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martes, febrero 3

Atilano

En una de las escenas más oscuras de De bares (Matriuska, 2006), la primera película de Mario Iglesias, un joven noblote y acongojado entra en el reservado de una tasca de mala vida a buscar una papelina de caballo mientras O Coxo juega la partida con sus amigos. «Pero ti quen carallo es», se encara el camello con el pipiolo. Ahí estaba el rostro baqueteado de Atilano Franco emergiendo salvaje como un tiburón que tira mar adentro arrastrando con él redes y arpones. Guardó años cama por una pierna destrozada sin rótula y varios centímetros de menos, atravesada por un hierro rígido de arriba a abajo: estuvo embarcado, cavó cunetas y llegó al cine desatado y feliz. Cuenta todo esto Mario Iglesias en el obituario extraordinario de quien conoce la textura del oficio y los pliegues de la vida. «Era pura naturalidad: toda la fuerza arrolladora de su personalidad estaba intacta jugando al rol del tipo duro», dice Iglesias de aquel papel. Los presentó El Yeti en la Verdura, el tipo alto y desgarbado que apareció hace dos años cadáver en casa y al que despidieron con aplausos en un entierro soberano, y juntos trabajaron en dos películas más. A Atilano Franco, actor de Marín, le tumbó ayer un cáncer violento: deja una trama intensa de afectos, algunos recogidos por amigos queridos, y una carrera segada cuando ya crecía, imparable, al horizonte que él eligiera.

3 comentarios:

vane dijo...

No tengo palabras, Manuel...

angela dijo...

Entró Nacho Abia en mi despachito a saludar como cualquier otro día que coincidimos dando clase. Y lo primero que me dijo es que Atilano habia muerto...esta conversación acaba de ocurrir hace escasamente una dos horas. Manuel, lo primero que le dije a Nacho es que ojalá Daniel te comentara esto y que por favor le escribieses; y faltó tiempo para leerte. Eres fantástico.
Y me parece realmente maravilloso que dieses aquí cabida a Mario, hombre de no muchas palabras pero peliculas, para mi, excepcionales, y dejases que él contase las cosas a su manera, con tanto amor como siempre.
Nunca hablé con Atilano, me imponía muchisimo y a la vez me enternecía como ningún otro personaje. Nadie encaja también en el naturalismo de Mario como Atilano,siempre enorme, siempre; rudo y dulce, determinante y dubitativo, implacable y misericordioso..Y Mario lo supo ver muy bien y aplicarlo con maestria como lo hizo en Cartas Italianas, presentando a ese Atilano como metáfora del ser humano, con toda su debilidad e insignificancia y con toda su fuerza y grandeza.
Recuerdo que en el estreno de De Bares en Vigo, al finalizar felicité a Mario y él estaba a su lado y no fuí capaz de decirle todo lo maravilloso que me parecian sus interpretaciones y me hubiese gustado muchisimo...que alucinante en Cartas Italianas, como lloré por él, por su personaje. Que Rabia cuando no pronunciamos estas cosas y despues se van!
Estoy convencida que todo Artefacto y todo Matriuska, y sobre tú Mario, estareis muy tristes. Desde aqui todo mi cariño, sabeis que soy una incondicional de todo ese grupo maravilloso que hoy despide a uno de los vuestros. Animo! Nos vemos muy pronto!

(Manuel, millón de gracias)

M. dijo...

Gracias, Vane; lo siento mucho. Abrazo fuerte.