Me he trasladado! Redireccionando...

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viernes, mayo 18

Diario de Campaña ("¡Es que me tenéis harta, joder!")

Como hacer el amor por primera vez con la luz encendida, seguir nadando sin saber que tu padre te ha soltado los tobillos o sorber por la pajita el primer trago de alcohol en un vaso de plástico: así debe ser para un ciudadano común que de repente un periodista le plante la grabadora en la boca y le pregunte algo. Es un desvirgue un tanto vergonzoso que uno comprobó azorado las primeras veces que salía del coche en Sanxenxo con un magnefotón que imponía más que las preguntas, que ya era difícil. Hay quien tiene tablas y responde con solvencia y luego están los mejores: los que no saben si están hablando en directo por la radio o les están grabando en la Primera mediante algún oscuro mecanismo. Entonces se produce el fenómeno: el vecino que te hablaba con naturalidad minutos antes, coge aire cuando se enciende la luz roja de la grabadora y comienza a largarse un discurso por peteneras, seleccionando con horror las palabras y poblando de gerundios y participios, zona noble del verbo, su particular monólogo. Pongo por caso: un incendio en una calle de Portonovo. El periodista caza a un vecino, que le explica la versión tranquilamente (“estaba ceando coa miña muller, vendo a televisión, e escoitei uns ruidos tremendos do piso de arriba, como se explotase algo, e xa saímos a carreira ela e máis eu escaleiras abaixo”) y luego el periodista se identifica, enseña la grabadora y le pide recoger las declaraciones. El vecino pasa a ser testigo, así lo concluye él, toma aire y después de unos segundos de vacilación en los que analiza la trascendencia de su declaración, exige no identificarse y comienza su castellana exposición: “Estando yo en la hora de la cena, acompañado de mi mujer mientras veíamos ambos el televisor, me pareció escuchar supuestamente un ruido tremendo que procedía del piso superior”. Así es nuestra enternecedora primera vez con la prensa. Estos días de campaña nos ha tocado al fotógrafo y a mí a salir a la calle para coger el pulso del ciudadano y abordarlo para que nos cuente algo de las elecciones. Son siete encuestas que salen en un faldón de página con fotografía, nombre y apellidos. Es un ejercicio ingrato, pero hay reacciones fenomenales: 1) La típica es la del señor que te aparta con malos modos, incluso arreándote en la mano que sostiene la grabadora. 2) La estúpida es la de la señora que se lo toma a cachondeo, te responde tres paridas una detrás de la otra, se deja hacer la foto casi posando y al preguntarle su nombre y apellidos te contesta, brava, que “de eso nada”. Juego con dos posibilidades: un apellido PTV (Pontevedra Toda la Vida) o algo más atroz: una Bin Laden o algo más tenebroso. 3) La más trascendente es la de ese señor bajito que primero mira dubitativo al periodista y luego entiende el alcance del momento. Ese señor escucha con interés la pregunta, después la rumia con tiento y pide, por favor, que se le repita. Una vez digerida, se seca el sudor con un pañuelito blanco de iniciales bordadas en azul y se eleva unos centímetros: ya está preparado, tras una pausa eterna, para cambiar el rumbo del Gobierno municipal, y quién sabe si también de la Moncloa. 4) Pero la más graciosa de todas, sin duda, es la señorita que accede a responderte después de varios intentos, y que al ver la cámara satisface un deseo íntimo alimentado durante años chupando programas del corazón: se le enciende la mirada de rabia y placer, levanta la mano como tantas veces se la vio levantar a la Pantoja y suelta gritando a la carrera: “¡Fotos no! ¡Es que me tenéis harta, joder!” mientras intenta abrir la puerta trasera de un coche cualquiera para meterse dentro y atizar el cristal con una revista: “¡A mi niño ni una foto, hijo de puta”.

6 comentarios:

Miranda dijo...

A mi me hacen mucha gracia los que hablan relatando las cosas con redacción de atestado de la Guardia Civil.

Beso.
M.

Mabalot dijo...

Qué bueno.
Hasta las elecciones pueden ser divertidas.

Se está inaugurando una generación (¡¡¡la del 2007!!1) en el blog de Conde-Duque. Pásate a tomar algo, porque tienes todas las papeletas para estar incluido.

Portorosa dijo...

Oye, Manuel, te debo decenas de lecturas. ¡Es que escribes tanto!

Empiezo por el final, porque si no nunca empiezo: éste, estupendo.

Un abrazo. Y sigo...

Diarios de Rayuela dijo...

Ando como Porto, intentando seguirte el ritmo. Me ha llamado la atención en esta última entrada lo de la "castellana exposición". Mi familia es de un pueblecito fronterizo con Galicia. Los parientes que aún viven por allí hablan gallego (aunque aquí han convenido en llamarlo "fala"). Mi mujer, en cambio, es castellana. Así que las primeras veces que fue por el pueblo de mis ancestros se producía un fenómeno de bilingüismo cortés muy curioso: se hacía una divertida traducción simultánea para la forastera. No creo que hubiera en aquello, ni supongo que tampoco en la traducción castellana del vecino de Portonovo -donde pasé por cierto con muy buen recuerdo mis vacaciones de verano hace tres o cuatro años- vergüenza de lo propio, sino deferencia hacia los otros, empatía lingüística, que es una sabia manera de emmpezar a ponerse en el pellejo ajeno.
Lo grave, me temo, es lo de quienes emulan a la Belén Esteban (me ha costado acordarme del nombre).
Un abrazo y felicidades por las crónicas electorales.

M. dijo...

Portorosa, qué sentido de la lealtad. Te honra!! Gracias por tus comentarios. Un abrazo a ti y a todos.

(Pasaros, como dice Mabalot, a sacar vuestro ticket de pertenencia a la Generación de 2007)

erasmo dijo...

Comienza la regeneración política en Francia. El primer ministro, Francoise Fillon, ha dicho que si alguno de sus ministros no sale elegido en las próximas elecciones legislativas (que se celebran en junio)ya se puede despedir del gobierno. Él también se aplica el cuento. Su teoría: si los miembros del gobierno no son elegidos por el pueblo, no merecen representarlo. Claro, pero es que en Francia los electores eligen candidatos directos, a dos vueltas, y las listas de los partidos no son cerradas. Viva la competencia. Igualito, igualito que aquí.

Saludos, E.

PD: estimado Jabois, le veo a usted últimamente muy nervioso. ¿Qué será, será...? Ya le queda a usted muy poco para pasar el Rubicón y que pueda decir, como César, alea jacta est.