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martes, septiembre 26

Se abrió la pastelería

A cada anuncio de un embarazo en la Casa Real (y en los últimos tiempos han sido innumerables: se ve que es una familia con posibles) le sucede un orgiástico acompañamiento mediático de reacciones merengadas que rozan, unas, lo cursi, y otras, lo patético. Ambas categorías alcanzó ayer Mariano Rajoy, cuando aseguró que el embarazo de Letizia Ortiz suponía “una gran alegría” para todos los españoles. Desconocemos las rápidas encuestas internas realizadas por el PP para confirmar tal aseveración, ni la España a la que se refiere Rajoy. A lo mejor habla de la España que vive en la Zarzuela: es una España mínima, pero enormemente representativa. Sin embargo, no ha sido Rajoy ni el PP quienes tienen la capacidad de sorprender al ciudadano en cuestiones monárquicas. Tampoco el PSOE con sus alegres felicitaciones. Ambos partidos no sólo han asimilado sino respaldado y alumbrado este modelo de Estado según el cual hay una familia por encima del resto, y quien nazca en ella tendrá la oportunidad de reinar en Palacio o en los negocios, depende de a lo que se dedique, y siempre chupando a discreción de la generosa teta del Estado.
No no han sido ellos, sino Izquierda Unida quien ha vuelto a dar la nota surreal, como suele ser habitual cuando de la Casa Irreal se trata. Sacó un rápido comunicado (¡el primero!) la coalición política para felicitar a la pareja como “felicitaría a cualquier pareja joven que espera un hijo”, algo que es, además de una bobada, una mentira, porque Izquierda Unida no suele felicitar a las parejas jóvenes que esperan un hijo, no digamos ya hacerlo público a toda costa en los periódicos. Lo que ocurre es que en España la subordinación hacia la Casa Real implica un pecado original según el cual no todas las familias son iguales, ni siquiera para los comunistas, que han preferido hacer el ridículo por partida doble: felicitando a una princesa por su embarazo y, acto seguido, justificándolo de forma rastrera ante su estupefacta militancia.

Lo único que me produce a mí este tipo de noticias es una suerte de indiferencia teñida de preocupación. Cuanto más sean, y se multiplican con generosidad, más extendida será la red servil que los atienda y más aún el empacho millonario que su apellido provoque. No, no nos llena de alegría a todos los españoles el embarazo de Letizia Ortiz Rocasolano. Tampoco entendemos algunos marginados que una mujer normal, supuestamente progresista, que presume de codearse con Sabina (pero aún: presume Sabina de codearse con ella) adquiera una serie de derechos (poca cosa: reinar sobre un pueblo) por el simple hecho de contraer matrimonio con otro que ha adquirido ese derecho por el simple hecho de ser hijo de quien es. A pesar de los ‘sms’ de la Casa Real, a pesar de que ya no haya un gran lago separando el castillo de las murallas, y ni siquiera un puente levadizo por el que acceder a Palacio..., a pesar de que ahora los dragones luzcan engominados y vistan de Karl Lagerfeld, la esencia de todo este tinglado es puramente medieval. Una historia de miedo. De miedo de salir corriendo.
Diario de Pontevedra, 26-09-06

2 comentarios:

Øttinger dijo...

Efctivamente, para salir corriendo.

montse dijo...

Me gustó mucho tu artículo, y desde hace mucho tengo ganas de saber cuantos opinan como yo que el rey,y toda su familia y demás satélites sobran. Me gustaría verlos con un sueldo normal y viviendo de un trabajo.