dignamente Valle-Inclán: y ya viejo Antonio Gamoneda se puso por primera vez el chaqué rodeado de señores importantes que supieron desde la cuna cuáles eran los cubiertos del pescado. “Es una cosa complicadísima esto del chaqué. Uno no sabe cómo se enganchan los tirantes ni cómo se pone la corbata, si por fuera o por dentro del chaleco”, comentó luego. El adolescente pobre aprendió a leer con el único libro que había en su casa y muchos años después recibió del Rey de España el premio Cervantes a toda una obra vasta y ejemplar. El tránsito es parte de la leyenda y a ella corresponde auscultarla. De todas las historias extraordinarias de la vida la de los suyos (“los de la pobreza”, nombró él) es la más poderosa. Y a la pobreza, con certeza de pobre, le dedicó su discurso: “Hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con ella”, dijo tras recordar que no tuvo libros, y que tampoco tuvo estudios. Y evocó a los otros pobres, contando entre ellos al propio Cervantes y citando de paso a César Vallejo. Vallejo se paseaba por París sin esqueleto y murió de pobre o de frío, tanto tiene. A veces la cultura sin embargo presta más atención a sus apóstoles, y les permite recoger una larga cosecha y gozar de la gracia de la sociedad. “Yo vengo de la penuria y del trabajo alienante. Mis fuentes, en lo que concierne al saber son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción”, casi recitó ayer, ya soberano y crecido como un río, el poeta Gamoneda. Lo primero que dijo al llegar a los periodistas fue que se había acordado mucho de sus padres: el padre muerto antes de que él cumpliese un año y la madre que inclinaba la cabeza sobre la Singer, cosiendo sin querer los trapos dulces y pobres del destino. El saber conduce a la extracción y por fin el reconocimiento lleva directamente al corazón: quienes lo labraron, y quienes disfrutaron de él y su palabra. En todo ese recorrido a través de la Historia habría lugar para todas las pasiones que forjan una vida. Entre las calderas de carbón y el premio Cervantes no hay tanta diferencia: apenas unos pocos años, ni siquiera un siglo, y las gotas despiadadas del esfuerzo sangrando versos magistrales con los que alimentar, despacio, el esqueleto flaco de aquel niño oscuro y tranquilo.

10 comentarios:

Portorosa dijo...

(Joder, y ahora tres textos para leer... ¿Ves como no te dosificas, Manuel?)

M. dijo...

No, no, no es eso. Los publiqué el jueves, el domingo y hoy mismo. Lo que ocurre es que a veces, por unas razones u otras, tardo algunos días en colgarlos. Como soy bastante dejado (más de lo prudente, incluso) hasta ayer no me dediqué a irlos metiendo. Sí, los tres a la vez. Un nuevo suspenso en lo que diste en llamar "marketing blogueiro". Mea culpita. Saludos, Portorosa.

Jorge dijo...

no soy asiduo al diario, pero hoy en un repaso inusual reparé en tu columna (a leer que decía mi paisano) sobre todo por el lastre poético que arrastraba por andar en medio Gamoneda. y bien, cortés al uso con el condecorado, pero birlaste, creo, la descripción calificativo a Umbral (véase su columna del viernes o el sábado, no me acuerdo el día en cuestión)que no evoca en nada a Valle, por cierto. pero supongo deberías hacer constar al Maestro parafraseado.
a todo esto te felicito por el estilo, creo es la manera de que tu prosa crezca, bebiendo mucho de Francisco Umbral y Raúl del Pozo por citar a dos dioses del asunto.
bueno perdona por la inclusión de mi humilde opinión, pero ya digo como eres del pueblo me animé a postear, además puede ser que me anime a comprar el diario no solo cuando hay municipales,, saludos

M. dijo...

Hola Jorge. Leo mucho a Umbral, un poco menos a Del Pozo, y la expresión “alto, feo y delgado” la citó el propio Gamoneda ayer en una crónica de Efe, de ahí el entrecomillado.

Le copypasteo: Cuando se le decía que estaba guapo, contestaba que hace poco le dijeron "en letra impresa" que era "alto, feo y delgado. Ahora, si he mejorado en los últimos diez años o diez meses, pues mejor".

Ahora sé que quien se lo dijo en letra impresa fue Umbral, el divino Umbral (de quien admiro tanto su escritura como deploro su pesada y espesa Rajoyfilia).

Saludos y gracias por la aclaración y tus palabras.

asdf dijo...

Mi devoción por Gamoneda me viene de lejos (no demasiado), y en parte del azar. Un día, teniendo apenas 17 años, encontré, revolviendo entre los ejemplares de la biblioteca pública, una obra titulada “el libro del frío” y me llollevé a casa. Su ritmo, su habla, su magia… me cautivaron para siempre, y no sólo me cautivaron sino que la música de esos versos es la que en muchas ocasiones acompasa mis movimientos y aterciopela mis toscas palabras.

En “El cuerpo de los símbolos” recoge Gamoneda un pequeño texto en el que habla de la capacidad de sugestión que tienen ciertos libros, y de cómo lo marcan a uno, sobretodo (o casi tan sólo) en los años mozos.

A mi ninguno me ha dejado una huella tan indeleble como aquel. Quizás se le acerque “Descripción de la mentira” también del mismo autor, y otros muy pocos se le aproximan, pero tampoco los voy a enumerar ahora.

Uno de los momentos más emotivos de mi vida, sucedió el pasado Noviembre cuando el Mismísimo Antonio Gamoneda vino a Pontevedra a pronunciar unas palabras y recitar unos versos. El silencio en el teatro fue sublime, la intensidad de aquellos minutos aún resuena en mí.
Ferrín lo dijo ya en la presentación: emulando a Eliot le llamó il miglior fabbro, y prosiguió vaticinando que aquella sería una velada inolvidable.
Lo fue.

Después Yo me tomé un vino con Gamoneda. Se lo diré a mis nietos o a quien sea, y nunca la palabra Yo me llenará tanto la boca.

Saludos.

M. dijo...

Intuí que se pasaría por aquí a decir algo de Gamoneda, también de su estancia en Pontevedra: a usted le gusta mucho la poesía, habla mucho de ella y se le ve entendido en ella. Le admiro, no sólo por su sensibilidad sino por ese vino compartido con él.

Si aún no lo tiene, hágase con el discurso pronunciado ayer por Gamoneda. A los periodistas que cubren habitualmente la ceremonia del Cervantes les ha parecido el mejor en muchos años. Además del de Gamoneda, leí no sé si hace dos años el discurso de Sánchez-Ferlosio: otra maravilla.

Un saludo.

Ch. Werther dijo...

Umbral, un columnista a veces brillante, pero con una humanamente deleznable.
No mezclen ese nombre en nada referido a Gamoneda.
Muchos admiran el discurso de ayer de Gamoneda, pero sólo algunos podemos comprenderlo y llorar con él.
Gracias Jabois, soñé que usted hablaría de Gamoneda hoy.

Erasmo dijo...

No discutiré si Gamoneda es un gran poeta. Creo que hay que esperar unos quinientos años antes de discutir eso. Por otro lado, de nada sirve discutir acerca de gustos, en parte porque muchos gustos están por encima de toda discusión. Creo que la belleza es algo incontestable, tanto en un poema como en una mujer. Dicho esto, siento discrepar con todos ustedes, porque a mí Gamoneda no me dice nada. Quizá es que me falta sensibilidad para comprender una poesía que considero obtusa, sin punta.

Saludos, E.

asdf dijo...

Muchas gracias por la recomendación, Manuel. He leído el discurso y más o menos se mantiene en su línea; me ha llamado la atención su mención a Valente, por inesperada, teniendo en cuenta lo que uno y otro han escrito.

A Erasmo:
Respeto, por supuesto, totalmente su opinión. Pero me parece su comentario plagado de errores. Esperar quinientos años, ¿a qué? El concepto de belleza cambia constantemente, joyas literarias actuales no significa que lo sean porque dentro de quinientos años se vayan a ver de esa manera. Mirar hacia delante me parece un planteamiento equivocado, y demasiado extendido por desgracia y gracia de Harold Bloom.
Arriba he mentado a Valente. Siendo éste un poeta que me encanta, nada sería de él si no fuese por las excesivas influencias de Edmond Jabés y Paul Celan. El propio Celan, considerado el poeta más importante surgido posteriormente a la segunda guerra mundial, tiene grandes deudas de sus lecturas, y no sólo por reescrituras (posmodernidad, posmodernidad…) pues no era eso lo que hacía exactamente, sino por imágenes directas emprestadas, de Osip Mandelstam sobre todo, especialmente de sus Cuadernos de Voronezh. A quién tiene Mandelstam? A nadie (que yo sepa, que es lo mismo que saber muy poco).
Esto se sabe ahora y aún así Celan es un genio incomparable, y dentro de 200 años, a Valente apenas se le va a leer y a Celan mucho. A Mandelstam? –Ya veremos, quizás tan sólo, para encontrar claves en la críptica escritura celaniana; o no; creo que Mandelstam es uno de esos grandes poetas un tanto ocultos, como le pasó durante tanto tiempo al propio Gamoneda, en un país dirigido intelectualmente por pseudosizquierdistas que habían vendido su silencio por una buena posición en los círculos literarios normalizados.
Perdón, me emociono y me pierdo. y que conste que esto lo digo con bastante indiferencia. Yo soy joven y no he tenido que tragarme a tanto incapaz, y ya el tiempo se les acaba, aunque todavía se les puede ver en la televisión defendiendo sandeces y en revistas de la credibilidad de Que leer o el Babelia.

Prosigo: “muchos gustos están por encima de toda discusión”. Esto no tengo muy claro como interpretarlo, con lo que no voy a incidir en ello, por miedo a equivocarme.

Luego comenta que Gamoneda no le dice nada. Decir, dicen los charlatanes y los políticos, la poesía instaura verdades, recrea el mundo e intensifica nuestra vida en el proceso. La poesía es una vía de conocimiento, dice el mundo, lo deconstruye la mirada y lo reconstruye la palabra. ¿Poesía obtusa y sin punta? No sé cuales son sus gustos en lo que a poesía se refiere, ni a otras cosas, lo que si sé es que la poesía no tiene porque tener punta, en cuestiones de poesía, hay pa’un cesto, la riqueza está en la variedad, unas veces con punta, y otras sin punta.

Perdón por el exceso y por las molestias. Repito Erasmo que respeto su opinión y quisiera no parecer ofensivo ni ofendido.

Saludos para ti Manuel y para todos los demás que por aquí se pasen.

Lara dijo...

Volví de Berlín (el avión me trajo, por desgracia). Encendí Radio Círculo. Oí lo de Gamoneda. Sonreí. Ahora te visito, y aquí lo encuentro. Un beso.