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viernes, marzo 13

Cómo sobrevivir al 'chorreo de Anfield'


Sólo vi la primera parte del Liverpool-Madrid en lo que ya es conocido como ‘el chorreo de Anfield’ (algún día habrá que saber, con rigor científico, por qué los patanes más ilustres de España sueñan con ser presidentes del Madrid y -esto es lo mejor- lo consiguen). Vi sólo eso porque mi tolerancia al dolor es poca y porque ya tiene uno desgracias suficientes en la vida. A mí me gusta el fútbol cuando el Madrid gana y el Barcelona pierde: son vicios muy simples. Por placer hago cosas irreproducibles, pero no veo partidos de fútbol en los que no me importa el resultado. El fútbol es resultado y el resultado es pasión. No hagan caso ustedes, irreprochables merengues, a esos orates histéricos que proclaman en los periódicos la venida del Hijo de Dios en cada partido en el Nou Camp bajo ese juego gominola de fascinación cuchi cuchi. Miren la cuenta a final de temporada (y mírenla de paso, ya que están, en las dos últimas, que es muy divertida).

En este estado de podredumbre blanca, entre los escombros de la ruina que precipitó la caída del Florentinato y el humo del pestiño que dejó el Calderongate, hay que apagar el televisor y dedicarse al bendito arte del cultivo de plantas: menesterosa ocupación a la que dedicó el tiempo Felipe González al dejar La Moncloa y Alfonso Armada al fracasar el Golpe. Se me dirá que en las dos últimas temporadas el Madrid ganó la Liga, pero el Madrid es lo que es no por las Ligas, que las ganamos con la sexta plantilla de España, una con Emerson y otra con Marcelo de titulares inamovibles y jugando al fútbol como lo debieron jugar los primeros ingleses en el siglo XIX, sino por Europa: allá donde cosió su leyenda y donde ejerce la jerarquía, aun en su limpia decadencia, del equipo glorioso que de doces finales ganó nueve. Ahora toca bajar la cabeza: son mejores (como hace dos años) y desprenden charm.

¿Cómo sobrevivir? La madrugada que siguió al ‘chorreo de Anfield’ (qué habremos hecho los madridistas para merecer a los tontos más logrados de España) la ocupó uno en Youtube repasando vídeos de las gestas del Barça. Me quedé en Sevilla 1986. Nunca supe qué había pasado en aquel partido contra el Steaua, salvo que Schuster se piró del estadio tras ser sustituido y escuchó los penaltis en taxi. No me extraña que fuese eso lo que se le filtró a la Historia: ¡no metieron ni uno! 180 minutos y cuatro penaltis, ¡y no metieron un solo gol! No estaba Schuster en ese taxi escuchando la retransmisión: ¡estaba toda la plantilla!

El héroe fue Helmut Duckadam, portero bigotón del Steaua. Fue figura nacional indiscutible y un semidiós hasta que Mendoza (a ver si alguien me explica por qué el destino irreparable de esta gente es la Presidencia del Madrid) alargó su siniestra sombra. Tan agradecido estaba a Duckadam que le regaló un Mercedes, coche que en la Rumanía comunista lo debía usar sólo Ceacescu. Se lo reclamó el régimen para el hijo del dictador: el portero se negó y la policía secreta le partió con un martillo los diez dedos de las manos.

20 comentarios:

SPQR dijo...

Jejeje. Hay días nublados.

La fascinación cuchi cuchi no funciona, amigo.

M. dijo...

Recordará usted que ese 5-0 provocó una respuesta muy fea un año después, ¿verdad? Por eso este año, pudiendo haberles metido ocho, prefirieron dejarlo en dos. No fuera a ser el cuento :)

Jordi Santamaria dijo...

Qué triste existencia la tuya.

No se puede ser más ridículo que querer meter miedo antes de ir a Anfield y salir vapuleado, de ser tan mediocres e ir de campeones.
De ser el sinónimo clavado de ramplón en cuanto a juego y estilo, y aspirar a ganar esta liga, frente al mejor equipo rival de su historia.

El fútbol es resultado para ti, cenizo, que eres capaz de cambiar tu estado de ánimo en función del fútbol, pequeño ser emocionado.
Yo soy del Barça, del Madrid, o del Celta, dependiendo de lo que me hacen disfrutar o no, y me alegro cuando el equipo de mi ciudad, FC Barcelona, tira ligas o trofeos porque son unos patanes y no se lo merecen.

Qué tal si aplicamos un poco de racionalidad cerdete

M. dijo...

Por qué me tocarán a mí todos los putos psicópatas...

M. dijo...

Benquerido SPQR, escuso dicirlle que non vai por vostede :)

claudia, fan de Crackovia dijo...

Jo. Tener que remontarse a Sevilla 86 para justificar el chorreo del Liverpool es muy bajo, M. Aix, aix... A mí me gusta el fútbol cuando el Barça gana y el Madrid pierde, o sea, como ahora :D Lalalala :)

M. dijo...

Cla, lo del Madrid nunca tuvo justificación. Yo me echo al Youtube y a la nostalgia como otros se echan a la botella: con furia amnésica! :)

Anxo dijo...

Yo para el año pediría un poco de paciencia para poder montar un equipo a largo plazo... y a Kaká. Hoy en As dicen que los tapados de Floren son X.Alonso y Gerrard, ya estamos con lo de siempre. A quien hay que fichar es a la aficción del Liverpool, ¡que envidia carallo!

SPQR dijo...

Ben está, M. Ben está. Anda un estes meses en deflación anímica (Anfield foi un repunte técnico), e xa só me faltaba que me chamases psicópata para dar o pequeno paso e, converterme nun :)

Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol.

Eduardo Sacheri

Dinintel dijo...

No pasa nada, el Madrid en Europa ya había experimentado chorreos otras veces, acordémonos del Milán (http://www.youtube.com/watch?v=xjp97VJGx-c). Tantas gomas de borrar, de las blanquitas, aprovechando el Milán que traían de serie para recordar la afrenta con un "...5 Real Madrid 0"

Al menos lo del Barça, unos años después, fue en plena final, donde hay que morir matando...

Mercutio dijo...

¿Cómo sobrevivir al 'chorreo de Anfield', dice Vd.? Pues esperando un ratito, hombre; ni que fuéramos del dépor.
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Jordi Santamaria dice que el Barcelona 'tira ligas o trofeos' por no sé qué ontologías.

Ce pluriel est bien singulier: el único trofeo que ha 'tirado' el Barça en toda su historia -siendo muy generosos con el verbo- fue una Copa del Rey, la de 2000, en la que no se presentó a jugar la vuelta de su semifinal; el resto de los trofeos y ligas que no tiene, simplemente los perdió. Nos pasa a todos, aunque con diferente frecuencia.

M. dijo...

Me permito, aprovechando su presencia, colgar aquí la memorable crónica que el señor de ahí arriba, Mercutio, escribió hace dos días en el Nickjournal. Disfrútenla. Un abrazo, meu!

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Una máquina inconsciente ejecutó ayer en Anfield un partido perfecto. Tuvo la precisión de una coreografía ensayada, algo que parecía reservado al baloncesto, el ballet, los relevos cuatro por cien. La natación sincronizada. Su imposible continuidad desde el primer instante hasta el último, una textura de sólido platónico, ajeno a los átomos y el vacío, nos regaló además un espectáculo muy distinto a todo el fútbol anterior a las nueve menos cuarto, cuyo mayor encanto -creíamos- era que la duda y el error desfallecieran esos cinco segundos mágicos por los que se colaban una genialidad ocasional, una chispa y una alegría colectiva, grandiosas en tanto sorprendentes.

De alguna manera misteriosa, los reds se dejaron el neocórtex en el vestuario y saltaron al campo movidos exclusivamente por la sabiduría evolutiva y despiadada del cerebro reptiliano y las instrucciones cuidadosamente interiorizadas por el sistema límbico. Así, con la certeza de un hormiguero -que los meros humanos juzgamos indescifrable e infalible-, guiados por la telepatía en la que no creíamos (o las feromonas que todavía leemos con el dedo en el papel, trabados como párvulos), once artistas segregaron sudor, precisión, voluntad y clase durante hora y media dirigidos por una mano invisible que ríete tú de la de Adam Smith, con la que está cayendo.

No recuerdo otro partido que no exigiera la aportación de los dos equipos para admitir la calificación de grandioso. Hasta ayer parecía imprescindible la igualdad, siquiera la oposición; y no era cierto. Futbolistas como Zidane o Laudrup permiten cada diez o quince años imaginar un fútbol sin porterías tan grato como el convencional. Ayer supimos que también caben el placer y la admiración cuando el rival no existe, pues ya ha sido devorado en los seis primeros minutos y lo que queda es contemplar una inexplicablemente bella digestión. Como los engañosos fotogramas del cine, la sucesión ininterrumpida de instantes abolió lo instantáneo para encontrar y mostrar una diferencia cualitativa, una emergencia que fue mucho más que la suma de las partes. Quienes mencionaban el fútbol total, profetas voluntariosos del oleaje incansable como un castigo divino que ayer, por primera vez, pudimos disfrutar en toda su plenitud, hablaban de esto sin saberlo.

Es posible que yo sea un madridista extravagante. Leo por todas partes tres palabras idiotas: 'vergüenza', 'ridículo' y 'humillación'. El partido de ayer no fue vergonzoso, ridículo ni humillante. Fue un monumento al fútbol de noventa y tres minutos en el que el Liverpool hizo realidad lo que cualquier entrenador sueña desde que se inventara este deporte. Frente al increíble espectáculo, fijar la atención en la propia incapacidad es miope y miserable; hablar del demérito madridista, siquiera un momento, obvia su motivo: la valía ajena. Indiscutible. Absoluta. Si no pudimos fue por que no pudimos poder.

No lloremos, merengues. Nuestra presencia fue tan accesoria como imprescindible. El doctor Tulp y sus alumnos requirieron del cadáver de un ajusticiado para componer la Lección de anatomía; Rembrandt pudo soslayar con su sola gloria el anonimato del cooperador necesario. El Liverpool, tan cirujano como pintor, mereció el cuerpo incorrupto del Real Madrid para que el paso del tiempo y YouTube nunca olviden la maravilla, el largo sueño. Esa clase magistral hubiera sido injustamente inferior en el recuerdo y en la leyenda de un grande de Europa si se hubiera llevado a cabo aplastando al Sporting de Lisboa o al Galatasaray, pasando meramente a la final de la Carling Cup, diseccionando un gato. Que el estruendo del gigante derrumbado que ahora somos nos sirva para despertar, y volver. Pero nunca lamentemos haber estado allí: se lo ganaron. No en la grandeza del Liverpool, que es sólo suya, pero sí en las veces que lo contemos a nuestros hijos, en el recuerdo que mantendré mientras viva, reside la diminuta parte de gloria que nos pueda corresponder. Fue el Real Madrid el abatido, caza mayor.

Ante el genuino Roskopf que puso en hora Benítez y al que dieron cuerda un enorme delantero, Torres, y tres todocampistas de otra época, Gerrard, Mascherano y Xabi Alonso, deberían borrarse de internet y destruirse en las hemerotecas todos los miles de veces que la prensa había recurrido en el pasado, y en vano, a esa misma metáfora del mecanismo de relojería. Han sonado las Anfield en punto. Pongámonos de pie: es la hora de aplaudir.

Miguel Baquero dijo...

ANFIELD ROAD, NEVER MORE.
O si lo prefieres ANFIELD ROAD, NUNCA MAIS

De un madridista atribulado como tú

Julio Torres dijo...

Amigo Manolo, sinto diferir contigo nunha soa cousa: como bo barcelonista, a min gústame que o Barcelona gane sempre e que o Madrid, por contra, perda. Non nos enganemos é lóxico que un do Madrid desexe que perda o Barcelona e un do Barcelona desexe que perda o Madrid. O que diga o contrario é cínico.

As rivalidades deportivas son so iso, rivalidades deportivas. O que non implica ser forofos de nadie. Teño moit@s amig@s do Madrid, e o bo de todo iso é vacilarnos: un día tócalle a un bando e outro a outro. Se non fose así sería todo moi aburrido. Unhas veces toca ganar e outras perder, pero a todos.


Un saúdo, amigo, desde Sanxenxo
Carpe Diem

Julio Torres dijo...

Coidado, o de cínico non vai por ti, e que estaba relendo o que acabei de escribir. Todo o contrario. Un cínico diría que desexaba que ganasen Madrid e Barcelona sendo el ou ela dun dos equipos.

Por suposto, cando digo que non estou dacordo contigo e no de quen ten quen vencer (para min o Barcelona) e perder (o Madriz)

Un saúdo, amigo
Carpe Diem

P.D.: Nesta ocasión non vou facer leña do árbol caído, pero so digo que vos meteron un señor repaso. Nada máis.

Sísar dijo...

Todavía hoy siento indignación por la manera de saltar al campo del Madrid. NO entiendo que ha estado haciendo Juande durante estos casi tres meses si luego en el partido más crucial cada uno iba a su bola. Gago por la banda derecha, Marcelo de mediapunta, etc.

Una simple presión en el mediocampo con adelantamiento de líneas y el Madrid estaba sin recursos. La rajada de los jugadores es tremenda y prefiero no comentar su acojone en los minutos iniciales.

Leía la alineación que ganó en Manchester y no era mejor que este equipo: Iker Casillas-Michel Salgado-Iván Campo-Karanka- Roberto Carlos-McManaman (Julio Cesar, min. 90)-Redondo-Helguera- Savio (Geremi, min. 64)-Raúl y Morientes (Anelka, min. 73), pero había sentimiento de la camiseta probablemente producido por la presencia de jugadores que entienden lo que significa llevar la blanca.

Y tiemblo cuando oigo que Floren vuelve de la mano de Valdano. Haber que pasa en este largo desierto.

Un saludo

Anónimo dijo...

Hoy han vuelto a sonar las Anfield en punto;la víctima fué el Manchester .
Se nos pone cara de Niño .
SEito

Mercutio dijo...

Donmanuel (II), gracias por la deferencia.

Vaya ganas que tengo de tomarme unas cervezas contigo de una puta vez, me cago en el Polycommander. ¿Cuándo vienes a Oviedo?

M. dijo...

Gracitas por vuestros comentarios. Estoy de acuerdo con los de los madridistas y arrojo a la caldera del infierno a los culés irredentos, a los que invito a probar las técnicas aplicadas al amigo Alex de La Naranja Mecánica para que pudiese dejar con tanto éxito la violencia. Lo mismo, pero con el Barça, cuya influencia probablemente sea más destructora :))

PD: Perdonen el silencio (¡o agradézcanlo!). Vengo de pasar un fin de semana cerquita de la casa de Mercutio, pero un poco más abajo, donde la nieve.

PD2: Bueno, qué coño: vengo de hincharme a cervezas en el bar que hay debajo de la casa de Mercutio en Oviedo. Pero ni por levantarme a pulsar el telefonillo :)

Portorosa dijo...

Ya me dirá, M., cómo hace usted para hacer que el fútbol parezca un tema digno :)

Un abrazo.