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sábado, abril 14

Cuba

El paraíso sentimental se derrumbó pronto: la revolución socialista era para unos pocos, y los ideales no eran un fin, sino un medio. La biografía novelada de Castro pergeñada por Norberto Fuentes, estrecho colaborador de él, desliza la sugerencia histórica que ya casi nadie pone en solfa: Fidel envió al Che al matadero y procuró que no saliese con vida. La política exterior del Gobierno socialista español tiene en Cuba su particular cubo de la vergüenza, aplicando con el régimen la táctica insólita del apaciguamiento, de la mano tranquila frotando el lomo de la pantera sin perder la mirada en los huesos de sus víctimas. Dentro de esa política hay un éxtasis cercano: el que protagonizó el ministro Moratinos en su última visita a Cuba. Llegó a la isla, evitó a la disidencia, firmó un aumento de cooperación con la dictadura, presumió de un vago acuerdo político según el cual se trataría el asunto de los derechos humanos con el régimen y escuchó, impasible el ademán, cómo el ministro de Exteriores cubano matizaba que eso no tenía nada que ver con presos políticos porque de eso en Cuba no hay, sino “mercenarios pagados por las potencias mundiales”. Debió acordarse entonces el ministro del infame papel que la Historia le ha asignado: el mismo que desempeñó Estados Unidos con Franco: el apoyo, el silencio, el desprecio por la oposición y sus presos (ya no, para qué, por sus fusilados). Lo que debería hacer Moratinos en el próximo viaje es hacerse acompañar por Pedro Zerolo para interesarse por los avances sociales en materia de homosexualidad: ya no se considera una “enfermedad” ni está prohibida por Ley, aunque sigue controlada de cerca por la policía (no sé cuánto de cerca, probablemente sean los agentes como aquí los curas). Muy revolucionario todo, desde luego: sobre todo en estos tiempos.

10 comentarios:

erasmo dijo...

Estimado Jabois, me temo que lo tendrá usted muy difícil para viajar a Cuba mientras dure la dictadura castrista. Esta gente ni olvida ni perdona. Lo más probable es que ya haya engrosado las filas de la lista negra que la Seguridad del Estado cubano tiene para periodistas. Con lo que ha escrito, no le avala ni el mismísimo Llamazares que estudió allí medicina. Aunque no es el único que mira para otro lado, éste sí que es más sectario e hipócrita con el régimen castrista.

Cuba representa para los españoles la perla del Caribe. Da la sensación de que tenemos con ellos una deuda histórica (?). El otro día leí un informe sobre el sentimiento hacia España de los países iberoamericanos y, asómbrese, los que más nos aprecian son los cubanos y los que menos, por este orden, los mexicanos y los brasileños. Tiene sentido. México aún no ha digerido las andanzas de Cortés por el Yucatán, ni la influencia que los exiliados republicanos tuvieron sobre la "inteligentsia azteca" en los años de la postguerra civil. Y de Brasil, qué decir, pues que hay que reconocer que la cultura lusitana tiene más peso que la española.

Franco, como dictador, se entendía a las mil maravillas con Fidel. Lógico. A los dictadores no es que les disguste la libertad. Todo lo contrario, les encanta. La aman tanto que no solo quieren la suya sino también la de los demás. La fascinación por Fidel también encandiló a Adolfo Suárez, que alcanzó un acuerdo con el comandante para comprarle caña de azúcar a precios superiores a los del mercado. Y lo mismo le sucedió a Felipe González, que le perdonó una deuda de 6.000 millones de pesetas de las de los años ochenta. Y a Fraga, que compartió mesa y mantel con su paisano, disfrutando del gaiterío mientras comían empanada y lacón con grelos...Así que no es de extrañar que ZP haga lo mismo. Solo que nuestro presidente lo hace de manera más descarada. Primero nombra a un embajador, Zaldívar, que tiene ideas comunistas, luego establece unos lazos de unión privilegiados con Venezuela, Cuba y Bolivia para llevarle la contraria al resto del mundo (¡Spain is diferent¡) , después desprecia a la disidencia y a los presos políticos que aún hay en la isla y ahora, en otro más de los capítulos de nuestra errática y equivocada política exterior, manda a Moratinos a darle por el riau a la declaración de los derechos humanos en aquel país. Verdaderamente estimado Jabois, presiento que la progresía española está en franca decadencia.

Suyo, E.

Miranda dijo...

No soporto a la gente que pasa sus vacaciones en Cuba.
Bueno, en general la gente que busca "exotismo" y sensaciones viajeras me produce una especie de mezcla entre desprecio y aburrimiento.

La palma se la llevan los que buscan países baratitos para vivir como dios y follar y comer...mientras les miran con ojos de hambre desde la acera de enfrente.

Los que viajan a Cuba son la purria de todo esto junto.

M.

M. dijo...

"Verdaderamente estimado Jabois, presiento que la progresía española está en franca decadencia".

Comparto el grueso de su espléndido y lúcido comentario (nunca espero menos de usted), pero no se pase, no se pase...

Un afectuoso saludo.

No estoy de acuerdo con tu comentario, Miranda. A mí me gustaría mucho conocer la Cuba comunista. No es una cuestión de sexo ni de exotismo, sino de curiosidad digamos intelectual. La pobreza ya me la sé: he estado en muchos sitios de ésos en los que los niños rodeados de moscas te suplican siquiera una mirada para que te los lleves clavados al Primer Mundo y los pasees por internet, que es para ellos como para nosotros Marte. He tenido la oportunidad este año de viajar a Cuba y a punto he estado, pero ha podido mi memoria sentimental: el cine que he visto y la literatura con la que he crecido, por eso voy a pasar veinte días en Estados Unidos, empezando por Woody Allen: Manhattan. Me rinden las emociones fuertes, y la dictadura no es una de ellas: sí lo es sentarme junto al río Hudson bajo el puente de Queensboro con mi Diane Keaton particular. Ya han ido a Cuba amigos muy cercanos por mí, y me lo han contado, algunos con esperanza, otros con decepción. Yo entiendo lo que representa Cuba, y sobre todo lo que fue: el triunfo inédito del socialismo sobre una casa de putas regentada por Estados Unidos.

Pero mira los trapos, incluso morales, que se han quedado allí.

Un beso.

Portorosa dijo...

Magnífico comentario, Manuel (y me refiero al comentario, no al artículo, porque me ha gustado más).

Yo también querría emular a Allen.

En fin, querría tantas cosas...

Miranda dijo...

No compares.
Tienes esas cosas de viajero literario postinero, no es lo mismo.
Yo hablo de los que van porque es la oferta más cutrebarata del mercado.

Quédate en casa, pordios!, compra sangría y lee a Salgari, abusón!.


En cualquier caso, ya que habábamos de Pepe hace poco, opino como él.
No hay que viajar a sitios que no han hollado los romanos, y aún así...fueron a algunos que tampoco...

Siempre me han dicho que llevo pintas de la Keaton en sus juveniles épocas, y el mejor piropo que me han echo es que mi casa parecía una de esas que saca Woody. Es un colmo esto de las referencias comparativas...
Espero que disfrutes del viaje, es una buena idea. Me da envidiuca...poca.

A Cuba...ni con una inyección de aquellas del negrata del Equipo A.

M.

erasmo dijo...

No me mal interprete estimado Jabois. Cuando me refiero a la progresía, estoy hablando de aquélla que no tiene principios, o que ha renunciado a ellos, que le da igual ocho que ochenta, que se asienta en un nihilismo insoportable y que en un ejercicio de falsedad ideológica y deshonestidad está dispuesta a ser más burguesa que nadie sin renunciar a sus privilegios. Como usted sabe, soy un escéptico en eso de las ideologías políticas. He hecho guardias en muchas garitas y ya he mudado muchas conchas para que me la metan doblada.

Suyo, E.

DR dijo...

Vengo de leer la narración de un paseo por el rastro de Conde-Duque -muy recomendable, por cierto-, en el que cuenta se encontró, entre otras cosas, con una manifestación de republicanos (de partidarios de la IIIª se entiende). Tal y como los describe -muy bien-, parece que se haya topado con una de esas sectas cuyos miembros son tan dados a vestirse todos del mismo modo -de azafrán, con banderita rojigualda de lacoste, peinados con cazoleta euskalduna o enrastados en mugre-. Supongo que esta tendencia a uniformarse tiene que ver con la comodidad que da pensar lo mismo todos juntos y según lo que nos marca alguien más espabilado, con la confortabilidad que produce habituarnos a unos pocos y evitar así los dolores de cabeza que producen las enemistades que genera la reflexión autosuficiente.

Tiene esto que ver, aunque no lo parezca, con Cuba y su artículo, su excelente artículo, querido Manuel. Hay mucha gente en la izquierda a la que parece desgarrársele el alma cuando se mentan los despropósitos del régimen cubano. Es como si no seguir defendiendo el castrismo les supusiera algo así como traicionar su propia biografía.
Uno, al que le han gustado tanto de joven las trovas de Silvio y de Pablo, que pegó en sus carpetas universitarias la foto con la que Korda inmortalizó al Ché, no puede sino sentirse por ello más obligado a condenar ahora el sinsetido castrista, el mismo que otros repudiaban entonces asegurándonos con conocimiento de causa que aquellos afectos revolucionarios nuestros no eran sino folklore de niños bien alimentados en sociedades mucho más avanzadas, democrática y económicamente.
Me temo que quienes en el presente siguen empeñados en vendernos las bondades del régimen cubano se parecen mcuho a los que se manifestaban cerca del rastro de Madrid el domingo -quizás sean los mismos, o parte de ellos-, un montón de gente que aún no se ha tomado la molestia de ponerse en la piel -la empatía ayuda a verlo todo con mayor claridad- de las jineteras -esa sola vergüenza debería de ruborizar a cualquier progesista de bien-, de los balseros -las pateras del Caribe-, de los homosexuales perseguidos, de los presos políticos o, simplemente, de quienes han de asistir -todos los cubanos- a esa demostración de Estado surrealista que supone ver en la televisión única al jefe del Estado (de por vida) embutido en chandal, preparado para correr sus últimos metros de vida mientras intenta dejarlo todo atado y bien atado (a qué nos suena).

M. dijo...

Erasmo, perfectamente aclarado. Yo no podría definirlo mejor. Lo voy a repetir porque casi le diría que me apasiona ese análisis: "Cuando me refiero a la progresía, estoy hablando de aquélla que no tiene principios, o que ha renunciado a ellos, que le da igual ocho que ochenta, que se asienta en un nihilismo insoportable y que en un ejercicio de falsedad ideológica y deshonestidad está dispuesta a ser más burguesa que nadie sin renunciar a sus privilegios". Por cierto, como usted y yo departimos en alguna ocasión sobre Hermann Terstch, no debería perderse esta entrevista, que creo le interesará. Le anticipo que no comparto lo que dice nuestro periodista, pero siempre lo he tenido en cuenta y lo he leído con íntima devoción: http://www.bastaya.org/uploads/noticias/index.php?id=13069

Diarios, creo que ya he dicho en alguna ocasión que uno de los placeres más gratos de colgar mi trabajo en la red es comprobar que en muchas ocasiones los comentarios superan en interés al artículo que los provoca. Afortunadamente, eso pasa muy a menudo.

Excuso decirle que el suyo de hoy, con ese maravilloso final, es uno de ellos. Un saludo.

Anónimo dijo...

Eminem, tambien hai otra manera de ver lo que sucede en cuba, sin negar que puedan haber existido casos de quiebra de las libertades individuales y colectivas, donde no las hay? "Es curioso ver cómo esta isla que no dispone de recursos económicos significativos y no representa un interés estratégico atiza tanta codicia y desencadena tantas pasiones. Pero Cuba se beneficia de un patrimonio histórico y de un valor simbólico inestimables: este país representa la insumisión y la resistencia práctica en todos los países del Tercer Mundo. Incapaces de minar la revolución cubana en sus fundamentos, sus adversarios intentan desestabilizarla por medio del argumento ad hominem. Efectivamente, es más fácil desacreditar a la persona que defiende unos argumentos que los propios argumentos.

Es muy interesante observar que la percepción de los latinoamericanos de Fidel Castro difiere totalmente de la de los europeos. Para los unos es un personaje benévolo y valiente mientras que para los otros es el clásico dictador.

Los países occidentales no han parado de anatematizarlo desde que llegó al poder. Se da a entender que todos los que amenazan su poder personal, en el mejor de los casos son encarcelados y en el peor asesinados: Así, habría ordenado matar a Camilo Cienfuegos, uno de sus más cercanos compañeros de armas, por haber puesto en entredicho sus órdenes; habría enviado al Che a Bolivia debido a enfoques irreconciliables y habría hecho ejecutar a Arnaldo Ochoa que abogaba por reformas. ¿Hay algún indicio que apoye acusaciones de semejante calibre? No. Hay que conformarse con rumores, suposiciones o conclusiones precipitadas. El objetivo se alcanza: se trata de inculcar la duda y destruir su imagen.

Lo que no deja lugar a dudas, en cambio, son los programas de asistencia médica -"Operación Milagro"- y educación -"Misión Robinson"- que Cuba desarrolla en el marco de la cooperación Sur-Sur y la ayuda al desarrollo. Cuba envía a las regiones más desfavorecidas de Latinoamérica médicos y profesores para luchar contra las infecciones sociales y el analfabetismo. En Venezuela hay más de 20.000 trabajadores médicos a pie de obra. De la misma forma hay que aplaudir la importante ayuda que Cuba envió a Pakistán con motivo del seísmo devastador. La prensa dominante no manifiesta el más mínimo interés por estas misiones humanitarias a gran escala que Cuba lleva a cabo en Latinoamérica, África o Asia".

Porque los medios se centran en Cuba y no en Arabia Saudi, Rusia, Colombia, etc? tendriamos que pensar en ello?

Anónimo dijo...

El problema de los europeos, y en especial los españoles (progres o no) es que continúan mirando a Cuba como una prolongación (física o mental) de su propia existencia, y así, nos hacen depositarios sin quererlo, y tal vez sin merecerlo, de sus propias esperanzas y frustaciones. Por eso es tan común escuchar hablar de la revolución cubana como "faro de libertad", "esperanza de los pueblos" o "desafío al imperialismo" como en sentido totalmente contrario (los comentarios aquí vertidos son el mejor ejemplo de ello)
Sinceramente, creo que es demasiada responsabilidad para un pueblo que sólo aspira a construir su propio destino, con aciertos y equivocaciones, como cualquier otro pueblo del mundo. Dejad de mirarnos con vuestras ideas preconcebidas acerca del bien y del mal y si en verdad nos aprecian tanto como nosotros a ustedes, dejadnos en paz.